lunes, 2 de noviembre de 2020

La Bella Otero: seducción y poder (II)

 Publicado en El Espectador, Noviembre 5 de 2020

Columna después de los memes






Después de su romance con la Bella Otero, William Vanderbilt, su último millonario norteamericano, se fue con otras cocottes a París mientras ella dio el salto a la realeza europea. El primer noble en caer fue Alberto de Mónaco, quien le montó apartamento en París para aliviar su impotencia. Lo reemplazó Nicolás de Montenegro sin lograr exclusividad pues tuvo que compartirla con Leopoldo II. Después vinieron el Sha de Persia y el zar Nicolás II. Ya cuarentona, la Bella volvió a España para desflorar a Alfonso XIII, de apenas 19 años quien nunca la olvidó y la hizo su amante oficial años después. Guillermo II de Prusia, Kaiser alemán, fue duro al principio pero aprendió a ser dócil y generoso. 

Arruinado y desconsolado, Ernest Jurgens, el promotor que la descubrió en Marsella, terminó suicidándose. Se calcula que siete hombres más acabaron su vida por ella. Según un biógrafo español, cuando la Otero coincidió en un tren con un cura, hablaron en gallego y al despedirse emocionada ella besó su mano. El prelado recordaría ese momento como el más ardiente de su vida.

El dominio de esta seductora sobre los hombres fue considerable. Logró que le mantuvieron una opulencia babilónica. Les extrajo lo que, literalmente, le dio la real gana. Se calcula que sus ingresos totales sumaron 25 millones de dólares de la época, o sea unos 4.000 millones de hoy. Un príncipe ruso le envió en una ocasión una fortuna con una nota: “arruíname, pero no me dejes”. Esa era su especialidad: conquistarlos, explotarlos y dejarlos. A los cincuenta años, le seguía llegando mensualmente dinero de un benefactor anónimo.

Su poder no era sólo extractivo. A sus enamorados los mantenía a raya. En una ocasión se salió del teatro porque su acompañante miró a otra mujer. “Cuando se tiene el honor de estar con la Bella Otero -le explicó- nadie más existe”. La escena de su cumpleaños número 30, celebrado por cinco monarcas, muestra que logró controlar en sus amantes el instinto masculino más tenaz y violento, los celos. Volvió añicos esa manía varonil de pretender posesión exclusiva de la mujer amada. Ahí estuvieron reunidos varios machos alfa rivales, mansitos, casi como hermanos, tal vez cantándole en coro el happy birthday. No eran adolescentes inexpertos: algunos de ellos fueron legendarios tiranos, crueles y arbitrarios. A Leopoldo II de Bélgica, que asistió a la cumbre, se le considera responsable de la muerte de varios millones de congoleños. Si en esa mujer no hubo capacidad, no sólo de extraer riqueza sino de acumular poder real, efectivo, aplastante, difícil entender qué es o cómo se logra eso. “No nací para ser domesticada”, repetía. En alguna ocasión le dijo a su amiga y protegida Colette que “un hombre se posee no en el momento en el que se le abren las piernas sino cuando se le tuerce la muñeca”.

Felix Mesguich, uno de los primeros directores de cine, cuenta en sus memorias que “estaba rodando, cuando, pronunciada con energía, resonó en mi oreja esta frase: ¡Hey! Ahí abajo, ¡trata de recoger bien el final!”. La Bella Otero, estrella de la película, también dirigía al operador. La escena luego fue considerada una ofensa para la armada rusa y censurada.

¿Cuál era su secreto? Muchos que la vieron, aún de lejos, la recordaron toda la vida. Para los periodistas que la entrevistaron, o los artistas que hicieron su retrato, o los magnates que dilapidaron capitales por tenerla en la cama, la respuesta es simple, pero todavía misteriosa. Maurice Chevalier habría dicho “escriba SEXO con mayúsculas cuando hable de la Otero. Eso emanaba de ella. Me gustaría haberla conocido mejor. Fue la mujer más peligrosa de su tiempo”.

Con sus congéneres fue solidaria. Patrocinó a varias, incluyendo a Colette, y a una colega que entrenó y casó con un lord. Percibía que sus habilidades empoderaban a las mujeres. Al final, le faltó prudencia financiera y la arruinó su debilidad por el juego. Su deficiente educación le pasó factura. Una amistad con una mujer preparada le hubiera permitido a la Bella Otero evitar la quiebra y, tal vez, emprender programas a favor de las mujeres, como han hecho en la historia varias cortesanas. Alguna vez advirtió que si ganaba el jackpot en Montecarlo financiaría una academia de prostitutas. “Habría una gran variedad de cursos, las posibilidades son infinitas”. Aún arruinada, seguía visitando el Casino. Cuando le exigían pagar la cuenta acumulada, lograba que algún levante pasajero la saldara.

De haber nacido un siglo más tarde, tal vez Agustina Otero no hubiese podido llegar más allá de algún refugio para redimir víctimas de la explotación sexual. O sea, de la que fue su verdadera, fructífera y magistral vocación con los hombres más poderosos: manipularlos, someterlos y abandonarlos.

REFERENCIAS

Lewis, Arthur (1968). La Belle Otero. A Biography. New York: Pocket Books

Posadas, Carmen (2002). La Bella Otero. Planeta-De Agostini. (2002)

Prioleau, Betsy (2003). Seductress. Women Who Ravished the World and Their Lost Art of Love. Penguin

 Tournier, Paul (2003). Las cortesanas. Barcelona: Manontropo

http://biografiasiniestras.blogspot.com/2010/05/la-bella-oter0.html

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2015/04/02/bella-otero-estrella-primera-victima-censura-cine/0003_201504G2P33991.htm

https://www.elidealgallego.com/articulo/coruna/reportaje-mujer-mas-bella-mundo-salio-valga-deslumbrar-paris/20180929210843385621.html

https://www.cibercuba.com/noticias/2019-10-04-u199370-e199370-s27315-bella-otero-bailarina-espanola-inspiro-jose-marti

https://ramonchao.wordpress.com/2011/03/16/la-bella-otero-el-manuscrito-encontrado/

https://www.elcorreogallego.es/hemeroteca/mujer-bella-mundo-AFCG320918