martes, 6 de enero de 2026

El derecho a celebrar que lleven un sátrapa ante la justicia

 Publicado en El Espectador, enero 8 de 2026


En varias ciudades de “América, Europa y otras regiones” con emigrantes venezolanos fueron convocadas manifestaciones para respaldar la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flórez. En Doral, Florida, ciudad conocida como Doralzuela, salió cerca del 4% de la diáspora. Marchas con 1% o más de la población de una comunidad son descritas por la prensa y los analistas como “masivas”, “históricas” o “sin precendentes”. Nicaragüenses y cubanos también  salieron a celebrar en la Florida. 


En Bilbao se festejó con música y baile la “caída” de Maduro. “Cayó la dictadura, cayó… viva Venezuela libre… libertad, libertad”. Apoyaban la “operación quirúrgica” que permitió la detención del “delincuente y dictador”. No era un presidente sino un usurpador, aclaraban. Reclamaban  la liberación inmediata de “todos los presos políticos, civiles y militares que tiene la dictadura”, entre ellos dos bilbaínos que “están allí secuestrados y no se sabe nada de ellos”.


“Maduro, narcotraficante, usurpador, asesino, te llegó tu hora… ¡libertad, libertad, libertad!” proclamaron los venezolanos en Madrid. Allí mismo, frente a la embajada de los EE.UU, se oyeron algunas voces contrarias como “Maduro, aguanta, el pueblo se levanta” o “¡manos fuera de Venezuela!”.


Una estupenda consigna surgió de las celebraciones callejeras venezolanas. Es tan simple como sabia: “no sufras por el petróleo que no es tuyo”. Parece diseñada a la medida de periodistas y analistas que desde Colombia sugieren lo que, a estas alturas, realmente le conviene a Venezuela, América Latina o Groenlandia. 


Los testimonios dirigidos a quienes olvidaron lo vivido en el vecino país durante las últimas décadas son bastante más reveladores que las consignas. Particularmente desgarrador es el relato de Anaís Castro, una locutora residente en Argentina. Nacida en 1993, participó en protestas estudiantiles desde 2007 contra la censura impuesta por Chávez a los medios de comunicación. En 2010, bajo gran influencia de médicos cubanos, estudiaba enfermería y sufrió una parálisis facial. Antes de atenderla en el hospital le preguntaron a la madre que la acompañó si era chavista: “porque si no, no la podemos atender” precisó el médico. Dejó la carrera y, tras la muerte de Chávez en 2013, como estudiante de Bellas Artes, envalentonada volvió a las protestas. “Se llevaron a dos de mis compañeros, los torturaron durante semanas”. Se asustó y se volvió a “guardar”. Retornó a la calle básicamente para proteger a su hermano menor, temía que lo mataran. Después de una manifestación detuvieron a la madre de una amiga. “Cinco hombres la torturaron… cuando ella se arrodilló a pedir perdón y que la soltaran, la orinaron entre los cinco, para que su hija dejara de incentivar estudiantes”. Esa amiga se fue para España. 


En 2017 Anaís emigró a Argentina. Convenció a su madre que la siguiera. Viajó para ayudarla con la venta de enseres domésticos y el traslado. Al llegar, en el aeropuerto, los de la Guardia Nacional la llevaron a una oficina. La desnudaron y le abrieron la maleta. Los pesos argentinos que traía les parecieron poca cosa. Le dieron un teléfono para que llamara a alguien: si llegaba del extranjero, “hay alguien que tiene plata”. Estaba desnuda “secuestrada en el aeropuerto de mi propio país”. A su madre que la esperaba la dejaron entrar con una tarjeta débito para liberar a su hija. En el viaje a Buenos Aires, no pudieron conseguir el mismo vuelo. Al llegar allá su padrastro le dice: “transfiere todos tus ahorros porque secuestraron a tu mamá”. Una vecina, novia de un Guardia Nacional, contó que esa señora debía tener buena plata “porque está vendiendo todo y se va del país”. Se llevaron a la mamá con una ahijada de 2 años. Después, la abuela también anunció que se iba si la nieta,  cuyo pasaporte se vencía, venía a buscarla. Para renovarlo, tuvo que pagar mil dólares. Nunca más volvió a Caracas.  


Anaís no se siente particularmente desafortunada. “A mí no me mataron a nadie en la calle”. En su familia hubo miedo, indignación y secuestros express pero sin torturados ni desaparecidos. Aún así, “si después de todo esto que yo viví, me despierto el sábado 3 de enero con la noticia de que se llevaron a Maduro y que volaron en pedazos el Cuartel de la Montaña donde descansaban en paz los restos de Chávez, tengo derecho a celebrar, tengo derecho a alegrarme, porque ellos me contaminaron el alma, me contaminaron el corazón. Y sí, yo siento una justicia amarga. Que por lo menos a ese dictador y asesino se lo lleven de mi país. Permítanme celebrar, permítanme ser feliz, porque a nosotros nos han quitado demasiado… ¡Hasta eso nos van a decir qué no podemos hacer!”. 


REFERENCIAS


Buchanan, Larry, Quoctrung Bui & Jugal K. Patel (2020). “Black Lives Matter may be the Largest Movement in US History”. The New York Times, July 3


Castro, Anaís (2026) “Permítanme celebrar porque nos han quitado demasiado”. Entrevista en Urbana Play, youtube enero 5


DA (2026). “Convocan concentraciones en todo el mundo para respaldar la captura de Nicolás Maduro”. Diario de las Américas, Enero 6


Duzán, Mª Jimena (2026). “I Took Venezuela”, Cambio, enero 4


EM (2026) “Gran manifestación frente a la embajada de EEUU en Madrid contra la captura de Maduro en Venezuela”. El Mundo, enero 6



EPPV (2026) “Venezolanos celebran en Bilbao la caída de Maduro y reivindican a Edmundo González”. Europa Press País Vasco, enero 4


Noticias DW (2026). “Diáspora festeja captura de Maduro, chavistas protestan” dw.com  enero 4


Uprimny, Rodrigo (2026). “El Régimen de Maduro, el Derecho Internacional y la Intervención de Trump”. La Silla Vacía, enero 4