lunes, 24 de agosto de 2015

Quinceañeras casadas y atraso rural

Publicado en El Espectador, Agosto 27 de 2015








REFERENCIAS


EWN (2015) “Bolivia: Adolescente embarazada fue obligada a casarse con su violador Enlaweb.net, Julio 6.  

Hartman, Mary (2004). The Household and the Making of History. A Subversive View of the Western Past. Cambridge University Press


Hymowitz, Kay et.al (2013). "Knot Yet. The Benefits and Costs of Delayed Marriage in America". The Family Watch, Versión digital

(Agradezco este link a "Germinacion", comentarista de la columna)

Parker, Stephanie (2015). "Friends help eighth-grade Syrian girl escape arranged marriage to 22-year-old man". Women in the World, June 15


Rubio, Mauricio (2006). "De la moralidad militar y episcopal en la colonia al desempeño económico contemporáneo. ¿Qué pudo pasar?". Revista de Economía Institucional, 2006, vol. 8, Nº 14, pp. 289-297

______ (2013). "Las 'auyamas' y el 'apecho' de los esmeralderos". El Malpensante, Septiembre, Nº 145


______(2014) "Fotografías, Corte Constitucional y menores indígenas". El Espectador, Feb 19 

______(2015). "¿Cuál es el afán? Aguantemos un poco". EL Espectador, Jun 18



ESTIMACIONES

Para las estimaciones del impacto de la edad de la primera unión sobre la violencia de pareja se utilizó la ENDS 2010 . El estimativo de 6-7% de reducción en el riesgo de ser golpeada es bastante robusto. Se mantiene después de controlar por la edad y el nivel educativo. No cambia si se consideran las cohortes de mujeres por edades separadamente. Su magnitud es similar tanto para haber sido golpeada “alguna vez” como el “último año”. 


















golpeAVG : si ha sido amenazada o atacada alguna con un cuchillo o un arma
edad1u       : edad a la que se casó o unió por primera vez
edad           : en años cumplidos
educación  : nivel educativo, ninguno, primaria, secundaria o superior

sábado, 15 de agosto de 2015

"Denuncias puntuales" sobre abusos a niñas indígenas

Publicado en El Espectador, Agosto 20 de 2015





REFERENCIAS

Mejía, Ángela y Jineth Bedoya (2015). “La justicia que no llega para niñas indígenas violadas”. El Tiempo, Agosto 9

NC (2015) "Abusos sexuales, prostitución, drogadicción: ¿es suficiente la justicia indígena?" Noticias Caracol - Séptimo Día, Julio 26



Rodríguez, César (2015). "Los indígenas de Séptimo Día". El Espectador, Agosto 13

Wasserman, Moisés (2015). "Actualizar lo ancestral". El Tiempo, Agosto 6


viernes, 7 de agosto de 2015

Matrimonio, lavado de calzoncillos y cuernos

Publicado en El Espectador, Agosto 13 de 2015






Caricatura traducida de Dubuisson y Perrolet. 
Hasta el debate sobre el lavado de calzoncillos fue importado. 


Cuando el matrimonio parecía insalvable, hubo en la prensa colombiana unas reflexiones íntimas y agudas sobre sus problemas. 


"Es fatal, quedó mal inventado… Por fortuna, el hombre que quiero y que comparte la filosofía del 'mejor juntos pero no revueltos', lava -mejor dicho, le lavan- los calzoncillos en su propia casa", escribía María Elvira Samper. "Veo hombres que no saben llorar.. hombres incapaces de lavar un calzoncillo” anotaba Florence Thomas. "Ya puede hablarse de una generación de mujeres que les temen a los compromisos profundos; con ellas no es eso de casarse.. y lavarle los calzoncillos a un señor, a cambio de un programado polvo semanal", remataba Esther Balac. 


El meollo de la tragedia era un trueque injusto: ellas los lavan y ellas lo dan; doble jornada con esclavitud sexual. El mensaje implícito era que comprometerse con alguien no vale unos calzoncillos sucios. Para ensalzar la soltería, se recurrió al testimonio de una misteriosa ejecutiva japonesa que rechazaba a todos sus pretendientes. No soportaba la idea de lavar calzoncillos y tener sexo con ellos para siempre. “El matrimonio se va convirtiendo en una jaula. Por eso odio todos su rituales, sus grillos y sus cadenas”, concluía una de las disertaciones con una contundencia que hoy sonaría ruda y excluyente con las casadas y los casados. 


Cuando el amor conyugal volvió a ponerse intensamente de moda, a su promoción acudió la misma vanguardia intelectual que lo consideraba asfixiante y que, acostumbrada a elucubrar sin abordar los verdaderos dilemas, recibió en silencio la reciente sentencia del Consejo de Estado que asimila la infidelidad a una forma de maltrato. La novedosa doctrina, formulada a raíz del asesinato de una mujer por su esposo policía, hizo evidente la falta de sustancia de un debate sobre el matrimonio despreocupado por los cuernos. 


Lo bueno del fallo es que pone el foco sobre la principal causa de separaciones y violencia de pareja en el país. Ya no será fácil descalificar las críticas a una vida sexual que haga caso omiso del estado civil. La sentencia es positiva porque una instancia no religiosa contribuye al desprestigio de la infidelidad, resaltando la dimensión más dañina del machismo sin preocuparse por quien lava la ropa íntima.


Lo malo de la decisión es que está basada en un mal diagnóstico: da por descontado que los cuernos son una conducta que se enseña, de manera desigual, a hombres y mujeres. Con supuestos flojos, y sin una discusión previa informada, la jurisprudencia será un saludo a la bandera. No tiene dientes, ni podrá tenerlos. ¿En qué momento las infidelidades dejarán de ser asunto privado? ¿Quién y dónde las denunciará? ¿Cuáles serán sancionadas? ¿Será más grave el maltrato con muchas prepagos o con una querida? No es por descuido que los países no gobernados por fanáticos religiosos renunciaron a combatir el adulterio. 


Sorprende por su ingenuidad la recomendación general de la sentencia: el Estado debe empeñarse en generar un cambio cultural para civilizar a los machos, o sea emprender a las carreras, sin la más remota sugerencia de prioridades, lo que unas pocas sociedades tardaron siglos en lograr, con la ayuda de una institución hoy desacreditada.  


No es fácil racionalizar que el fallo responsabilice a la Policía Nacional más allá de no haber denunciado la violencia que sufría la mujer asesinada, exigiendo que la institución garantice una conducta intachable de sus miembros. ¿Qué deberá hacer un comandante de policía al enterarse que un subordinado casado es mujeriego? ¿Y si la infiel es la esposa? ¿Una empresa de seguridad privada también deberá responder por los ataques contra la pareja de sus empleados? En este caso fallaron todas las instancias. La justicia no penalizó unos ataques que sí son de interés público, y están tipificados como delito. No funcionó la crianza, ni la educación, ni la presión social, ni el autocontrol, que no dependen de un empleador. Hasta la vulnerabilidad económica de la esposa ante un maltratador fue irrelevante para una organización que traslada familias como si fueran un ente subordinado y que, sin meterse en la vida privada, podría preocuparse por apoyar la capacitación y vinculación laboral de las mujeres.  


Lo feo de la sentencia es el riesgo de que la adopten como estandarte instituciones que no requieren mucha cuerda para inmiscuirse en asuntos de alcoba. Con el fundamentalismo latente, y la evidencia de que la infidelidad es desequilibrada y dañina, el fallo recuerda que es indispensable un debate serio, pragmático y laico sobre matrimonio y sexualidad. 


REFERENCIAS

Balac, Esther (2009). “La excitante cama prohibida”. El Tiempo, Octubre 19

Colprensa (2105) "La infidelidad es considerada como maltrato en Colombia". El Colombiano, Julio 30

Dubuisson, Marc y  Pauline Perrolet  (2010). Le Sexe Fort est en Péril. Paris: Hachette


ET (1996). “Las Japonesas Rompen la Tradición”. El Tiempo, Diciembre 8

Forero, Andrea (2015). "En Colombia, la infidelidad es una forma de maltrato". El Tiempo, Julio 30

Rubio, Mauricio (2015). “Zángano o mujeriego, ¿quién es más macho?”. El Espectador, Julio 15

____ (2015). "Crimen pasional o sexista". El Espectador, Marzo 11

____ (2014). "Violencia machista, violencia política y reconciliación". El Espectador, Octubre 8

____ (2012) “Las raíces profundas de la violencia contra las mujeres”. La Silla Vacía, Abril 4


____ (2012) “Si no eres mía no serás de nadie”. La Silla Vacía, Marzo 6


____ (2011) “La infidelidad en Colombia golpea más a las mujeres”. La Silla Vacía,  Oct 11

Samper, María Elvira (2010). “Mi Problema con el Matrimonio”. SoHo


Thomas, Florence (2000). "Los Hombres". El Tiempo, Octubre 11

martes, 4 de agosto de 2015

La confusión notarial con la cédula trans

Publicado en El Espectador, Agosto 6 de 2015








Un vocero de los notarios vaticinó que con la posibilidad de elegir M o F en la cédula, “una persona podría abusar del derecho y cambiarse el sexo”. 


Mostrando su desconocimiento de las minorías sexuales, el letrado teme que esta facultad se convierta en atajo para el matrimonio gay. No es el único despistado. La Superintendencia de Notariado sugirió negarles el matrimonio a quienes hagan el cambio; al divulgar el Decreto 1227, los medios anotaron que favorecía a homosexuales y transexuales cuando no lo hará con todos ellos. Incluso el Minjusticia que tiene las ideas claras olvidó que señalar que también se beneficiarán las personas intersexuales: con toda una gama de genitales atípicos, algunas operadas al nacer, a veces declaradas del otro sexo y registradas así oficialmente, sin su autorización ni conocimiento. El caso extremo, conocido antes como hermafroditismo, es bien raro, pero Alice Dreger, historiadora especialista en abusos médicos a intersexuales, estima que alcanzan a ser una de cada 300 personas.


Quedó certificado notarialmente el lío para entender al colectivo LGBT, enredo al que ha contribuído el activismo. Michael Bailey, psicólogo especialista en trans de hombre a mujer nunca aceptó la explicación, contraria a la evidencia, que impuso la militancia. Tras años de entrevistar y observar esta minoría, a la que apoyó con certificados para cambios de sexo, Bailey relanzó una teoría basada en el deseo, definiendo dos tipos de trans. Por un lado quienes desde pequeños son afeminados, prefieren juegos y vestidos de niñas, se sienten inequívocamente atraídos por hombres y tienen, según él, oportunidades sexuales limitadas: los heteros los rechazan y muchos gays, atraídos por la masculinidad, tampoco les paran bolas. Muy femeninas, parecen mujeres con sólo travestirse. Con hormonas y cirugías terminan atrayendo a muchos hombres. Bailey menciona a Juanita, extremadamente atractiva, con una sexualidad (masculina) desbordada incluso, o sobre todo, con desconocidos. Estas personas, anota el investigador, “se adaptan especialmente bien a la prostitución”.


Otros trans no necesariamente son gays, ni afeminados durante la niñez. Juegan con carros o pistolas, hacen mucho deporte y eligen oficios típicamente masculinos. Los atraen exclusiva o primordialmente las mujeres, se casan y tienen hijos pero, en algún momento, sienten un fuerte impulso por cambiar. Bailey plantea que esa decisión también depende del deseo sexual: la idea de ser mujer les resulta excitante. Resume así su teoría: “quienes aman a los hombres se vuelven mujeres para atraerlos. Quienes aman a las mujeres se convierten en la que aman”. 


A pesar de su conocimiento, experiencia y respaldo a esta minoría, tres influyentes académicas trans decidieron rechazar, acosar y linchar virtualmente a Bailey. Ignorando que antes habían hecho pública su transición -cargada de erotismo, desde el travestismo ocasional hasta el cambio de sexo- no aceptaron discrepancias con el guión político de una identidad femenina atrapada en un cuerpo de hombre. La consigna militante, anota Alice Dreger, es erradicar el sexo del debate, como los gays que “desexualizaron la homosexualidad buscando el matrimonio igualitario”. 


Las activistas trans atacando a Bailey encarnan la perniciosa supeditación del conocimiento a la política, y los notarios colombianos ilustran las secuelas de esa seudociencia estalinista: ignorancia, incomprensión y desconfianza. El enredo conceptual que ha armado el activismo LGBT forzando la agrupación de minorías sexuales tan disímiles es monumental. Ni siquiera lo que ya debería darse por descontado y disminuiría la homofobia -que los gays nacen y no se hacen- está claro en el pastiche militante que sacrifica evidencia y congruencia con tal de no herir susceptibilidades igualitarias ni contrariar alianzas ideológicas mencionando la biología o las predisposiciones innatas.


El temor de los notarios no tiene asidero: gays y lesbianas buscan casarse de frente, no con engaños. Pero poder alterar a voluntad el “sexo” en la cédula tiene otros líos, como el servicio militar. En un país tan tramposo que en un banco le hacen a cualquiera -en persona, con identificación y huella dactilar al alcance- preguntas capciosas para verificar de quien se trata, esta observación no es transfobia. Resolver el problema puntual del cambio oportunista de género en los documentos para evadir el reclutamiento sin afectar los derechos de verdaderas trans o intersexuales, exige medidas concretas basadas en conocimiento pragmático y riguroso, como el de Bailey, con apoyo de esas minorías sexuales específicas. Lo demás es ruido, en especial los aspavientos de militantes que sólo toleran explicaciones incluyentes y correctas que acaban confundiendo al notariado, y a todo el mundo. 


REFERENCIAS

Dreger, Alice (2015). Galileo's Middle Finger. Heretics, Activists and the Search for Justice in Science. New York: Penguin Press 

Rubio, Mauricio (2014). "El misterioso encanto de las trans". El Malpensante Nº 156, Septiembre


Semana (2015). "Los transexuales cambian su cédula". Semana, Junio 13

Decreto 1227 de 2015

martes, 21 de julio de 2015

Vigilar más a las hijas que a los hijos

Publicado en El Espectador,  Julio 30 de 2015
Reproducción de la columna después de las gráficas










“Un viento misterioso apagaba las lámparas de la sala y Úrsula sorprendía a los novios besándose en la oscuridad… Terminó por no aceptar ninguna explicación y se sentó en un mecedor a vigilar la visita”. 

Como los Buendía, conocí familias en las que las hijas sin chaperona no podían recibir visita, o salir. Nunca supe de un hombre que le tocara soportar ese agravio, salvo como pretendiente. Suena increíble, pero más de la mitad de las universitarias bogotanas señalan que en la adolescencia todavía sufrieron diferencias importantes con los hombres en los “permisos para salir de la casa o las horas de llegada”. 

Sería apresurado atribuir ese machismo a padres posesivos. Son las madres quienes, como Úrsula, refuerzan la vigilancia de las hijas. Cuando la joven ha vivido con el padre, sólo o emparejado, hay menos desequilibrio.

Para regular la actividad de las jóvenes, la supervisión especial es no sólo incómoda para todos sino ineficaz: no afecta la edad de inicio sexual, ni el número de compañeros de cama; no disminuye la rumbeadera, ni el gusto por el cigarrillo, el trago o la marihuana. Tampoco tiene efecto perceptible sobre el desempeño académico. 

La excesiva custodia sobre las hijas sí se asocia con el acoso callejero, pero al revés. Las jóvenes más vigiladas que sus hermanos tienen mayores chances de sentirse hostigadas por fuera de casa: reportan más haber aguantado miradas incómodas o piropos en el último mes.

No todo ocurre en la imaginación de estas jóvenes sobre protegidas pues el riesgo de ser pellizcadas o manoseadas en la calle también es superior. Se puede especular que el excesivo celo en la casa produce cierta inseguridad de la joven en el espacio público que de alguna manera perciben los acosadores. En los testimonios que buscan combatir el acoso sexual callejero es palpable ese temor permanente, que sin duda se hace manifiesto en la calle. “Cada vez que salgo sola me estreso y me da tanta rabia porque recibo tanto acoso y solo quiero que se callen” lamenta una bogotana que necesita al novio a su lado para sentirse tranquila en la calle, y que tal vez tuvo menos libertad que sus hermanos. Hasta las promotoras de la penalización de tales conductas señalan ese handicap: “los violadores potenciales seleccionan a sus víctimas fijándose en aquellas mujeres que parecen vulnerables al ataque”. 

La asimilación de cualquier agravio al preámbulo de la catástrofe indica que hoy por hoy la custodia intensa sobre las hijas no busca sólo proteger su virginidad, como en Macondo. A ese tic machista se le debe sumar la obsesión feminista por la violación. "No hay manera de saber qué desconocido resultará ser un violador. Por lo tanto, cada vez que un hombre se dirige a una mujer en la calle, ella debe contemplar la posibilidad de que la puedan violar". ¿Qué se podía esperar de la paranoia promovida por esta sentencia de una jurista norteamericana hace tres décadas? Un elemento crucial del sometimiento de las mujeres por el patriarcado, advierten las agoreras, es meterles el miedo a la violación, que no es una conducta sexual sino un acto político de dominación. Para algunas mujeres, la profecía parece haberse cumplido, con ayuda y papaya del activismo. 

Lo peor es que, contra la violencia sexual extrema, cuidarlas más a ellas que a ellos también resulta inocuo: no altera los chances de ser violada en la calle por un extraño o en una salida por el novio o amigo. En Colombia, la violación por desconocidos viene frecuentemente como añadidura de otros crímenes, como los atracos. El pánico ante un ataque violento puede debilitar a la víctima hasta el punto de hacerla presa fácil de una violación. El cínico testimonio de un atracador violador al que la agredida abrazó del susto por un robo a mano armada ilustra la situación: “apenas le quité la plata que tenía, y como estaba tan asustada quiso estar conmigo, y bueno, no hay que desaprovechar la oportunidad”. La prevención de las violaciones por desconocidos en el país casi entraría dentro del problema global de inseguridad: no son machos haciendo política sino delincuentes sexualmente oportunistas. 

La recomendación para las Úrsulas, tanto chapadas a la antigua como seguidoras de doctrinas feministas gringas, es simple: dejen de joder a las hijas, no sirve para nada. Esta sugerencia y la información anterior se refieren a la sobredosis de restricciones que soportan las mujeres, no a la invaluable supervisión familiar durante la adolescencia. 


REFERENCIAS

Alvarez-Correa, Miguel y otros (2004). Cazadores de Vidas. El Asalto Sexual: Agresores e Instituciones. Bogotá: Procuraduría General de la Nación, Fiscalía General de la Nación.

Bowman, Cynthia Grant (1993) "Street Harassment and the Informal Ghettoization of Women". Harvard Law Review 517, January

EDG (2015) “Encuesta de Discriminación por Género”. Bogotá, Universidad Externado de Colombia

LA ENCUESTA

La encuesta EDG se realizó entre Mayo y Junio de 2015 con los estudiantes del curso de Análisis Económico del Derecho (AED), en la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Aquí se pueden ver los formularios –uno para mujeres y otro para hombres- que se colgaron en internet para que los diligenciaran, de manera privada y anónima, estudiantes del Externado y de otras universidades bogotanas. La encuesta la respondieron finalmente 497 mujeres y 337 hombres.

Para la elaboración del formulario de la encuesta, los estudiantes del curso de AED realizaron previamente una serie de entrevistas con las que se identificaron y definieron los incidentes que finalmente se incluyeron en el formulario.

El “link” a la encuesta se envió luego a las universidades en las que tengo algún contacto. Participaron en Bogotá, fuera del Externado, Los Andes, la Javeriana, el Rosario, la Tadeo y la Nacional.

El análisis de los resultados será publicado como Documento de Trabajo de la Facultad de Economía del Externado y utilizado como material de ese curso y como base para ejercicios similares posteriores.


Agradezco la participación en este proyecto de los siguientes estudiantes de Economía del Externado: Andrea García, Angelica Niño, Blayer Giraldo, Camila Camaño, Camila Parra, Carolina Ulloa, Daniel Ospina, Juan Pablo Monroy, Julio César Daly, Laura Delgado, Leonardo Quintana, Luisa Sarmiento, Manuel Caro, Manuela Acosta, Michael Rivera, Natalia Reina, Nicolás Mesa, Orlando Romero, Paula Martínez, Santiago Plata y Sebastián Moscoso.



También agradezco la colaboración en difundir el link a Ana María Ibañez, Juan Camilo Cárdenas, Javier Forero, Jaime Tenjo y Patricia Montañez.

domingo, 19 de julio de 2015

Exámenes orales, minifaldas y escotes


Publicado en El Espectador, Julio 23 de 2015
Columna después de las gráficas






REFERENCIAS


En los años noventa, cuando dictaba mi primer curso en una facultad de derecho, casi no reconozco a mis estudiantes el día del examen final. Con corbatas, maquillaje, joyas, minifaldas y escotes generosos, la metamorfosis era total.



Cuando pregunté a qué se debía el nuevo atuendo, dos entusiastas me respondieron que la elegancia hacía parte del protocolo de los exámenes orales. Socarronamente les anoté que de pronto la vaina no era por ahí.

En varias carreras hay exámenes orales y donde es común la práctica, el protocolo es elegante: los dos hábitos se refuerzan. Así lo revela la encuesta realizada hace unas semanas a universitarias en Bogotá. En las facultades protocolarias donde son tan usuales las pruebas no escritas como la minifalda y escote para presentarlas, es más frecuente que se hagan comentarios machistas en clase, que los profesores busquen relaciones con alumnas, que la encuestada haya recibido avances de algún doctor y que conozca personalmente parejas de docentes con estudiantes.

Siendo mayores de edad, la relación profesor alumna universitaria es normalmente consensual, aunque siempre sea pertinente la noción de “abuso de posición dominante”. Pero el asunto es aún más complicado: las discípulas a veces tienen su propia agenda. En las facultades protocolarias también es común la impresión que “algunas alumnas utilizan sus encantos para obtener buenas notas” respaldada con conocimiento personal de tales casos. El ambiente peculiar se extiende a actividades extra curriculares. Las estudiantes de esas facultades rumbean más, en grupos donde se bebe mucho trago. Las mismas encuestadas se emborrachan con mayor frecuencia y han tenido más parejas sexuales que las demás universitarias.

Hace unos meses, la Universidad de Harvard prohibió las relaciones afectivas y sexuales entre profesores y alumnas. “Los estudiantes vienen a la universidad a aprender de nosotros, no para que tengamos relaciones sexuales o románticas con ellos” dice la profesora de historia que redactó la restricción.

No convence el drástico intento de prevenir por decreto el acoso sexual en la universidad, cuya denuncia se debe incentivar pero que requiere consideración caso por caso. Es iluso tratar de impedir que “ciertos profesores utilicen su prestigio y popularidad” para dejarse admirar, o querer. Más cautelosa, la AAUP, una asociación norteamericana de docentes universitarios, recomienda garantizar que la evaluación de los estudiantes no dependa de las relaciones personales, pero su vocera considera que “no se debe echar todo el asunto a la oscuridad prohibiéndolo”. Los datos bogotanos sugieren que es precipitado generalizar sin matices el modelo profesor hostigador con alumna víctima, o incluso héroe intelectual con admiradora ingenua: las mismas estudiantes reconocen mujeres fatales entre sus compañeras.

El argumento de la historiadora de Harvard es falaz. Con la lógica de delimitación precisa de la actividad de una organización, vetando cualquier interferencia y erigiendo la productividad como valor absoluto, se podría justificar la prohibición de relaciones amorosas en cualquier entorno. En un episodio de Grey’s Anatomy, un jefe de departamento del hospital consideró que los romances estaban perjudicando la calidad del servicio y los prohibió. Furiosa, una de las afectadas por la medida señaló la insensatez de ignorar el mercado de parejas en el trabajo, que obviamente afecta el desempeño, pero que es fundamental y no tiene sustituto. "¿Dónde diablos pretenden que consiga novio o compañero sexual? ¿En la calle?". No le falta razón a la damnificada enervándose con una prohibición idealista, con diagnóstico ligero de soporte y sin dientes. Aunque una restricción como la de Harvard no hubiera afectado mi relación, debo aclarar que estoy casado con una ex alumna, y por eso mi visión puede estar sesgada.

Es más fácil proponerlo que hacerlo, pero lo que se debe extirpar, como sutilmente sugiere la AAUP, es el intercambio de notas por sexo, una forma velada de prostitución totalmente fuera de lugar donde debe primar que "ser pila paga”. También sería conveniente, como propuse hace más de veinte años, eliminar el folclórico ritual del cambio de pinta para los exámenes orales, tradición que se mantiene informalmente, para beneplácito de aviones y avionetas. Sería apresurado afirmar que el atuendo especial de exámenes causa tanto problema: es tal vez otro síntoma de un entorno peculiar. De todas maneras, corbatas, escotes, minifaldas y joyas no sólo distraen de cuestiones académicas sino que actúan como mecanismo de selección clasista, algo que en Colombia se debe combatir, no reforzar.

REFERENCIAS

EDG (2015) “Encuesta de Discriminación por Género”. Bogotá, Universidad Externado de Colombia

Lauerman, John (2015). “Harvard Tells Profs Not to Sleep With Undergrads”
. BloombergBusiness, Feb 5




LA ENCUESTA

La encuesta EDG se realizó entre Mayo y Junio de 2015 con los estudiantes del curso de Análisis Económico del Derecho (AED), en la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Aquí se pueden ver los formularios –uno para mujeres y otro para hombres- que se colgaron en internet para que los diligenciaran, de manera privada y anónima, estudiantes del Externado y de otras universidades bogotanas. La encuesta la respondieron finalmente 497 mujeres y 337 hombres.

Para la elaboración del formulario de la encuesta, los estudiantes del curso de AED realizaron previamente una serie de entrevistas con las que se identificaron y definieron los incidentes que finalmente se incluyeron en el formulario.

El “link” a la encuesta se envió luego a las universidades en las que tengo algún contacto. Participaron en Bogotá, fuera del Externado, Los Andes, la Javeriana, el Rosario, la Tadeo y la Nacional.

El análisis de los resultados será publicado como Documento de Trabajo de la Facultad de Economía del Externado y utilizado como material de ese curso y como base para ejercicios similares posteriores.


Agradezco la participación en este proyecto de los siguientes estudiantes de Economía del Externado: Andrea García, Angelica Niño, Blayer Giraldo, Camila Camaño, Camila Parra, Carolina Ulloa, Daniel Ospina, Juan Pablo Monroy, Julio César Daly, Laura Delgado, Leonardo Quintana, Luisa Sarmiento, Manuel Caro, Manuela Acosta, Michael Rivera, Natalia Reina, Nicolás Mesa, Orlando Romero, Paula Martínez, Santiago Plata y Sebastián Moscoso.


También agradezco la colaboración en difundir el link a Ana María Ibañez, Juan Camilo Cárdenas, Javier Forero, Jaime Tenjo y Patricia Montañez.

miércoles, 15 de julio de 2015

Zángano o mujeriego, ¿quién es más macho?

Publicado en El Espectador, Julio 16 de 2015
Reproducción de la columna después de las gráficas







                                      Ver al final la metodología para el cálculo del índice




Mi papá murió sin saber hacer un huevo frito pero nunca fue infiel. Tengo amigos muy hacendosos que no han parado de poner cuernos. ¿Cuál machismo es más pernicioso?

Si el criterio fuera minimizar el daño, desprestigiar la infidelidad debería ser prioritario. Los zánganos que no lavan, ni cocinan, ni cuidan niños, dan rabia pero nunca causan los estragos familiares de las aventuras extra maritales cuando se descubren. Más del 60% de las mujeres que se han separado en Colombia lo han hecho por motivo de infidelidad masculina; el “incumplimiento de deberes”, entre los cuales las labores hogareñas son seguramente un rubro menor, apenas alcanza el 18%. Muchas relaciones o matrimonios se rompen por un solo desliz. Sin embargo, un gran caballo de batalla contra el machismo es la repartición de tareas domésticas, mientras los cuernos han sido silenciados, a veces aceptados como conducta progresista.

Los feminicidios, la violencia de pareja, la tendencia a celar, encerrar y sabotearles estudio o trabajo a las mujeres tienen mucho más que ver con mantener la brecha en los privilegios sexuales, que con quien hace qué en la casa. 

Una encuesta reciente a universitarias bogotanas muestra la desproporción entre la infidelidad masculina y la femenina en la generación anterior. En sus familias el “nunca fue infiel” es un atributo más femenino (87%) que masculino (48%). Una de cada cinco estudiantes creció en un hogar con papá mujeriego y mamá que no puso los cuernos. Para sorpresa de cualquier darwinista, o jeque, en la muestra esta manifestación patriarcal es más común en el estrato bajo.

La infidelidad desequilibrada tiene varios efectos sobre las hijas. Multiplica por más de dos la probabilidad de sexualidad precoz. Las estudiantes que la vivieron también tienen más chances de ser muy bebedoras, y de estar extremadamente pendientes de su apariencia personal. Ahí cabrían especulaciones psicoanalíticas sin olvidar que estas son universitarias para quienes el machismo no afectó la educación. 

Además, se perciben huellas ideológicas y políticas: la infidelidad paternal se asocia con que la estudiante se defina totalmente de izquierda y esté muy vinculada a organizaciones feministas. Esta extraña relación admite al menos dos explicaciones. Uno, que la asimetría genera una reacción ante la injusticia que lleva a un deseo de cambiar el mundo militando o dos, si se supone que la orientación política se transmite entre generaciones, que el patrón de hombre mujeriego con mujer fiel es común en la izquierda. Hay ejemplos de ambos escenarios. Simone de Beauvoir tal vez no habría escrito El Segundo Sexo si como adolescente no hubiera sufrido la afición de su papá a las esposas de los amigos y luego a los burdeles. Los mujeriegos de izquierda con esposas amorosas que los aceptan dócilmente incluyen desde amigos mamertos y comandantes del M-19 hasta Dominique Strauss-Kahn, cuyos últimos escándalos podrían marcar el inicio de una era menos tolerante.

El desequilibrio de tareas en el hogar, muy común, tiene menos consecuencias. Con la misma encuesta a estudiantes, un indicador de ese machismo basado en variables como quien era responsable en la casa de la limpieza, el lavado, la cocina, el cuidado de niños o el manejo de cuentas no se asocia con la sexualidad precoz, ni el trago, ni otras conductas problemáticas. Con las ideas de izquierda no aparece ninguna relación, lo que sugiere que los papás que no mueven un dedo en la casa están repartidos en todo el espectro político. 

Contra las predicciones culturalistas, se observa una asociación positiva entre el machismo en las labores domésticas y la percepción que tienen las estudiantes sobre su inteligencia, capacidad de trabajo, desempeño académico y aún las notas en la universidad. Como lo ilustran muchos testimonios, desde Gisèle Hamini hasta Mafalda, una madre hogareña puede incentivar en sus hijas el deseo de estudiar y prepararse para evitar ese tipo de vida. La observación anterior no es una sugerencia para aplicar esa vacuna, pero sí para matizar la idea de condena ineludible y ajustar las prioridades, centrándose en los machismos con secuelas graves, como atentar contra la educación o el equilibrio emocional. Mientras el papá no viva de juerga gastándose las matrículas, con la fiel esposa esperándolo para calentarle la comida cuando llegue borracho, la repartición desequilibrada de tareas domésticas es un mal menor que tiene arreglo sin intervención externa. 


REFERENCIAS
Caricaturas adaptadas de:
Dubuisson, Marc y  Pauline Perrolet  (2010). Le Sexe Fort est en Péril. Paris: Hachette


EDG (2015) “Encuesta de Discriminación por Género”. Bogotá, Universidad Externado de Colombia

El dato del 60% de mujeres separadas motivo infidelidad masculina  y el 18% por "incumplimiento de deberes" se tomó de 
ENDS (2010). Encuesta Nacional de Demografía y Salud. Profamilia

Seymour- Jones, Carole (2008). A Dangerous Liaison.  London: Random House


LA ENCUESTA

La encuesta EDG se realizó entre Mayo y Junio de 2015 con los estudiantes del curso de Análisis Económico del Derecho (AED), en la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Aquí se pueden ver los formularios –uno para mujeres y otro para hombres- que se colgaron en internet para que los diligenciaran, de manera privada y anónima, estudiantes del Externado y de otras universidades bogotanas. La encuesta la respondieron finalmente 497 mujeres y 337 hombres.

Para la elaboración del formulario de la encuesta, los estudiantes del curso de AED realizaron previamente una serie de entrevistas con las que se identificaron y definieron los incidentes que finalmente se incluyeron en el formulario.

El “link” a la encuesta se envió luego a las universidades en las que tengo algún contacto. Participaron en Bogotá, fuera del Externado, Los Andes, la Javeriana, el Rosario, la Tadeo y la Nacional.

El análisis de los resultados será publicado como Documento de Trabajo de la Facultad de Economía del Externado y utilizado como material de ese curso y como base para ejercicios similares posteriores.


Agradezco la participación en este proyecto de los siguientes estudiantes de Economía del Externado: Andrea García, Angelica Niño, Blayer Giraldo, Camila Camaño, Camila Parra, Carolina Ulloa, Daniel Ospina, Juan Pablo Monroy, Julio César Daly, Laura Delgado, Leonardo Quintana, Luisa Sarmiento, Manuel Caro, Manuela Acosta, Michael Rivera, Natalia Reina, Nicolás Mesa, Orlando Romero, Paula Martínez, Santiago Plata y Sebastián Moscoso.

También agradezco la colaboración en difundir el link a Ana María Ibañez, Juan Camilo Cárdenas, Javier Forero, Jaime Tenjo y Patricia Montañez.



METODOLOGÍA PARA EL CÁLCULO 
DEL ÍNDICE DE MACHISMO

El índice de machismo de tareas domésticas es el primer componente principal , normalizado para que sus valores estén entre 0 y 10, de las siguientes variables de la encuesta EDG: 

4. Tareas y responsabilidades en la casa
Para cada una de las tareas califique, en una escala de 1 (ninguna) hasta 5 (total) cual era la responsabilidad de su mamá, o la figura femenina de su casa, para hacerla directamente, o supervisarla si hecha por alguien de fuera de la casa. (5 se considera muy machista en 41, 42, 44 y 46 y muy poco machista en 43 y 45)

41. Aseo, limpieza de la casa, lavado de ropa.

42. Cocina

43. Mantenimiento de vehículos. Arreglos de aparatos, electricidad o plomería. Obras y reformas

44. Manejo de los gastos corrientes (arriendo o cuota hipotecaria, servicios, mercado, matrículas...)

45. Decisiones de inversión (compra de carro, casa, acciones o participaciónes...)

46. Cuidado de los hijos, supervisión de tareas escolares