Texto después de las gráficas
martes, 28 de junio de 2016
Give peace a chance
Texto después de las gráficas
miércoles, 22 de junio de 2016
Una despenalización realista
Carolina Sabino hizo evidente que el único acuerdo posible entre los bandos irreconciliables ante el aborto es eliminar la amenaza de cárcel.
Así ocurrió en Portugal, país religioso, donde se aprobó la despenalización por referendo, derogando una legislación represiva. Vigente desde 1984, la ley se basaba en el sistema de excepciones, similar al colombiano y al español hasta 2010, pero aplicado de manera estricta, con certificados médicos severos y sin flexibilizar la causal de salud mental, como se hizo en España y algunas activistas proponen para Colombia.
A principios de 2002, en Maia, 43 personas fueron judicializadas por aborto. Sólo dos mujeres confesaron: una, madre soltera y desempleada, recibió una pena de cuatro meses y para la otra el caso prescribió. Dos años después, en Aveiro, hubo un proceso contra siete mujeres y sus “cómplices”, todos de escasos recursos económicos. Fueron absueltos, pero en segunda instancia tres de ellas resultaron condenadas.
El juicio de Aveiro encendió el debate. Una solicitud con 121 mil firmas fue presentada al Parlamento para convocar un referendo a favor del sistema de plazos, que permite a la mujer decidir dentro de un límite de tiempo. Por primera vez, miembros del partido conservador aceptaron suavizar la ley vigente. El obispo de Oporto declaró que criminalizar el aborto no era una solución. Los sondeos indicaban que cerca del 80% de la gente apoyaba la despenalización. En Colombia, tras el incidente Sabino, la proporción debió ser similar, pero nadie se interesó en medirla, ni usarla como herramienta política.
En 2005, con la victoria socialista, el primer ministro Jose Socrates prometió someter a referendo el sistema de plazos. El parlamento aprobó la decisión. El veredicto de segunda instancia del proceso de Alveiro fue crucial en la discusión. Los sectores pro aborto (comunistas, sindicatos, feministas) le pidieron al parlamento legislar sin someterse al escrutinio popular. En Febrero de 2007, con 60% de los votos, los portugueses aprobaron por referendo la despenalización. El parlamento no estaba obligado a legislar, pero lo hizo y ratificó la voluntad popular. El Tribunal Constitucional confirmó la decisión y la ley entró en vigor en Julio del mismo año.
La pregunta del referendo portugués fue simple: “¿está de acuerdo con la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo, si se realiza, por opción de la mujer, en las diez primeras semanas, en una instalación sanitaria legalmente autorizada?". Después de un debate político centrado en el absurdo de perseguir judicialmente, y amenazar con cárcel, a las mujeres que abortan, apoyar algo así requiere simplemente realismo y compasión.
Para ganar un referendo sobre algo tan controvertido es indispensable centrarse en lo que genera acuerdo, no en lo que divide. Aporta poco repetir que abortar es un derecho fundamental, ignorar varias semanas del nasciturus, insistir que es parte desechable del cuerpo femenino o especular sobre el momento que empieza la vida. En esos asuntos jamás habrá acuerdo. Las discusiones encarnizadas o afirmaciones irresponsables como “yo también defiendo la vida, pero no cualquier vida”, agravan la polarización y el rechazo. Tampoco ayuda inflar la incidencia, desconocer la realidad del aborto farmacológico casero -que debilita el argumento de salud pública- o proponer un plazo de 24 semanas, atípico en el mundo. Las colombianas judicializadas por aborto deberían jugar el papel central en la lucha por despenalizar. Es en esas historias donde cualquiera, sin discusiones bizantinas, capta la injusticia de la criminalización.
Nunca entendí por qué la sentencia C-355, que mantiene la prohibición para prácticamente la totalidad de los casos reales de aborto, se presenta como un cambio significativo. Dejé de sentirme despistado y aguafiestas al releer una columna de Carolina Sanín sobre esa “equívoca concesión”, escrita cuando la caverna intentó tumbarla: “el principio mismo de “casos de excepción”, me parece inconducente a un reconocimiento de los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres… La mujer sigue sin tener el derecho de elegir, y la potestad pasa de manos del legislador a las del médico”.
La absurda cifra de 400 mil abortos clandestinos anuales –incoherente con la pretensión de que ya no es delito- sólo ha servido para que la oposición declare luto por “la muerte de más de 4 millones de colombianos que hubieran podido nacer”. El misterio de partidarios de legalizar el aborto festejando que siga prohibido es tan inexpugnable como el desacierto político de ignorar la “resistencia civil” espontánea que impidió una judicialización. La beneficiaria de esa despenalización, informal pero contundente, critica a la Fiscalía por aprovechar “una historia tan personal para violentar mi integridad como mujer”. ¿Cómo no se le saca partido a ese Sabinazo, ni a la reversa en la investigación, con disculpas de los sabuesos, pero sí se celebra el décimo aniversario de una jurisprudencia tibia, timorata y tan conservadora como la ley que cayó por referendo en Portugal?
Colprensa (2016) "“La Fiscalía violentó mi integridad como mujer”: Carolina Sabino". El Colombiano, Mayo 4
EE (2016). "Florence Thomas habla sobre los diez años de la despenalización del aborto". El Espectador, Mayo 5
Express (2007). "Le Portugal dit oui à l'avortement". L'Express, Fév 12
Gonçalves, Cátia (2011). "La politique de l’avortement au Portugal". Sozialpolitik, April
LM (2007). "Légalisation de l'avortement au Portugal : victoire du "oui"". Le Monde, Fév 12
Natali, Joao Batista (2004). "Portugal absolve 17 em processo de aborto". Folha de Sao Paulo, Fev 18
PM (2007). "Référendum sur l'avortement au Portugal". Portugal Manía
Rubio, Mauricio (2016). "El mito de los 400 mil abortos en Colombia". Revista de Economía Institucional, Vol 17 Nº 33
Sanín, Carolina (2011). "Una sentencia sin principio". El Espectador, Oct 23
SVSS (sf) "Après de longues années de lutte, le régime du délai est substitué à la loi restrictive sur l'avortement.". SVSS POur le droit au Libre Choix
martes, 14 de junio de 2016
I am hispanic, and gay
Blinder, Alan, Jack Healy and Richard a. Oppel (2016) “Omar Mateen: From Early Promise to F.B.I. Surveillance”. The New York Times, Jun 12
Cauterucci, Christina (2016). “How Queers Are Using Joy to Heal After Orlando”. Slate, June 13
LM (2016). "Obama et le FBI convaincus que le tueur d’Orlando a été « radicalisé » sur Internet". Le Monde, Juin 13
Prévôt, Olivier (2016). "Attentat d’Orlando: Omar les a tués. Une brève histoire moderne de l’homosexualité". Causeur, Juin 15
martes, 7 de junio de 2016
El lunar de la adopción gay
Columna después de los memes
Agacinsky, Sylviane (2009). Corps en Miettes. Paris: Flammarion
Kamin, Debra (2015). "Israel Evacuates Surrogate Babies From Nepal but Leaves the Mothers Behind". Time, Apr 28
Levin, Joe (2015). “Babies Born To Surrogate Mothers In Nepal For Gay Israeli Couples Flown Out From Nepal To Tel Aviv”. Totpi.com, April 28
Madsen, Elainie et. al. (2010) . “Kinship and altruism: A cross-cultural experimental study”. British Journal of Psychology, Volume 98, Issue 2, pages 339–359, May
Palomino, Sally (2014). “El alquiler de vientres aún no tiene reglas claras en Colombia”. El Tiempo, Sep 6
_______________(2015) "Colombia busca casa para todos sus niños huérfanos", El Tiempo, Nov 13
Rubio, Mauricio (2013). “El meollo de la adopción por parte de parejas gays”. El Espectador, Feb 6
Uprimny, Rodrigo (2013). “Adopción igualitaria y alquiler de vientres”. El Espectador, Mar 16
martes, 31 de mayo de 2016
Fantasías queer
Homofobia e ignorancia se refuerzan, y la militancia ayuda. Con pasmosa incongruencia, el activsimo LGBT alimenta antagonismos desde la familia, donde nace el gay.
Un homosexual entrevistado por Francisco Celis anota que siempre lo fue: “es algo biológico”. Para un militar, “uno nace marica, que se reprima es otra cosa”. Testimonios de gais por naturaleza son comunes, y existen hace más de un milenio, cuando el médico Qusta ibn Luqa habló de homosexualidad hereditaria. En el juicio en su contra, en 1317, el franciscano Arnaldo de Verniolle declaró que “su naturaleza lo había inclinado a cometer el pecado”.
El repudio a la homosexualidad depende de las creencias sobre su origen; empezó a ceder hace un siglo cuando gais alemanes insistieron que era innata y no podía ser pecado, ni crimen. El médico Magnus Hirschfeld mencionaba centros cerebrales que la definían. Con encuestas exhaustivas mostró a los homosexuales como eran. Los nazis, que quemaron sus libros, la consideraban enfermedad infecciosa; los comunistas, neurosis burguesa. Para los islamistas, la concupiscencia contra natura justifica la pena de muerte; ahí también radica el pecado para la Iglesia. En 1992 una encuesta mostró que los norteamericanos convencidos de que los gais nacen aceptaban mejor que enseñaran, o legalizaran sus uniones.
Para Simon LeVay, neurólogo gay, los homosexuales tienen “conocimiento privilegiado sobre su propia naturaleza”, y compartirlo con respaldo científico ha facilitado su asimilación. En “Biología de la Homosexualidad” el neuroendocrinólogo Jacques Balthazart expone lo que se sabe. Una síntesis la hizo aquí Klaus Ziegler. El lesbianismo se comprende menos: según un estudio con gemelas, 25% estaría genéticamente determinado, pero de manera más cambiante y sensible al entorno.
Sin lecturas especializadas, un indicio de homosexualidad innata es el fracaso de los esfuerzos para alterarla. Paradójicamente, la militancia LGBT endosa la visión que genera rechazo. La teoría queer postula que orientación e identidad sexuales no dependen de la biología. El activismo generalizó esta hipótesis propuesta para transexuales -el 0.2% de la población- a pesar de que fortalece prejuicios. Trans célebres cuentan en público que “escogimos nuestro género libremente”. Si la “norma heterosexual” se puede desafiar, también es factible que familias con hijo gay traten de encauzar o revertir tal decisión; sobre todo si les machacan que la homofobia es insoportable, mortífera, otra construcción militante basada en experiencias de transexuales.
Neurología, genética, hormonas o cualquier evocación de predisposiciones innatas, tienen una connotación conservadora, fascista, que horroriza a mucha gente, incluso a un activismo doctrinario, casi reaccionario. Olvidan que gracias a la ciencia se superaron las supersticiones, y que la endocrinología ha sido crucial para las poquísimas personas con discrepancias entre sexo y género.
Lo aprendido y enmendable es la homofobia, tara cultural que empieza en las familias. Aceptar la homosexualidad puede ser tan sencillo como tenerla cerca. Sin embrollos religiosos o queer, parientes de personas LGBT entienden que así nacieron y no hay nada que hacer, ni reprocharles. Opinando sobre la “comunidad del anillo”, la madre de un policía anota: “una cosa es que genéticamente nazca homosexual y bueno eso es respetable, pero otra que por acoso terminen siendo maricas”.
Opacar la naturaleza gay confunde, enreda discusiones, polariza, y agudiza la homofobia. Insistir en baños “género neutrales” implica contrariar a todas las mujeres con ese indiscutible retroceso sanitario. La “guerra de los baños” en un colegio gringo se inició cuando AJ, que era mujer, quiso usar el de hombres. “Es como si yo entrara al de ellas con una peluca”, anota uno de los indignados que rechazan normas impuestas por una minoría entre minorías aclarando, con camisetas de “orgullo heterosexual”, que “todo el mundo tiene derecho a ser quien es”. Muchos europeos se oponen al matrimonio igualitario porque les irrita que en las escuelas se afirme que el sexo no importa, y que el género es una búsqueda personal. En Colombia también se enseña esa fábula, que en hogares creyentes debe afianzar la noción de pecado, y ayudaría a explicar la alta proporción (1 en 3) de jóvenes que aún ven la homosexualidad como enfermedad mental. La teoría de género no combate la ignorancia, la consolida.
Si la militancia siguiera a Hirschfeld, exigiendo respeto sin retorcer la realidad, disminuiría la oposición a sus demandas, revueltas con una doctrina estrambótica, contraria a la ciencia y al sentido común. Para profanos, el discurso queer produce desconfianza y crispación, aparte de la homofobia: es la respuesta a una facción sectaria que, orgullosamente transgresora, alcanza a ser condescendiente con la gente incapaz de emanciparse de su heterosexualidad “asignada”. La jurisprudencia no basta para la tolerancia, mucho menos imponiendo fantasías con displicencia. Para vencer prejuicios toca reconocer los propios, respetar la evidencia y ser congruente; mejor dicho, bajarse de la nube.
Baird, Vanessa (2004). Sex, Love & Homophobia. Amnesty International
Balthazart, Jacques (2010). Biologie de L'homosexualité. Wavre: Mardaga
Celis Albán, Francisco (2002). Colombia erótica. Bogotá: Intermedio
Diamond, Lisa (2008): "Female Bisexuality From Adolescence to Adulthood: Results From a 10-Year Longitudinal Study". Developmental Psychology, Vol 44 Nº 1
Fone, Byrne (2000). Homophobia. A History. New York: Metropolitan Books
LeVay, Simon (1996). Queer Science. Cambridge: MIT Press
Rendón Daniela (sf) "El ABC de la Teoría Queer". Espolea
Rubio, Mauricio (2016) "La teoría de género y sus estragos". El Espectador, Ene 16
_____(2015) "Cómo tener un hijo gay". El Espectador, Dic 9
_____________ (2016). "“Nosotros escogimos nuestro género libremente”. Maxim Februari y Brigitte Baptiste en FILBO". Semana. com, Abr 28
_______ (2016) "La vida me preparó para tener un hijo homosexual", Mayo 7
Suárez García, Carlos Ignacio (2002): "El camino espiritual de la persona homosexual". Tesis de Doctorado en Teología, Medellín: Universidad Pontificia Bolivariana, Facultad de Teología
Ziegler, Klaus (2014) "Homosexualidad y superstición". El Espectador, Oct 8
viernes, 13 de mayo de 2016
La etarra insumisa
Texto después de la columna
A Dolores González Cataraín, Yoyes, la asesinaron en 1986 frente a su hijo de tres años. “Estás muerta”, le dijo un amigo unos días antes. Aunque su vida peligraba, rehusó tener escolta. ETA no le perdonó ser insumisa. Por diferencias con la organización, en 1980 había viajado a México, donde estudió sociología y decidió ser madre. “Un hijo es salir de la muerte”, escribió en su diario al nacer Akaitz. En 1985 se acogió a un plan de reinserción y regresó al País Vasco. Aparecieron los “traidora”, “chivata” (sapa) y “cobarde” en paredes y en la prensa afín a la banda.
De niña, soñaba con ser monja misionera. Fue la típica revolucionaria privilegiada que luchó por los demás. Creció en un hogar sin dificultades, con afecto y alegría. Como Tanja, las universitarias del M-19 y las revolucionarias bolcheviques, tuvo inquietudes políticas precoces. También fue temprano su irrespeto a la autoridad. Un día, cansada de hacer palotes (planas de caligrafía) por orden de la sor, le advirtió: “cuando yo sea monja y tú niña, te mandaré hacer palotes toda la tarde”. En sus lecturas, Marx y Lenin sucedieron al jesuita Martín Vigil. Creyente y practicante, por esa vía llegó a la justicia social. Le leía a su hermana fragmentos de la vida de San Juan de la Cruz y le decía “tengo unas ganas terribles de hacer algo por Dios, es decir, por los demás”.
Ingresó a ETA con 17 años a una célula de sólo mujeres. Liderando un “comando de chavalas”, Yoyes mostraba que la mujer “se debía integrar en la lucha al mismo nivel que el hombre”. Estudiante en San Sebastián, pasaba mucho tiempo con un etarra que se enamoró de ella sin convencerla. “No me siento atada a tí. No quiero que me sigas queriendo siempre”. Militó sin ceder a los caprichos de los guerreros.
Al exilarse en Francia quedó bajo la tutela de José Miguel Beñarán y lo sucedió en la dirección del aparato político etarra. Fue muy crítica de la estrategia militarista y del partido que la respaldaba. “¿Cómo me voy a identificar con dirigentes que lo único que saben es aplaudir los atentados de ETA y pedir más muertos?”. Cuando murió Franco, se instaló en Bayona donde conoció a quien sería su esposo y padre de su hijo, Juanjo Dorronsoro. Trabajó con grupos feministas. Nunca tuvo grandes certezas, enfrentaba los dilemas: “si hablo de un objetivo o una lucha, dejo de lado el feminismo; y si hablo de la igualdad de condiciones para la mujer, dejo de lado la lucha política”.
En abierto contraste con esta mujer, la más reconocida de las etarras, las insumisas de las FARC, mezcladas con las capturadas en el grupo de “reinsertadas”, han sido relegadas, ignoradas, más que las víctimas civiles. Están en un limbo, no tienen voz, a pesar de ser numerosas, tal vez más que las guerrilleras activas. La campaña “soy capaz”, que anunciaba algún compromiso con ellas, pasó sin pena ni gloria. La telenovela La Niña es una voz en el desierto. Con el beneplácito de la mitad de la mesa de negociación, que las considera traidoras, en medio de una retórica de paz y rescate de la memoria, nadie se interesa por las mujeres que arriesgaron su vida por dejar la guerra, y conocen su entraña. El protagonismo es para combatientes que maquillan las realidades del conflicto desde La Habana, o en los campamentos ante periodistas gringos. El comandante Teófilo Panclasta, por ejemplo, presenta el reclutamiento de jóvenes prostitutas como labor social de las FARC. El encarte y celo oficial con las reinsertadas es desconcertante. Sin consultarlas, llegan a impedirles que hablen de su vida en la guerrilla, mucho menos de los abusos sufridos.
La historia correcta de las mujeres en las FARC la están dictando los comandantes, que se proclaman sus redentores. Yoyes mantuvo control de sus recuerdos, y dejó impresiones sobre su esposo, que nunca fue etarra. “Quiero a este hombre sencillo con pinta de artista, andar de libertad y una gran ternura en los gestos, en la voz, en las manos, en la mirada, cuando está conmigo; siempre con la palabra precisa a mi pregunta, a mi tristeza”. En la nueva versión pasteurizada de los romances en la guerrilla tal vez nos cuenten que reflexiones así son usuales entre farianas.
Casey, Nicholas (2016). "A Former Girl in Colombia Finds 'Life Is Hard' as a Civilian". The New Yor Times, April 27















