miércoles, 25 de enero de 2017

Mujeres sexualmente audaces

Publicado en El Espectador, Enero 26 de 2017








Nadie entiende por qué una profesora universitaria española de 40 años se enamoró de un colombiano de 20, “típico chungo y malote de barrio”, que acabó asesinándola.  


Mati y Nelson se conocieron cerca de Madrid. Ella era “culta, amante del buen vestir y muy cuidadosa de su aspecto físico”, y él un macarra, “con el típico look descuidado de pandillero". Mantuvieron una tormentosa relación por varios meses. Nelson la maltrataba, Mati lo denunció y obtuvo una orden de alejamiento. No era la primera vez que la justicia le impedía acercarse a una mujer. A pesar de los antecedentes, incumplieron la orden dictada para protegerla. En Noche Vieja se reunieron donde ella; estaban solos y nadie sabe por qué pelearon. Hacia las 10 pm, Nelson le asestó siete puñaladas y se entregó a la policía. Ella falleció a la madrugada en el Hospital. 


“Él no era trigo limpio”, dicen los amigos de Mati. Había acuchillado a un portero y en una pelea le abrió la cabeza de un botellazo a su contrincante. En dos años estuvo detenido doce veces por lesiones y amenazas, pero su verdadero prontuario fue como menor de edad. “Deja a mi hijo, no te conviene y te acabará maltratando” le había advertido a Mati su suegra. 


En su blog “Crónicas Bárbaras”, Manuel Molares do Val acusa al feminismo radical de que “pocos medios informativos se atrevan a recordar que hay mujeres que se entregan voluntariamente a hombres violentos sabiendo que pueden matarlas”. Para él, Mati estaba sexualmente enganchada a Nelson. “Mujeres así se convierten voluntariamente en esclavas sexuales de posibles asesinos. Los siguen por el placer físico que les proporcionan”. También critica al activismo por convertirlas en víctimas totales, sin ninguna responsabilidad sobre su propia suerte, como menores de edad. Opina que algunas muertes se podrían prevenir si se evitaran los “machos violentos, por placenteros que sean: el maltratador es más peligroso cuanto mejor amante es”.


Molares do Val se ganó un regaño por ser ideólogo del patriarcado. Octavio Salazar, “feminista, padre queer”, opina que misóginos así “responden a una de las estrategias más repetidas en estos tiempos neomachistas”: la desconexión entre la violencia de género y “las estructuras de desigual poder entre mujeres y hombres que la provocan”. Considera peligroso sostener que algunas “se entregan voluntariamente a maltratadores”; quienes piensen eso tienen, según él, como “objetivo último, no confesado, mantener un orden de privilegios al que no están dispuestos a renunciar”. Sin referirse al incidente concreto entre Mati y Nelson, afirma que ella, como todas las mujeres, fue víctima “de unas relaciones de poder en las que nosotros continuamos siendo el sujeto dominante y ellas las sometidas”. 


Este trágico romance madrileño es raro pero no único. A los hombres más violentos nunca les falta pareja. Narcos, paras, guerrilleros y pandilleros duros como Nelson siempre cuentan con varias mujeres no siempre forzadas o engañadas, a veces educadas, como Mati. En los EEUU, los condenados a muerte tienen exceso de demanda y  escogen entre varios amores por correspondencia. Xenia King, por ejemplo, es inglesa y está enamorada de un asesino norteamericano. Lo conoció por internet y ha ido a visitarlo varias veces. La periodista Sheila Isenberg escribió un intrigante libro sobre “Mujeres que aman hombres que matan”. Después de estudiar varios casos piensa que sí existe esa extraña atracción que cuadra con la dependencia de quienes están prisioneros. Entrevistó a un psiquiatra estudioso de estos amores para quien "es difícil imaginar algo más excitante que tener el control sobre alguien lo suficientemente poderoso como para quitarle la vida a otro".


Un terapeuta italiano especializado en fracasos de pareja llama “besadora de sapos” a la amante que espera “transformar con amor a cualquier hombre” y “enfermera de turno” a la altruista que necesita dolor, sangre y heridos de quien ocuparse. Estos perfiles complementan, sin excluirla, la tesis de Molares do Val sobre Nelson y Mati: “una deidad sexual, dominante e iracundo, como Zeus, cruel y terrible, padre de dioses y hombres, que mata ocasionalmente con sus embestidas”. 


Salazar el feminista ilustra el aspecto más deprimente de la militancia: la absoluta falta de curiosidad e imaginación, la visión obtusa y monótona. De San Francisco de Asís y el Marqués de Sade simplemente destacaría que fueron machistas; el mismo discurso para dizque entender a cualquier mujer, incluso a una insondable como esta profesora de química, antítesis de la sometida, que vivió a su aire, haciendo lo que le dio la puñetera gana, hasta reincidir como víctima.  Molares do Val la califica de estúpida. Ambos olvidan que otras intrépidas optan por actividades o deportes extremos, con mucha adrenalina, con emergencias y accidentes que no siempre las disuaden. Allá ellas. 



Alvarez, M J (2017). "El asesino de la mujer de Rivas tenía otra orden de alejamiento sobre una pareja anterior". ABC.es Ene 3

Alvarez, M J (2017) "Este es Nelson: el presunto asesino de la profesora universitaria de Rivas". ABC.es, Ene 4

Isenberg, Sheila (1991). Women Who Love Men Who Kill. New York: Simon & Schuster.

Molares do Val, Manuel (2017). "Víctimas de su sexismo". Blog Crónicas Bárbaras, Ene 10

Nardone, Gorgio (2011). Los errores de las mujeres en el amor. Madrid: Contextos

Salazar, Octavio (2017). "Víctimas del patriarcado, no de su sexismo". Blog Mujeres, El País, Ene 11








miércoles, 18 de enero de 2017

Fastidio en la cumbre

Publicado en El Espectador, Enero 19 de 2017




En el hotel Los Morros de Cartagena, una pareja gay se daba un beso cuando el administrador les señaló que ese gesto resultaba incómodo para otros.


Les solicitó que se abstuvieran de demostraciones públicas de cariño pues uno de los huéspedes había manifestado no querer que su pequeño hijo las presenciara. El Espectador habló de “agresión” y varios columnistas se ocuparon del trascendental asunto. El relato se asoció con unos cuantos agravios similares a los que se fueron sumando in crescendo amenazas de golpes de borrachos, pérdida de trabajos o amigos, no poder estudiar y hasta asesinatos: “incómodo es que nos maten por ser LGBTI”. El horror no se detuvo ahí: “incómodo es un país que viola y mata a las mujeres. Incómodo es un país en el que tienes más privilegios por ser un hombre blanco. Incómodo es un país en el que se roban la plata de la educación y de la salud de los más pobres”.


Asociar trivialidades con los dramas de una sociedad compleja bajo el hilo conductor de ambientes imperfectos para una pareja gay de estrato alto se volvió estándar. El incidente fue tan nimio que los afectados se limitaron a contarle a sus amigos conectados con la prensa y las redes. Ni siquiera se incomodaron poniendo una tutela para que llegara a revisión y la Corte Constitucional reforzara la jurisprudencia. No me extrañaría que esas delicadas víctimas de una discriminación tan cruel fueran clasistas tradicionales que tratan despectivamente al personal del hotel. Eso hizo Catalina Uribe, tan contrariada por el asunto que con displicencia calificó como inferior la capacidad mental del administrador: “si quien toma las decisiones de un establecimiento donde a diario conviven personas de diferentes culturas basa sus decisiones en la incomodidad de los clientes, tal vez vaya siendo hora de poner un robot”. Pobre señor, aún no asimila el algoritmo: lo correcto se hace, lo incorrecto no, como sea. El servicio al cliente, motor del capitalismo global, también lo supervisa la nueva policía de las costumbres, que ya tiene a punto la versión cibernética de la urbanidad de Carreño, o el catecismo, con la que ahora machacan no la familia y el cura sino formadores de opinión que se proclaman laicos, abiertos y tolerantes cuando ya son una caverna más temible que la religiosa. En un país creyente, con millones de víctimas verdaderas empezando posconflicto, una élite privilegiada pretende que sus cuitas privadas inconsecuentes sean asunto público. Todos debemos rasgarnos las vestiduras ante la afrenta de un morreo inconcluso en Los Morros, insoportable cumbre de cinco estrellas. 


Mi papá contaba una anécdota cuya gracia tardé en entender: tras una reunión con unos amigos en el Club Militar, trataron de entrar al bar. Al verlos con tragos, en la puerta les dijeron que estaba restringida la entrada para hombres sin pareja. Uno de ellos propuso: “entonces vamos por viejas”. El portero molesto anotó que ahí solo podrían traer mujeres decentes, a lo que le respondieron “es que nuestras señoras ya tienen sus años”. Yo destestaba ese Club porque para almorzar me exigían corbata mientras mis hermanas nunca tuvieron ese problema. En esa época mi sección favorita del periódico era la página roja: policías y ladrones. Si alguien me hubiera dicho entonces que en unos años la prensa se preocuparía por incomodidades como la mía por la corbata, o el chiste de los amigos de mi papá, hubiera pensado que alucinaba. Pero ahí llegamos. 


Se incrustó en los medios un fanatismo supervisor de lo que se dice y hace que no recuerdo haber sufrido con ningún profesor de religión; si acaso en Semana Santa cuando las emisoras sólo ponían música clásica y una tía cuasi monja nos regañaba por reírnos, vigilaba minuciosamente nuestros juegos y criticaba al tendero por no cubrir una imagen. Esos desesperantes rituales estaban respaldados por una mitología milenaria coherente y con resultados palpables en términos de civilización de las costumbres e igualdad. La nueva disciplina social, tanto o más estricta, está sustentada en un pastiche también anticientífico pero más incongruente cuyo mayor logro, tal vez el único, es que las leyes y la jurisprudencia hayan quedado formalmente redactadas. Al definitivo avance en la aceptación de la diversidad sexual han contribuído más Hollywood y la TV que la Corte Constitucional pero, como niños mimados, los militantes entre más avanzan, más se quejan por arandelas inocuas, mientras evaden las dificultades reales, como la homofobia de sus propias familias, pepa dura del rechazo que pretenden socializar. 


Volviendo al drama de Los Morros con sus espeluznantes secuelas, ojalá aparezca pronto un vínculo con la política petrolera para que se pueda arreglar la catástrofe dialogando con el ELN, que también tiene talante fundamentalista e intervencionista en lo cotidiano. 




REFERENCIAS

Albarracín, Mauricio (2017). “Homofobia en vacaciones”. El Espectador, Ene 10


Camacho Iannini, Sergio (2017). “Un beso no incomoda, la homofobia sí”. Sentiido, Ene 10

EE (2017). “LGBTI indignados por discriminación a pareja gay en el hotel Holiday Inn de Cartagena”: El Espectador, Ene 2

Uribe, Catalina (2017) "El Holiday Inn y la educación sexual para robots". El Espectador, Ene 4

martes, 10 de enero de 2017

Claveles, izquierda y democracia

Publicado en El Espectador, Enero 12 de 2017

Murió Mario Soares, socialista portugués que enfrentó a la dictadura pero también al totalitarismo de izquierda. Jamás endosó la estrategia de “todas las formas de lucha”.


De joven fue militante comunista y se aburrió “de tantas reglas y reuniones”. Abogado de profesión, escritor incansable, tuvo un amigo militar asesinado por el régimen. Por recuperar sus restos quedó en la lista negra, estuvo encarcelado y exilado pero fue cofundador del germen del Partido Socialista.


En 1974, cayó la dictadura salazarista con una revolución pacífica cuyo símbolo fueron los claveles en los fusiles de los soldados que retornaban de las colonias. Soares, cuyo papel en el levantamiento fue definitivo, aceptó hacer parte del gobierno de transición militar. El pulso con los comunistas estuvo tenaz: dirigían la protesta callejera, y sólo pudieron ser controlados con ayuda de las Fuerzas Armadas. Soares fue diputado, ministro, primer ministro, presidente y eurodiputado. Bajo su mandato se creó la seguridad social, se amplió la educación pública y Portugal ingresó a la Unión Europea. 


La despenalización de facto del consumo de drogas también se inició con el levantamiento contra Salazar. “Súbitamente, llegaron las drogas” anota João Goulão, personaje clave en el cambio de política, para referirse a la marihuana que trajeron los militares. Confiesa que él también la fumó. Como los claveles de la revolución, “las drogas nos prometían la libertad”. Al trabajar como médico, Goulão se encontró con familias cuyos hijos no sólo metían marihuana: comenzaba la epidemia de heroína barata que invadió a Europa en los ochenta. En Portugal, el número de usuarios no fue muy alto, pero el de los consumidores poblemáticos sí. En el pico de la epidemia los adictos serios llegaron al 1% de la población. La proporción de usuarios con VIH también fue más alta que en muchos países. 


La decisión de despenalizar el consumo se tomó en 2001. La ONU no reaccionó por irrespetar las convenciones: en el papel se siguen cumpliendo. Portugal no legalizó las drogas sino que redujo las penas por utilizarlas.  Hasta ahora, ningún país ha ido tan lejos en despenalización, y los resultados son favorables. Entre jóvenes, el consumo subió ligeramente con la descriminalización pero luego se estabilizó. Los detenidos por droga se redujeron a la mitad y actualmente apenas pasan de la quinta parte del total. Nada de esto es gratis. Los recursos en rehabilitación han repercutido en las dificultades económicas. A pesar de los logros, falta mucho por hacer. La importación y distribución de drogas la siguen controlando criminales. La violencia y corrupción asociada continúan, pero la percepción ciudadana sobre crimen organizado es más baja que en España e incluso que en Francia. 


Sorprende que un país costero, ex potencia colonial con tradición en el tráfico de opio, se mantuviera aislado del mercado europeo de cocaína, y que la marimba que trajeron los soldados no pasara a mayores. Oporto tuvo presencia de carteles gallegos, pero mafias portuguesas nunca se destacaron, a pesar de la importancia del Brasil en la exportación de cocaína latinoamericana y la de Angola, ex colonia, en los reembarques hacia Europa. La ausencia de una guerra violenta contra las drogas pudo ser consecuencia de la revolución pacífica liderada por soldados con claveles en la punta del fusil y marihuana en el morral, pero en alianza con políticos realistas, independientes y con principios. Pusieron al imperialismo yanqui en su sitio sin estridencia, y evidentemente sin rabo de paja por alianzas previas con las mafias para aventuras electorales. 


No sólo en materia de drogas, relación con las fuerzas armadas y los EEUU, Colombia debería mirar más hacia Portugal. A pesar de la importancia del Tribunal Constitucional, allá no caló la teoría, elitista y autoritaria, de que los derechos de las minorías se discuten en pequeño comité. Siendo un país católico, la legalización del aborto se hizo por referendo, la adopción igualitaria y la regulación de los vientres de alquiler las aprobó el parlamento, varios años después del matrimonio gay. El realismo y capacidad negociadora de políticos como Soares resultaron fundamentales.


En Colombia, la muerte del líder portugués pasó casi desapercibida. Causó muchísima más conmoción el deceso del comandante Fidel. Es revelador de una mentalidad totalitaria y caudillista que para quienes se dicen demócratas los héroes sigan siendo chafarotes y no luchadores civiles como Soares. Qué falta ha hecho en el país una izquierda realmente intolerante con la violencia política, pragmática, modernizadora, no agrarista ni autárquica, consciente de que es más sensato reformar el estamento militar que estigmatizarlo, pretender encarcelarlo, o cambiarlo a bala por otro peor.







ADST (2015). "The Carnation Revolution – A Peaceful Coup in Portugal" Moments in US Diplomatic History, Apr

Baum, Dan (2016): “Legalize It All. How to win the war on drugs”. Harpers, Apr

Constantinou, A (2012) “The shifting cocaine trade”, TalkingDrusg, Jan 13


EFE (2016). "Portugal legaliza los vientres de alquiler para mujeres estériles". 20 Minutos, Mayo 20

Hollersen, Wiebke (2013). “'This Is Working': Portugal, 12 Years after Decriminalizing Drugs”. , Mar 27

OGD (1996). Atlas Mondial des Drogues. Observatoire Géopolitique des Drogues. Paris: PUF

Martín, Javier (2017) “Muere Mário Soares, expresidente de Portugal”. El País, Ene 7

Panther, Lewis (2015). “How former junkie capital of Europe Portugal halved number of addicts by ending prosecution of users”. Mirror, Sep 19


Van Dijk, Jan (2007). “Mafia markers: assessing organized crime and its impact upon societies”, Trends in Organized Crime, December 2007, Volume 10, Issue 4, pp 39-56

martes, 3 de enero de 2017

Pragmatismo de mujer

Publicado en El Espectador, Enero 5 de 2017










Borinsky, Alicia (2014). “Macondo y sus mujeres extraordinarias”. La Nación, Abr 25

Carrascal, Santiago (2015). “Los nexos de Vargas Lleras con la corrupción”. La Oreja Roja, Dic 24

Duncan, Gustavo (2016). “A comer m…”. El Tiempo, Dic 28

I (2014) “Pope Francis declares evolution and Big Bang theory are real and God is not 'a magician with a magic wand'”. Independent, Oct 28

Lawler, Joseph (2016). “Jane Goodall: Trump debates like a chimp in a dominance ritual”. Washington Examiner, Sep 17

LI (2016). “Arrancan las elecciones. La oposición tiene 3 bastiones sobre los cuales construirá una candidatura ganadora en 2018: el uribismo, Ordóñez y las iglesias”: Los Irreverentes, Dic 23


Prieto, Jineth (2016). “El todo vale de Vargas Lleras llegó a Santander”. La Silla Vacía, Dic 15


Rubio, Mauricio (2012). “Sin mujeres en la mesa de negociación”. El Espectador, Sep 12


________________(2016). “Este impasse exige mujeres”. El Espectador, Oct 12