sábado, 15 de octubre de 2022

Mitología de la marihuana

 Publicado en El Espectador, Octubre 20 de 2022


Aunque todavía faltan debates, pues requiere reforma constitucional, parecería que esta vez sí se aprobará la descrimilización del consumo de marihuana en Colombia. 


La progresiva prohibición de esta sustancia tiene varias capas de mitos superpuestos. El primero es que los males atribuidos a la hierba llegaron a Colombia del exterior y del imperio. Aunque hubo un gran aumento de la demanda norteamericana que, sumado a la represión en México, trajo la bonanza marimbera de los años setenta, en el país ya existía un importante mercado doméstico de marihuana.


El tabaco, el yahé, el yopo o el hayo han sido sustancias utilizadas en rituales místicos por las culturas indígenas americanas. El cannabis lo introdujeron los españoles en el siglo XV pero su uso fue siempre profano. 


Desde 1925 “las autoridades ya tenían noticia de la existencia de cultivos de marihuana… lo mismo que de su consumo por parte de marineros, estibadores y prostitutas en los puertos”. Un informe oficial anterior de 1939 señalaba que en la Costa Caribe los cigarrillos de marihuana "se expenden en los lupanares o en los establecimientos frecuentados por los bajos fondos sociales. También en fritangas y en ventas de guarapo”.


Lo que vino desde el norte fue la presión para ilegalizar una sustancia con pésima reputación por supuestamente provocar comportamientos irracionales, violentos y criminales. Un artículo de la Revista de Higiene publicado en 1939 se titulaba "Marihuana, la hierba que enloquece”. En Cuba, las campañas contra la marihuana repetían el discurso gringo que asociaba su uso con la delincuencia. En México hubo esfuerzos de algunos sectores de opinión por desafiar esa visión pero acabó imponiéndose la represión del consumo.  


La evidencia a favor de la yerba como detonante de ataques era inexistente. Tras una intensa arqueología de prensa y registros policiales en los estados  norteamericanos que lideraron la prohibición se encontró el incidente que desencadenó la ola de pánico. El 1 de enero de 1913, en Ciudad Juárez, un enmarihuanado mexicano con cuchillo "comenzó a perseguir turistas americanos por la calle mientras gritaba ¡muerte a los protestantes! Después apuñaló unos caballos y asesinó a un policía que lo perseguía antes de ser capturado en un salón de billar”. El caso aterrorizó al alguacil de El Paso, Texas quien logró que el Concejo Municipal y el Gobierno Federal endurecieran la legislación. En 1915 la marihuana ya estaba prohibida en esa ciudad y muchas otras que adoptaron en cadena medidas restrictivas. 



Ese mismo año, el Departamento del Tesoro introdujo una enmienda a la Ley de Alimentos y Medicamentos que en la práctica ilegalizó la importación de cannabis a los EEUU. En 1917, el Departamento de Agricultura envió un equipo para investigar los efectos de la medida sobre el tráfico de marihuana hacia Texas. Se hicieron casi cien entrevistas con funcionarios de aduanas, farmacéuticos, empleados de tiendas de comestibles y policías. Es la mejor evidencia disponible sobre uso y tráfico de sustancias psicoactivas a principios del siglo XX. Esa información desbarata el mito de una supuesta cadena de suministro que se iniciaba en la capital mexicana y era mantenida por emigrantes víctimas de la precariedad laboral. Lo que muestra el trabajo de campo es que “la fuente más importante de suministro en el sur de Texas durante la década de 1910 era el cannabis empacado y comercializado por las principales compañías farmacéuticas de EEUU, la mayoría de las cuales probablemente lo importaban de la India”.



Este hallazgo corrobora varios trabajos que desafiaron el mito que a principios del siglo XX oleadas de inmigrantes mexicanos consumidores de marihuana en su país la llevaron a los EEUU. Este proceso, según la leyenda, habría inspirado las primeras leyes prohibicionistas mientras “alimentaba fantasías racistas de que la droga causaba locura, crimen, y violencia entre sus usuarios”. La asociación era paralela a la que se hizo con el opio vinculado a los chinos y la cocaína a los afroamericanos. En realidad, la marihuana en México prácticamente no la consumían los emigrantes y su uso estaba concentrado en prisioneros y militares. 


Incluso antes de esta “hipótesis mexicana” sobre el origen de la prohibición, estuvo de moda responsabilizar a Harry Anslinger, controvertido director del Federal Bureau of Narcotics (FBN) con enorme influencia sobre el Marihuana Tax Act de 1937 que en la práctica consolidó la ilegalización de facto en todo el país. Esta explicación fue bastante popular entre quienes plantean que muchas políticas públicas resultan del “emprendimiento moral” de algunos burócratas. Una debilidad de esta hipótesis es que la criminalización no se dio de manera simultánea en todo el territorio norteamericano sino que fue progresiva y a nivel local, municipal o estatal. 


Al levantamiento de esta absurda restricción a la libertad individual no le hacen falta iluminados con la pretensión de ser los primeros en entender su sinsentido. La sensatez se impuso hace rato, y en muchos países. 




REFERENCIAS


Campos, Isaac (2018) “Mexicans and the origins of marijuana prohibition in the United States: a reassessment”. Social History of Alcohol and Drugs, Volume 32 


EE (2022). "Por fin se avanza hacia el cannabis legal y regulado" Editorial, EL Espectador, Octubre 13


Sáenz Rovner , Eduardo (2007). “La Prehistoria de la Marihuana en Colombia: Consumo y Cultivos en los años 30 y 60”. Cuadernos de Economía, vol.26 no.47 Julio/Dic

lunes, 10 de octubre de 2022

La izquierda: más inquietudes que soluciones

 Publicado en El Espectador, Octubre 13 de 2022

Aún en democracias consolidadas, la izquierda pierde prestigio ante una derecha delirante. En los dos extremos la soberbia impide emprender una verdadera autocrítica. 


Entrevistado en un tik tok que parece un mal chiste, ante una pregunta sobre si “con su gobierno nos volveremos otra Venezuela”, Gustavo Petro afirma muy serio que “ya somos como Venezuela.. se trata de que Venezuela y Colombia cambien”. Su flamante embajador en Caracas corrobora el exabrupto: “la pobreza es la misma en Colombia y en Venezuela”. La irresponsabilidad de estos comentarios que ignoran le emigración masiva de refugiados venezolanos atravesando el tapón del Darién, así como todos los indicadores imaginables de situación económica, fiscal, cambiaria, social, educativa, sanitaria, de seguridad y un largo etcétera para implícitamente destacar que tanto Maduro como Petro representan gobiernos de izquierda preocupados por el pueblo y su pobreza ilustran el monumental vacío conceptual y práctico que caracteriza esos términos.  




Como señala Fernando Savater, “llamamos de izquierda a todas las inquietudes irreprochables: la preocupación por los pobres, por los marginados, por los excluidos del banquete capitalista, por los explotados, por los discriminados por su raza o sus creencias, por los débiles… O sea que es izquierdismo todo lo que nos queda de cristianos”. 


El aparente programa de la nueva izquierda -cuyos pregoneros hacen llevadero con un tren de vida arribista y derrochador- corresponde fundamentalmente a las preocupaciones nominales del cristianismo. 


La bondad universal de las inquietudes contrasta drásticamente con la viabilidad y humanidad de las soluciones que, precedidas por un voluminoso historial de errores y horrores, son cada vez menos explícitas. Los supuestos remedios para el largo inventarios de preocupaciones son “colectivistas y partidarios de la intromisión estatal no en la gestión social sino en la orientación de la vida individual… resuelven poco aunque perjudican mucho”. 


Desde que a finales del s. XVIII se acuñaron en París los términos izquierda y derecha, relacionados con la legitimidad de las fuentes de autoridad, la segunda ha sido menos controversial en su definición. Sus adversarios planteaban que el gobierno ideal estaba basado en unos derechos naturales y en la “voluntad del pueblo", no en la religión o la tradición. Pero dentro de la misma izquierda ha sido siempre muy debatida la cuestión de qué significan esas cualidades básicas. 


Poco después de la Revolución, Francia estrenó la democracia basada en el sufragio masculino casi universal. El esquema duró poco y pronto vinieron las dictaduras. Tanto Jacobinos como Girondinos apoyaban el uso de la fuerza para defender los avances de la revolución y tenían una actitud francamente agresiva contra los poderes extranjeros. Argumentaban que los mecanismos democráticos podrían suspenderse para facilitar una purga rápida del poder aristocrático. Algunos pedían la ejecución del rey a pesar de haber pregonado antes la abolición de la pena de muerte. Muy pronto aparecieron diferencias irreconciliables entre distintas facciones. Mientras unos defendían darle el poder a las masas enardecidas otros pregonaban democracia, justicia y orden. Muchos líderes girondinos fueron detenidos y ejecutados dando vía libre al terror. Después de la purga, el término jacobino adquirió un sentido más estrecho, con acciones revolucionarias vigorosas, intransigentes y violentas como pregonaban los Montagnards más radicales. 


No sólo la aplicación de una pena ejemplar al rey bajo la premisa que cualquier castigo extremo es siempre una amenaza contra la libertad generó profundas e interminables discusiones. Hubo gran confusión entre la noción de “soberanía popular” y la de democracia. Algunos consideraban un error concluir de manera automática que los representantes de la naciente dictadura dejaban de ser de izquierda, pero era realmente arduo defender la idea que la “voluntad popular” estaba resguardada por gobernantes totalitarios. Mientras unos defendían el sufragio universal otros exigían ciertas condiciones basadas en los ingresos y la propiedad. Condorcet alcanzó a proponer darle el voto a las mujeres pero no fue secundado. Aunque hubo quienes se oponían tenazmente a la suspensión del poder democrático, otros alegaban que eran necesarias ciertas interrupciones en épocas de emergencia. Resumiendo las discusiones, el ensayista David Caute afirmaría luego que “un hombre, un voto… logra solo un remedo de soberanía popular mientras los medios de producción permanezcan bajo control privado”.


Tal como pregonaron antes los Niveladores ingleses (1640s) y los revolucionarios norteamericanos (1770s), inicialmente los líderes de la izquierda revolucionaria francesa defendían una economía de mercado individualista, con muchos pequeños propietarios, como lo eran casi todos ellos. Habían experimentado los efectos nefastos de los monopolios estatales y otras grandes concentraciones de poder económico. Tras ser liberado de prisión, François Babeuf defendió la propiedad comunal y la abolición de la propiedad privada, incluso con métodos de terror. 


Los desacuerdos intestinos, que han sobrevivido en la izquierda de muchas sociedades y la intransigencia que impide negociar, han tenido como principal consecuencia un marcado déficit de soluciones concretas para los problemas reales. Quién sabe qué podrá lograr ni cuánto podrá durar un Pacto Histórico aceitado con tanto oportunismo.



REFERENCIAS


Hodgson, Geoffrey (2018) Wrong Turnings. How the Left Got Lost. The University of Chicago Press

Infobae (2022). "La pobreza es la misma en Colombia y en Venezuela, aseguró el embajador en Caracas Armando Benedetti". Septiembre 


Savater, Fernando (2022). "Inquietudes". El País, Septiembre 3 





lunes, 3 de octubre de 2022

Erizos en globo pensando en relojes

 Publicado en El Espectador, Octubre 6 de 2022


Los acuerdos alcanzados por el gabinete petrista tras el retiro en Hatogrande se centran en dos ejes transversales, unificadores y mágicos: el cambio y la paz total.


La visión del mundo implícita en las divagaciones que se debieron dar en esa cumbre para llegar a tales derroteros recuerdan las pinturas medievales donde figuraban ciudades vistas en perspectiva desde una posición que la tecnología aún no había permitido alcanzar. Se simulaba la fotografía aérea. El pintor imaginaba la panorámica y el vuelo que la hacía posible. Esta ficción transformaba al espectador medieval en un ojo celeste. 


“¿Alguna vez alguien ha visto la tierra descrita de manera tan armoniosa, tan poética? Las fotografías aéreas son tan perfectas que parecen pinturas, sin importar si representan la belleza única del planeta tierra o las huellas dejadas por el hombre … Cualquier espectador queda abrumado ante estas imágenes”.  


En Cinco Semanas en Globo, Julio Verne describe la sensación. “El Victoria subió casi perpendicularmente a una altura de mil quinientos pies. ¡Qué magnífico espectáculo se extendía ante los ojos de los viajeros! La isla de Zanzíbar… Los habitantes parecían insectos.

-¡Qué hermoso es todo esto! -exclamó Joe. Los ¡oh!, los ¡ah! y los ¡eh! brotaban de sus labios a borbotones.

-¡No hay como un globo! Se anda sin sentir, y la naturaleza se toma la molestia de pasar ante tus ojos.

-¡Qué espectáculo! ¡Qué asombro! ¡Qué éxtasis! ¡Un sueño en una hamaca!” 


Sin duda el mundo es más claro, ordenado y armonioso cuando se ve desde las alturas. Entre más lejos, mejor: se está cerca del cielo, de la luz, de la verdad. Además, como simple espectador, el individuo puede pensar que la realidad que observa es fácilmente alterable, cambiable.


Es abajo, sin embargo, en donde viven y se mueven los seres humanos. También es en la tierra donde cotidianamente funcionan las empresas, las familias y demás organizaciones. Además, todas ellas actúan en espacios y con vínculos que no se aprecian a simple vista. Es abajo donde surgen las muchas imperfecciones y las injusticias de la vida en sociedad. La visión que se obtiene desde la calle es menos nítida y produce desconcierto, incluso rechazo. Prima el desorden y es más ardua la simple tarea de describir. Por eso se recurre a una amalgama: el pueblo. 


No es casual que entre profanos el entorno intelectual se denomine torre de marfil. Una atmósfera donde académicos, y muchos funcionarios o políticos, divagan aislados de la preocupaciones prácticas de la vida cotidiana. La altura de la torre es lo que les permite distancia, perspectiva.


La metáfora propuesta por Karl Popper para describir las dos maneras opuestas de ver la realidad es la de nubes o relojes. Están por un lado quienes centran su atención en las primeras, desordenadas, irregulares e impredecibles. En el otro extremo quedan quienes asimilan cualquier movimiento o cambio al de mecanismos inertes que representan sistemas físicos regulares, ordenados y con funcionamiento perfectamente predecible. Desde abajo se ven nubes y desde arriba se percibe que todo se mueve como un relojito, que un gobernante iluminado puede controlar a su antojo. 




Se atribuye al poeta griego Arquíloco (680-645 AC) el haber dicho que “el zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una sola gran cosa”. Para Isaiah Berlin estas palabras ayudan a ilustrar una de las más profundas divisiones entre pensadores, filósofos y en general entre seres humanos. Para él, existe un abismo entre quienes relacionan todo, desde arriba, con “una gran visión central, un sistema más o menos coherente o articulado en términos del cual ellos entienden, piensan y sienten. Un principio único, universal y organizador que define lo que son y le da significado a lo que dicen y, en el otro lado, quienes persiguen muchos fines, a veces no relacionados e incluso contradictorios, conectados, si acaso, por alguna vía de facto, por alguna causa psicológica o fisiológica, pero no por principios morales o estéticos”. Los primeros son los erizos, los segundos los zorros que, dispersos  y difusos, se mueven en muchos niveles y tratan de captar las esencia de una vasta gama de experiencias sin querer acomodarlas en una visión unitaria.


Las declaraciones del primer mandatario -el visionario mayor- luego del sínodo ministerial son reveladoras. “El legado que queremos es el cambio… El eje central es que vamos a cambiar el país, vamos a cambiar políticas públicas”. Petro reiteró que su política de “Colombia potencia mundial de la vida” solo puede ser articulada “a través de un gran cambio en el país”. La estrategia de comunicación para un objetivo tan concreto es igualmente unificadora, articuladora: la paz total. 


Una peculiaridad de este gobierno es que al lado de erizos idealistas en la estratosfera fantaseando con el cambio absoluto rondan zorros y aves rapaces, al amparo de sapos o avestruces que se niegan a ver sus fechorías. 

martes, 27 de septiembre de 2022

Abusos silenciados, en las maras y las FARC

 Publicado en El Espectador, Septiembre 29 de 2022


Hay similitudes entre las desequilibradas y abusivas relaciones de pareja en las maras o pandillas juveniles centroamericanas y las que se observaban en las FARC, la guerrilla más vieja del mundo. 




En las maras, el trencito es un salvaje rito de iniciación para las jóvenes al volverse pandilleras: las violan en grupo. Los futuros pandilleros aguantan una golpiza mientras las mujeres “tienen que brindar servicios sexuales a los miembros masculinos de la banda”. 


Minoritarias en la pandilla, las jóvenes pasan a ser propiedad colectiva sin problemas de rivalidad entre machos posesivos. Los mareros aceptan que ese arreglo es parte de “la vida loca”. Después buscarán una “chavala decente” para tener hijos. El porvenir de las pasajeras del trencito es más complicado. Con frecuencia terminan ejerciendo el oficio.


No se sabe de ex pandilleras que denuncien ante las autoridades los atropellos de sus compinches de aventuras, parranda y delincuencia. La violencia sexual es no sólo ignorada sino incluso aceptada: un académico progresista no tuvo reparo en señalar que la pandilla libera sexualmente a las mujeres jóvenes. 


Marta tenía once años cuando en Barrancabermeja unos hombres la subieron a la fuerza a un camión con otros cincuenta menores de edad. Al llegar al campamento de las FARC los alinearon para empezar el adoctrinamiento. A los dos o tres días “un comandante me sacó del grupo y me llevó a un cambuche donde me violó, me golpeó y posteriormente me amarró. Allí duré una semana”. Su caso no es excepcional. “Era la regla y no la excepción… la cuota que las mujeres teníamos que pagar para estar en este grupo guerrillero”. El mismo rito de iniciación de las maras pero individual y no explícito. 


Sorprendentemente, en Colombia también hubo aval académico para esa salvajada. “Las FARC son un paso para la liberalización y la madurez femenina. Se rompe con los estereotipos tradicionales de lo femenino y lo masculino”, proclama una tesis universitaria, aunque los testimonios la contradigan.  Las campesinas “llegaban y como había muchos más hombres que mujeres entonces eran como los buitres: uy llegó carne fresca. Sin experiencia, los muchachos les caían y las muchachas se dejaban llevar” relata otra ex fariana.




A un comandante que manejaba mucha plata en efectivo “se le arrimaban las chinas porque él les daba regalos”. A Rigo “le gustaban las monas, altas. Y las conseguía. Como era el hijo de Marulanda…”. 


La rotación de parejas es constante. “El sexo es lo único feliz que había en mi vida”, cuenta una desmovilizada. “Pasaba el calor de las noches pero cuando amanecía terminaba todo porque era posible que esa misma tarde, chao, adiós. Y a hacer cuenta que no lo había visto. Más adelante conocía a otro, más adelante a otro. A olvidarse de ellos y a pensar en que no existieron”.


La aparente liberalidad era reprochada por los mismos compañeros. Según un ex fariano “la mujer pierde su feminidad… ellas empiezan en una cama, y a la siguiente noche están en otra cama… Hay mujeres que se acuestan todas las noches con uno diferente: porque les prestan una bolsa, porque les dan ropa interior o un champú, en fin …”. Por eso en la instrucción les advertían “ustedes confundieron FARC-EP con BAR-EP”.


“Ahora Lozada tiene otra mujer, una chica de 16 años, de tetas enormes. Esta muchacha tira con todo el mundo y es muy tonta” escribió Tanja Nijmeijer en su diario. El sexo casual está reglamentado: “para ese tipo de relación hay permiso los días miércoles y domingo pero hay que pedirlo. El compañero es con el que se está siempre”.


Al reinsertarse, como los pandilleros centroamericanos, los guerrilleros se buscan una mujer “decente” para tener hijos. Una antropóloga que entrevistó desmovilizados señala que todos los hombres afirmaron no tener ningún interés por una excombatiente como pareja.


Además, cual mafiosos, los guerrilleros han sido asiduos clientes de burdeles desde antes de vincularse. Una mujer del EPL recuerda que era “una manera de preservar y proteger a las masitas”, o sea a las jóvenes campesinas. En el año 2005, la revista Cambio señalaba que en Antioquia y el Eje Cafetero, “los grupos armados reclutan menores que son llevadas hasta Tame, Arauca, y de alli las envían a campamentos para que presten servicios sexuales a los combatientes”.


Otro síntoma de fuerte demanda por sexo pago es la alta incidencia de enfermedades venéreas que sin duda, en un entorno al que ellas entraban vírgenes y tenían prohibido relacionarse con civiles, fueron importadas por guerrilleros descuidados con el preservativo. Todo esto se calló por la paz.


Aunque pocas reinsertadas han reportado ser violadas en la guerrilla, siendo niñas cuando las reclutaron, queda la inquietud de si el camión en el que subieron a Marta no era en realidad un trencito camuflado.

lunes, 19 de septiembre de 2022

La justicia anglosajona

 Publicado en El Espectador, Septiembre 22 de 2022


En la tradición del common law el poder judicial es bastante independiente del ejecutivo y del legislativo. El origen de esta deseable separación de ramas fue tan simple como eficaz: el lenguaje. 


Difícil imaginar alguien más descarado en el poder que Donald Trump. A su abierta arbitrariedad para legislar con órdenes ejecutivas y cambios administrativos se le debe sumar su irrespeto con los derechos y libertades ciudadanas. Por sus abusos y excesos, los fiscales del Departamento de Justicia lo tienen acorralado. Examinan con lupa sus esfuerzos por anular las elecciones en las que fue derrotado. 


Trump no ha sido el único mandatario norteamericano en enfrentar reveses con la justicia. También han sido investigados Richard Nixon, Ronald Reagan, Bill Clinton y George Bush. El contraste con los tiranos latinoamericanos que disponen de fiscales y magistrados de bolsillo es marcado. 


A las cortes anglosajonas acuden corrientemente los ciudadanos comunes desde hace siglos. El adecuado acceso a la justicia, que desvela a los reformadores contemporáneos, fue difícil en sociedades medievales cuya justicia funcionaba en latín, que sólo comprendía y escribía una reducida elite. En Inglaterra, por el contrario, desde el siglo IX, “el lenguaje de la justicia era el lenguaje común”.


En Europa continental, los documentos legales se redactaban en latín,  “pero cuando dos señores debatían el precio de una propiedad o las cláusulas de un contrato no se comunicaban entre ellos en la lengua de Cicerón. Era labor del notario suministrar, lo mejor que podía, el ropaje clásico de su acuerdo… Así, el lenguaje técnico de la ley estaba de por sí desaventajado por un vocabulario que era de partida demasiado arcaico e inestable para acercarse a la realidad. Para el lenguaje vulgar, no tenía toda la precisión requerida” . 


Estos indudables costos idiomáticos, y la dificultad para resolver eventuales conflictos, se los ahorraron desde mucho antes los ingleses que negociaban, acordaban, formalizaban y resolvían conflictos en el mismo idioma que hablaban y escribían. 


Aunque la conquista de los Normandos en el siglo XI implicó un debilitamiento del inglés como lengua escrita pues la Corona adoptó el latín para los documentos oficiales, por esa inesperada vía se dio un verdadero y definitivo impulso a la separación de poderes, ya que las cortes del common law siguieron funcionando en inglés, mientras el monarca, que hablaba francés, legislaba en latín. Para entender las decisiones judiciales tenía que hacerlas traducir lo que, a su vez, implicó un temprano esfuerzo de recopilación de la jurisprudencia. Difícil concebir un diseño que garantice más independencia del poder judicial ante el ejecutivo que idiomas distintos utilizados por uno y otro. 





En sus orígenes, el Parlamento era una asamblea general de barones  de todo el territorio que se reunía esporádicamente para tratar los grandes asuntos del reino. Estaba por otro lado un pequeño grupo de asesores personales o ministros que le colaboraban al rey atendiendo cuestiones cotidianas. Hubo  ocasiones en que tales funcionarios fueron destituidos en bloque y cambiados por extranjeros, que hablaban otro idioma. Así, el poder ejecutivo y el legislativo podían no interactuar, ni siquiera entenderse por no compartir el mismo lenguaje. 





Para lograr el monopolio de la coerción, la Corona inglesa reguló la venganza privada. Guillermo el Normando decretó que sólo el asesinato del padre o del hijo justificaba una retaliación. Desde el siglo XI, el parentesco relevante para la justicia inglesa era la familia nuclear. 


Una medida con simples propósitos alcabaleros tuvo importantes repercusiones en dos campos cruciales: la capacidad estatal para recopilar datos –las cifras del Estado o estadísticas- y la de investigar las muertes violentas. Una multa, el murdrum, se imponía sobre toda comunidad donde apareciera un muerto y no se pudiera probar que era anglosajón, no normando. Hacia el siglo XIII, las diferencias entre aborígenes e invasores ya se habían desvanecido y el murdrum se había convertido en otra manera de cobrarle tributos a las localidades. El cálculo de estos impuestos dejó en Inglaterra unos registros de estadísticas centralizadas de homicidios realmente impresionantes para la época, mejores incluso que las disponibles en algunas sociedades contemporáneas. 


La vocación colombiana por los incentivos perversos ha implicado que muchas veces las comunidades violentas reciban más recursos estatales que las pacíficas. La corona inglesa, por el contrario, obtenía dinero adicional con cualquier muerte violenta. Para calcular el murdrum e inventariar las propiedades que se confiscaban, era necesario investigar las causas del homicidio, puesto que el pago dependía de la responsabilidad en un incidente. El coroner, institución que subsiste y corresponde al médico legista moderno, fue creada en 1194. Tenía varias funciones, pero una de ellas resultaría fundamental en el fortalecimiento de la justicia penal, pues implicaba diagnosticar a fondo todas las muertes violentas, por accidente, homicidio o bajo circunstancias sospechosas. En sus orígenes, los detectives y sabuesos del soberano fueron alcabaleros cuyo desempeño podía medirse. 

martes, 13 de septiembre de 2022

Las instituciones chilenas y las inglesas

 Publicado en El Espectador, Septiembre 15 de 2022


Es una ironía que cuando la izquierda global aún lamentaba el rechazo del voto chileno a un monumental revolcón institucional muriera la cabeza de la monarquía más antigua, rancia y estable del mundo.  



La élite jurídica hispana sigue aferrada al voluntarismo intenso, al fetichismo legal, pensando que lo fundamental es redactar minuciosamente todos los derechos sin tener la más mínima idea de cómo se van a ejercer ni quién los protegerá; sin mencionar los inevitables costos de hacerlos efectivos, sin siquiera ponerle atención a los rituales, protocolos y procedimientos que se irrespetan y pisotean con soberbia. 


Lo historia económica fue tal vez la primera disciplina en llamar la atención sobre las peculiaridades del entorno institucional anglosajón. En concreto, hace varias décadas quedó identificado como punto de quiebre del desarrollo occidental el arreglo logrado en el siglo XVII por el Parlamento inglés con la Corona que permitió restringir el poder de la última. Paralelamente, se señaló que un esquema similar no se pudo alcanzar ni en España ni Portugal. Así, explicar la diferencia en las condiciones institucionales que facilitarían el despeje capitalista se ha centrado en la disponibilidad de recursos extractivos de las colonias, que habrían debilitado las Cortes Españolas -el equivalente del Parlamento Inglés- frente a la Corona. Esta visión puramente fiscalista es bastante limitada. Múltiples factores, en campos tan variados como el lenguaje, la familia, las relaciones con la iglesia, la movilidad social durante el feudalismo, el sistema penal y la separación de facto de los poderes antecedieron, y ayudan a explicar, este incidente de índole tributaria. 


Las instituciones británicas, tan apreciadas por la economía, una disciplina cuya vertiente anglosajona terminó imponiéndose en el mundo, están bien lejos de poderse considerar universales pues se gestaron en una sociedad en extremo peculiar. Por esa misma razón, buscar transplantarlas a otros contextos puede resultar bastante problemático. Para la muestra un buen botón colombiano ha sido el experimento de la acción de tutela para el cual los constitucionalistas del kinder de Gavira supusieron alegremente que los jueces del common law surgirían espontáneamente en un entorno civilista. 



Varios elementos en los que ya existe consenso sobre su impacto positivo en el desarrollo aparecieron muy temprano en las islas británicas. Por esa misma razón, configuraron antes que en otros lugares un entorno institucional favorable al capitalismo no extractivo. La lista de peculiaridades institucionales inglesas incluye cuestiones como la aparición temprana de la familia nuclear, el monopolio efectivo de la coerción, la pacificación del territorio, una separación nítida y real de los poderes públicos -ejecutivo, legislativo y judicial- el control de la corrupción y los excesos del soberano, la separación del poder político y religioso, una sociedad no siempre igualitaria pero sí con canales de movilidad social basados en la acumulación de riqueza, y un desequilibrio más tenue entre los géneros. 


Lo que hace más interesante la experiencia inglesa es que muchas de las mutaciones sociales que acabaron configurando unas instituciones sólidas y estables no fueron el resultado de un diseño consciente sino que surgieron como consecuencias no intencionadas de alguna decisión tomada con otros fines. 


Un elemento básico pero fundamental para la coordinación de actividades en una sociedad es el lenguaje. Cuando es compartido y uniforme es más factible la cooperación que cuando se trata de un ámbito fragmentado. En Europa continental, a la variedad lingüística habría que sumarle el dualismo entre el latín como lenguaje de la élite educada y por mucho tiempo el único que se escribía, y el resto de lenguas y dialectos transmitidos por tradición oral. Por el contrario, “la vieja lengua Inglesa fue elevada desde épocas muy tempranas a la dignidad de una lengua literaria y legal. Fue el deseo del Rey Alfredo (849-899) que los jóvenes lo aprendieran en la escuela antes de que los más dotados pasaran al latín. Los poetas lo empleaban en sus canciones, que se escribían y recitaban. También era usado por los reyes en sus leyes;  por las cancillerías en los documentos legales preparados para reyes y magnates; y aún por  los monjes en sus crónicas. Esto era algo único en esa época, una cultura capaz de mantener el contacto en sus más altos niveles con el medio de expresión empleado por el grueso de la población”.


Este detalle lingüístico pudo facilitar la configuración de una sociedad más integrada como nación, igualitaria, propensa a dejar el registro escrito de los acontecimientos cotidianos, a acumular historia de manera más sólida que por medios orales y, por esa vía, celosa de su tradición y menos propensa a recrear de nuevo y desde cero sus instituciones ante cada propuesta novedosa de cambio social. Como tratan infructuosamente de hacer los idealistas, heterogéneos y diversos chilenos. Continúa

martes, 6 de septiembre de 2022

Patriarcado occidental y violencia machista

Publicado en El Espectador, Septiembre 8 de 2022


Mientras las agresiones contra las mujeres no se aborden de manera desmenuzada, congruente, rigurosa y con sindéresis se avanzará muy poco. 


Hace unos años, dos profesoras españolas editaron Raíces Profundas: La Violencia contra las Mujeres. Es una recopilación de escritos, sobre todo religiosos, para demostrar que los ataques están tan arraigados “que no resulta fácil su erradicación”. 


Un corolario de estos trabajos es que “el feminicidio es tan viejo como la sociedad patriarcal”. La arqueología de abusos ni siquiera menciona las agresiones de pareja en otras culturas. Implícitamente, una causa de los maltratos sería la tradición represiva judeo cristiana. Este planteamiento no concuerda con que esta influencia haya sido escasa o nula precisamente en las sociedades actualmente consideradas los peores lugares para que vivan las mujeres, como Afghanistán, Pakistán o Irán. En el otro extremo, los “mejores sitios en el mundo para nacer siendo niña” están en Europa y Norteamérica, cuyas instituciones provienen de la tradición religiosa que supuestamente fomentó la violencia contra la mujer.



Al evitar comparaciones con países que muestran alta incidencia de maltrato, estas historiadoras silencian que el fenómeno se ha dado en sociedades muy diferentes, lo que desafía la teoría de las raíces culturales. Tampoco explican por qué, desde hace siglos, no todos los hombres criados con valores judeo cristianos abusan o golpean a las mujeres. Ni siquiera se preguntan si han sido muchos o muy pocos los que lo hacen. 


Centrarse en la religión como factor de violencia caracteriza la segunda ola del feminismo. En los años sesenta, tras la primera ola, preocupada por los derechos políticos y el acceso a la educación, aumentó considerablemente la matrícula femenina en las universidades occidentales. Las estudiantes, profesoras y graduadas promovieron entonces cambios más ambiciosos y radicales pues muchas de las líderes provenían de movimientos de izquierda que buscaban el poder. A España esta tendencia llegó más tarde, por el franquismo, que también ayudaría a explicar la obsesión del feminismo ibérico con la Iglesia.   


Las nuevas corrientes doctrinarias fueron Freud, la Escuela de Frankfurt, y sobre todo el existencialismo y el marxismo, o sea el anticlericalismo. Simone de Beauvoir será la figura más influyente al señalar que mientras los varones hacen las leyes y moldean la cultura, el papel de la mujer queda reducido al matrimonio. La violencia de pareja se politizó, se vio “como una forma sistemática de control de las mujeres por los hombres”. 


De los ejercicios retrospectivos, y de la preocupación por cambiar radicalmente la sociedad, inquieta la escasa atención a políticas e intervenciones concretas, que permitan enfrentar la violencia de ahora, no la futura. No sorprende que las sugerencias o recomendaciones basadas en ese conocimiento histórico tengan alcance tan limitado: se reducen a un llamado genérico a fortalecer la educación, a cambiar la cultura, pero brillan por su ausencia acciones específicas. Es desesperanzador, por ejemplo, que una de las principales expertas colombianas en crimen pasional pregone que “para decir ni una menos, hay que dejar de criar princesas indefensas y machitos violentos”. Mientras tanto, ¿qué se hace ahora para evitar que haya víctimas hoy?


Más decepcionante resulta la inclinación reciente de la Corte Constitucional (CC) colombiana a recordar en sus sentencias esa lucha ancestral, sin establecer un vínculo con los incidentes concretos analizados, y sin que se aclare por qué evocar esa inercia contribuirá a prevenir agresiones. La Sentencia T-265/16, por ejemplo, resuelve una tutela interpuesta por acoso sexual laboral contra una consultora de la administración distrital, o sea un entorno inexistente en la mayor parte del pasado de la humanidad. La CC recuerda “esa desventaja a la que han sido sometidas a lo largo de la historia, que las ha dejado en un plano de exclusión por la tradición excluyente de la sociedad”. Se hace alusión a la mujer como “ser económicamente dependiente y por tal motivo sometida a la autoridad de los padres o del marido” cuando el caso analizado está mediado por un contrato laboral, no por un vínculo familiar, y la víctima es independiente: trabaja por su cuenta y denunció. Lo pertinente sería un diagnóstico sobre por qué en ciertas oficinas hay más acoso, para prevenirlo. 





La sentencia T 967-14, pregona que la violencia contra la mujer es un fenómeno con “causas sociales, culturales, económicas, religiosas, étnicas, históricas y políticas”. Concluye que se trata de “una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, que conduce a perpetuar la discriminación contra ésta”. 


Si, como lamenta la CC, la violencia de pareja se origina en una tradición milenaria alrededor del matrimonio “hasta que la muerte los separe”, las mujeres aferradas a la religión, que abundan en Colombia, ¿no reforzarán su creencia que una agresión sería voluntad divina ante la cual la justicia terrenal es irrelevante? Una víctima muy practicante, ¿optará por denunciar o por rezar?