sábado, 13 de abril de 2013

Las guerrilleras y sus admiradoras



“Las FARC son un paso para la liberalización y la madurez femenina. Es decir, se rompe con los estereotipos tradicionales de lo femenino y lo masculino. La mujer que ingresa a las FARC deja de ser una mujer subordinada, maltratada, sin importancia, dedicada exclusivamente a las labores domésticas para convertirse en una mujer libre, importante como consecuencia de su rol dentro de la organización y con poder dado por el arma que porta”.


Esta conmovedora Oda a las Farianas no sale de Anncol, ni es la transcripción de alguna de las entrevistas concedidas en la Habana por Tanja Superstar. La tomé de un trabajo de grado, pero no de la Universidad Patricio Lumumba o de una militante de la JUCO. Se trata de una tesis Uniandina. 


No es un texto de hace varias décadas cuando, con la crema de la intelectualidad, los estudiantes se atrevían a pensar empezando a luchar y el modelo de guerrillera era la Chiqui que doblegó a Turbay. Tampoco se trata de uno de esos trabajos que se hacían en la biblioteca leyendo doctrinas decimonónicas que luego se rumiaban en un bailadero de salsa. Es una investigación reciente con minucioso trabajo de campo y entrevistas a profundidad con una docena de desmovilizadas de las FARC. 


La solidez del planteamiento sobre la emancipación de las guerrilleras así como la sindéresis de la autora se hacen evidentes con algunas citas complementarias. 


“Cuando la mujer decide tener un compañero estable, la pareja plantea su situación al comandante y él decide si se puede o no se puede aceptar … nada de andar dándolo por ahí al uno y al otro porque allá eso es jodido, allá la disciplina es berraca”.


 “(Las campesinas) llegaban y como había muchos más hombres que mujeres entonces eran como los buitres: uy llegó carne fresca. Entonces las muchachitas sin experiencia, los muchachos les caían y las muchachas se dejaban llevar”.


“(A las peladas) las paran delante de todo el personal de la compañía y les han dicho: ustedes confundieron FARC-EP con BAR-EP, y les han dicho si ustedes quieren ganarse el cartón de prostitutas por qué no se quedaron en la civil”.


“Al indagar si las mujeres tenían la posibilidad de tener un compañero sentimental civil se afirmó que a ellas no les era permitido tener ese tipo de relaciones … a los hombres sí”.


A la politóloga el asunto de la anticoncepción forzada no le parece una imposición, aunque para las mujeres entrevistadas “es como una norma que uno tiene que cumplir allá, uno siendo guerrillera y poniéndose a tener hijos sabiendo que no los puede tener allí”.


“Un hijo le robaba la moral al guerrillero, le quitaba el amor revolucionario por el amor de ellos. Es por eso que dentro de las FARC se tiene establecido que las mujeres que queden en embarazo tienen que abortar … Pese a esa norma hay ocasiones en las que a las mujeres se les permite tener su hijo pero son sancionadas … desde cargar 100 viajes de leña, hacer trincheras, cortar a machete el monte para poder sembrar”.


“Cuando nace el bebé las dejan los primeros meses y después el bebé es entregado a una familia que lo pueda mantener”.


No sólo el mamertismo le restó sentido común, base empírica y pertinencia a los debates en el país. Esta tesis es una muestra, que da grima, de los estragos del discurso sobre el enfrentamiento universal entre géneros cuyo corolario local, según la graduanda, es que una actividad criminal con renuncia total a los derechos sexuales y reproductivos, es preferible a la vida de muchas colombianas que, sin poder ilustrarse y forjarse una carrera en las cumbres de los Andes, optan por el guión estereotipado de la pareja, los hijos y la crianza.