lunes, 9 de septiembre de 2019

El enredo con la trata de colombianas


Nadia Murad, Nobel de la paz 2018, fue violada y secuestrada por militantes del Estado Islámico. La vendieron como esclava sexual pero pudo escaparse antes de que la obligaran a prostituírse, una práctica usual de ese grupo.


Raptar mujeres para forzarlas a vender sexo requiere un mínimo de capacidad militar. No todas las organizaciones armadas ilegales se involucran en ese complejo negocio. De las múltiples y variadas mafias existentes en Colombia, ninguna se ha dedicado a la trata de mujeres. Por eso son escasos los testimonios de prostitución forzada, rufianes o chulos, comunes en otras sociedades y épocas, como Argentina a principios del siglo XX. El reclutamiento de menores para los comandantes guerrilleros es violencia o esclavitud sexual, pero no prostitución.

Los capos colombianos han sido siempre clientes asiduos de la prostitución, rara vez proveedores. Para esmeralderos y narcos en sus épocas de oro, las prepago hacían parte del consumo suntuario habitual y de sus relaciones públicas con los politicos. Entre guerrilleros y paramilitares hay testimonios sobre contratación de prostitutas para la tropa, no sobre raptos y proxenetismo. Las noticias sobre explotación sexual de menores siempre son confusas, sin ningún testimonio verosímil, ni esfuerzos de reportería. Se trata de simples cajas de resonancia de ONGs, militantes y de “autoridades competentes” que con frecuencia, en otros países, están involucradas en la trata.

No sorprende el desparpajo con el que Liliana del Carmen Campo, la célebre Madame cartagenera acusada de liderar una red de proxenetismo habla de su caso, que califica de verdadero circo. “Solamente le faltan los payasos” anota socarronamente. Ya en serio aclara que jamás ha trabajado con menores. “Nunca he tenido en mis grupos ni siquiera chicas de 18 años. Las que iban a mis eventos lo hacían por su voluntad”.

Es bien extraño que en los últimos “desmantelamientos” de supuestas redes de proxenetas de menores realizados en Colombia hayan estado envueltas autoridades norteamericanas. Sorprende, por ejemplo, que en el operativo contra Liliana Campo en Cartagena haya participado la agencia estadounidense HSI (Homeland Security Investigations) y en el de Leonarda Camara, la “Madame del Amazonas”, realizado en Puerto Nariño, haya cooperado el Servicio de Seguridad Diplomática de la embajada de los Estados Unidos. Fuera de deformación, dramatismo y sesgos, o de canitas al aire -como la del escolta de Obama con Dania Londoño- ¿qué pueden aportar agentes de seguridad adoctrinados con que la prostitución, así sea de mujeres adultas, es un crimen? Sin querer queriendo, el puritanismo anglosajón, esta vez con fachada feminista, está metiendo al mundo en una cruzada tan perversa como la de las drogas.

Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud 2015 (ENDS), 0.3% de las colombianas han sido forzadas alguna vez “a tener sexo por dinero”. El grueso (84%) de este sometimiento fue ejercido por personas conocidas, sobre todo familiares (48%). Entre menores de edad, la participación de parientes aumenta al 60%. Suponiendo que cualquier partícipe del comercio sexual –taxista, recepcionista de hotel, agente de viajes- hace parte de una organización criminal, máximo una de cada siete de las adolescentes obligadas a vender sexo en el país habrían sido víctimas de traficantes. La prostitución forzada en Colombia es más una extensión del abuso sexual, o una perversión del matrimonio por conveniencia familiar, que tráfico de mujeres por mafias, generalización tercamente manufacturada por feministas anglosajonas y hoy extendida al resto del mundo por ONGs y agencias multilaterales.

Una encuesta realizada en Bogotá en 2018, muestra que tan solo una de cada nueve prostitutas reporta haber sido forzada alguna vez a vender sexo y, de nuevo, la gran mayoría lo fueron por parientes o conocidos. Así, menos del 1% de quienes ejercen la prostitución en la capital han sufrido coerción de extraños, un dato que corrobora el limitado papel de las mafias en la inducción al comercio sexual colombiano. Esta encuesta, como la ENDS, muestra una fracción mayor, aún pequeña pero crítica, de menores de edad forzadas a la prostitución no por misteriosos traficantes sino por sus propias familias. Confundir a la ligera esos dos tipos victimarios es un enorme desacierto para la prevención. Con la posible excepción de las cárceles, el peligro está menos en el bajo mundo que en unos cuantos hogares.

A finales del siglo XVIII se señalaba que en Latinoamérica “algunas esclavas negras fueron destinadas por sus amos a esa profesion (prostitución). Lo hicieron compelidas por la fuerza. Al ser esclavas no podían rehusarse”. Por la misma época, el alcalde de Santa Fe de Bogotá lamentaba que “por más que procuro cortar el delito de amancebarse con los soldados, no es posible conseguirlo porque cada vez crecen más en este vecindario las mujeres prostitutas que, aún apartándose de ellas, los persiguen a los mismos cuarteles”. A pesar de los esfuerzos por “limpiar esta República de mujeres mal entretenidas y entregadas a un libertinaje el más desenfrenado”, el Comandante de esa plaza no podía “contener a los soldados en los términos que desea por la provocación de esas mujercillas tan prostitutas que, abandonando los Pueblos y Parroquias de afuera de donde son oriundas, se acogen a esta ciudad para vivir a su entera libertad”. Esta es una somera y reaccionaria descripción del libre albedrío de féminas rebeldes, no la resignación de víctimas. Como muchas mujeres, la mayoría de las prostitutas colombianas huían de sus familias y emigraban a la capital sin proxenetas. Hoy lo hacen, también autónomamente, a otros países.

Cuando la esclavitud y la servidumbre incondicional estaban establecidas y aceptadas, con patriarcado intacto, riesgo sanitario sin antibióticos, condena religiosa a las pecadoras, “oprobio y estigma” de vecinos, amenaza de encarcelamiento o destierro, a muchas de las llamadas mujeres públicas las forzaban a dejar su oficio, no a practicarlo. Y reincidían. En 1790, “por su excesivo número se procedió al llamado depósito de las mujeres de vida licenciosa… se creó la casa de recogidas”. Ese mismo año, la diócesis de Bogotá dispuso comprar una casa “en que se encerrasen las mujeres escandalosas”. Eran lugares de reclusión, no refugios.

Décadas de cartilla feminista e ingentes recursos puritanos deformaron por completo el sentido del término coerción en el comercio sexual, arrebatándole a ciertas insumisas su capacidad de agencia para encasillarlas en la difusa categoría de víctimas sexuales. Esa burda simplificación dificulta no solo regular la actividad voluntaria, sino prevenir la prostitución de menores y  combatir eficazmente la trata.

REFERENCIAS

BBC Mundo (2019). “Madame del Amazonas: cae red de explotación sexual que traficaba con niños en Colombia, Brasil y Perú”. Feb 15

Domínguez Gómez, Libia Paola (2012). “Dania Londoño, en busca de conquistar mundo empresarial”. El UniversalJun 7


El Universal (2018). “Te doy la misma cuota y ya van a venir amaestradas”: los audios de 'Madame'. Agosto 7



Kaval, Allan (2018). “Nadia Murad, des chaînes de l’Etat islamique au prix Nobel de la paix”. Le MondeOct 5

Morris, Loveday (2018). “Murad’s story is one of unbelievable bravery and survival. It’s also one of thousands”. The Washington PostOct 5
Monge, Yolanda (2012). “El escándalo de los escoltas de Obama en Cartagena se extiende”. El PaísAbr 17

Morris, Loveday (2018). “Murad’s story is one of unbelievable bravery and survival. It’s also one of thousands”. 
The Washington PostOct 5


Olivos Lombana, Andrés (2018). Prostitución y "mujeres públicas" en Bogotá, 1886-1930. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana

Orozco Ramos, Dalida (2018). “Mi caso es un circo, solamente le faltan los payasos”: ‘la Madame’. El HeraldoSep 17


Rubio, Mauricio, Marlene Espitia y Patricia Mugno (2018). "Encuesta de Servicios Sexuales en Bogotá", Metodología, Formulario Frecuencias Simples
















domingo, 8 de septiembre de 2019

Las farianas, de Marquetalia al posconflicto

Texto después de las gráficas







Inicialmente, en las Farc casi no había mujeres combatientes. Durante los ochenta aumentaron y rejuvenecieron. Desde el Cagúan se diversificaron tanto que es un despropósito asimilarlas todas a campesinas que volverán al terruño.

Cuando Jacobo Arenas llegó a Marquetalia en 1964 para informarle a Marulanda del ataque a la región, “52 campesinos y dos mujeres” de la autodefensa campesina decidieron evacuar. Según testimonios recogidos por Arturo Álape, “en el grupo móvil éramos 27, incluyendo tres mujeres”. Con esos superávits masculinos, se entiende que hubiera prostitutas. Arenas menciona “mujerzuelas de mala muerte” que creían infiltradas del ejército. Tirofijo habla del desbalance y del peligro de espionaje en los amoríos fugaces. 

En los setenta, con cuadros urbanos, todavía hay poquísimas guerrilleras. Jaime Bateman, fundador del M-19 y mujeriego empedernido, tuvo que controlarse en las Farc. “Con tan pocas mujeres, se desesperan los que no tienen compañera”. Por eso las relaciones debían ser monógamas y estables: “no puede permitirse la infidelidad”, sentencia, pues sería “facilísimo que un comandante ejerza privilegios sexuales o que una guerrillera que pase de hamaca en hamaca la liquiden”. Las relaciones furtivas con campesinas eran imposibles porque las familias se quejaban de que “las muchachas no podían salir solas”. Bateman no lo cuenta, pero seguramente visitaban burdeles pueblerinos. 

Según datos de la Memoria Histórica, el reclutamiento de menores y mujeres empezó veinte años después del nacimiento de las Farc y el ELN. Corroborando esa información, en la visita que Alma Guillermoprieto, periodista mexicana, le hizo a Tirofijo en 1986, la sorprendió su escolta, “conformada básicamente por mujeres jóvenes… los comandantes estaban envejeciendo, (pero) guerrilleros y guerrilleras eran de una juventud asombrosa”. 

Otro quiebre del reclutamiento ocurrió en el Caguán. Las Farc mantenían gran prestigio por su poderío económico, un territorio sin persecución militar y haber dejado plantado al presidente al iniciarse los diálogos. Las solicitudes de ingreso crecieron tanto que saltaron los filtros: entraron campesinos, infiltrados y delincuentes. Según una reinsertada, “cuando llegué a la guerrilla, era indispensable pertenecer a una familia conocida. Pero en el despeje, los reclutadores iban a zonas cocaleras, donde había cientos de raspachines y andaban en moto, con buenas camisas, jeans, lociones… En las discotecas, ya borrachos decían: ¿por qué no ingresan a la guerrilla? Allá tienen de todo, van a vivir muy bien”. Los burdeles eran supervisados por guerrilleras armadas hasta los dientes y con muchas joyas que fungían de autoridad. El imán fue poderoso: en San Vicente “niños, niñas y jóvenes solicitan (a distintas autoridades) que intercedan para su ingreso a las FARC”. Tirofijo proclamaba “tenemos una norma: reclutamos de 15 años en adelante”.

Entrevistada cuando lanzó en Argentina el libro sobre su cautiverio, Ingrid Betancourt anotó que "en general las guerrilleras ejercieron antes la prostitución, por lo que ven las FARC como un ascenso". Según Luis Eladio Pérez, también secuestrado, “la guerrilla recluta mujeres que han sido prostituidas casi desde niñas, y para ellas ser guerrilleras representa una opción de vida”. Una secuestrada anotó en su diario que de las siete mujeres del frente una había sido prostituta. Sospechaba de otra que “tiene su caleta decorada con hebillas, moños, esmaltes, maquillaje y maripositas” y cuya torpeza como combatiente era evidente. 

Eladio Pérez quedó desconcertado cuando lo llevaron al Caquetá para agruparlo con otros rehenes. “La guerrilla mandó muchachas bien chuscotas. No sé si eran guerrilleras o prostitutas pagadas para que entretuvieran el puesto de policía”. Su confusión persistió con el trueque de favores por sexo de las rangueras, “guerrilleras que tienen amores o se asocian con los guerrilleros de cierto rango (que) se pueden dar el lujo de comprarles un detalle”. Así, la mujer que había vendido sexo en zona cocalera antes de ser fariana, competía con jóvenes reclutadas vírgenes en regiones campesinas y “se siente superior a las demás”. Esas otras relegadas bien podrían ser Rosas Blancas que luego desertaban. 

Las prepagos de narcos, paramilitares o esmeralderos eran siempre aventuras fugaces, paralelas a la familia. Pero en las Farc una ranguera sexualmente experimentada no sólo obtenía beneficios económicos sino podía enamorar al comandante para organizarse y tener hijos sin que la obligaran a abortar. 

El ingenuo supuesto habanero de una guerrilla homogénea -campesinos y campesinas soñando cultivar su parcela- pasó factura con las disidencias. El candoroso guión aún requiere ajustes: Basta Ya, memoria oficial del conflicto, sólo ve prostitución forzada, ignorando el pujante comercio sexual alrededor de la coca. El Acuerdo, con enfoque de género agregado por Victoria Sandino y feministas compinches, silencia abortos forzados, Rosas Blancas y mujeres innombrables. La expresión machista “mujerzuelas de mala muerte” de Jacobo Arenas al menos reconocía su existencia. Deformar de tal manera la realidad de los asuntos de pareja en la guerrilla garantiza no entender buena parte del conflicto, ni los avatares de la reinserción. 


REFERENCIAS

Álape, Arturo (1994). Tirofijo: los sueños y las montañas. Bogotá: Planeta

Arango, Carlos (1984). FARC Veinte Años. De Marquetalia a La Uribe. Bogotá: Ediciones Aurora

Álvarez-Correa Miguel y Julián Aguirre (2002). Guerreros sin sombra. Niños, niñas y jóvenes vinculados al conflicto armado. Bogotá: ICBF, Procuraduría General de la Nación


Arenas, Jacobo (sf). Diario de la Resistencia de Marquetalia. Verisón digital.

Betancourt, Ingrid (2012). No hay silencio que no termine. Bogotá: Punto de Lectura

Castrillón Pulido, G. Y. (2014). 2¿Víctimas o victimarias? El rol de las mujeres en las FARC. Una aproximación desde la teoría de género”. OPERA16, pp. 77-95.

Guillermoprieto, Alma (2008). Las guerras en Colombia. Bogotá: Aguilar

Lara, Patricia (1982). Siembra vientos y recogerás tempestades. Bogotá: Planeta

Lara, Patricia (2000). Las mujeres en la guerra. Bogotá: Planeta

Londoño, Luz María y Yoana Nieto (2006). Mujeres no contadas. Procesos de desmovilización  y retorno a la vida civil de mujeres excombatientes en Colombia 1990-2003. Medellín: La Carreta Social

López, Andrés y Juan Camilo Ferrand (2009). Las Muñecas del Cartel. Bogotá: Editorial la Oveja Negra

Moreno, Andrés (2008). “Cómo es … el sexo en la guerrilla”. Revista SoHoJulio

Pérez, Luis Eladio y Darío Arizmendi (2008). Siete años secuestrado por las FARC. Aguilar

RVV (2016). “Mujeres Guerrilleras. El Retorno a la vida civil, camuflados y botas por vestidos y tacones”. RealVen Videos, Sep 13

Rodríguez, María Carolina (2008). Diario de mi cautivero. Bogotá: Norma

Rubio, Mauricio (2013). "No llores por Tanja, Colombia. Mujeres en el conflicto armado". Documento de Trabajo, Fundación Ideas para la Paz, FIP, Abril

___________________ (2014) "El sexo en la guerrilla visto desde la barrera". El Espectador, Julio 24

___________________(2018). "Nadia Murad y la Rosa Blanca". El Espectador, Oct 11

Rueda, Zenaida (2009). Confesiones de una guerrillera. Bogotá: Planeta

Salvatierra, Pedro (2001). Confesiones de un secuestrado. Crónicas del Sumapaz. Bogotá: Intermedi


Sergent, Jean Pierre y Bruno Muel (1966). “La Colombie (1966) Guérrilleros du Rio Chiquito”. Documental, Ina. Versión digital 

sábado, 7 de septiembre de 2019

Prostitución de menores


En Septiembre de 2018, dos Lauras, adolescentes de 16 años de clase media alta, se volaron de sus casas de Bogotá y la Sabana. Estuvieron cuatro días desaparecidas hasta que gracias a un tiquete de bus que compraron para Guatapé, en Antioquia, las autoridades pudieron encontrarlas en un restaurante campestre, muy tranquilas almorzando. Por el seguimiento de llamadas en el celular de una de ellas se piensa que estaban jugando con la red Momo, un juego viral “donde delincuentes se aprovechan de los niños, los extorsionan y los obligan a cumplir retos macabros”. Al devolverlas sanas y salvas, la policía aclaró que "nadie las estaba obligando ni engañando".

Adolescentes voladas de su casa almorzando en Guatapé, Antioquia

En muchos lugares del mundo, un factor de riesgo crítico para que una menor de edad termine involucrada en la prostitución es, precisamente, dormir fuera de la casa sin permiso de su familia. Al agotarse los pocos fondos monetarios con los que emprende la aventura, buscar dónde quedarse y cómo sobrevivir, normalmente aparece alguien que ofrece refugio a cambio de algo. Si es una gallada o pandilla, o si la joven ya conoce gente familiarizada con la vida de calle, la probabilidad de terminar vendiendo servicios sexuales aumenta exponencialmente. La dinámica no es nueva. En 1994, Marcela, bogotana de 14 años, contaba que “yo me escapé de la casa porque estaba embarazada. Entonces busqué a una prima que trabaja en las calles y me dijo que eso era un buen negocio. Que lo único que había que hacer era subirse a los carros y dejarse hacer lo que los tipos quisieran. Mi mamá no sabe nada. Si se entera, me mata".

En un análisis de las maras centroamericanas con encuestas de autorreporte, encontramos que escaparse de la casa antes de los 13 años multiplica por diez la probabilidad de que una joven se prostituya. El simple hecho de vivir en un barrio en donde operen pandillas juveniles multiplica por cerca de tres esos chances a cualquier edad. El efecto parece tan pertinente que mis contactos del bajo mundo universitario capitalino me señalaron alguna vez que el barrio estrato 5 de donde provenían muchas prepagos que despachaban desde el campus también tenía fuerte presencia de bandas, formadas por futuros ejecutivos que al llegar a casa por las tardes se ponían la chaqueta negra de cuero para salir a pelear con cadenas y manoplas. 

Otro camino culebrero que pueden tomar las  jóvenes es el de los juegos virtuales que, como el Momo, facilitan la extorsión. La foto íntima de celular demasiado explicita, a veces ofrecida como ingenua prueba de amor, es susceptible de convertirse en dolor de cabeza y despeñadero hacia conductas cada vez más sensibles que agudizan la vulnerabilidad. La imagen o video que desencadena el chantaje no siempre es consensual, puede resultar de una violación. Ese habría sido el ardid utilizado por el ex oficial de la Armada capturado hace unos meses en Cartagena. Violador serial, tatuaba a las niñas que caían en sus garras. Hillary, de 19 años, quien supuestamente lo ayudaba a conseguir nuevas víctimas, anota que años atrás “él me dio a beber un jugo y no recuerdo nada más. Cuando desperté, me mostró videos y fotos donde yo aparecía teniendo relaciones con él. Me chantajeó y tuve que tatuarme su nombre en árabe”. Dejando claro que no se trataba de trata, en una de las audiencias del proceso la Fiscalía enfatizó que el pedófilo actuaba solo y “no le interesaba el lucro. Su personalidad era controladora, sistemática y obsesiva”.

Raúl Romero ex militar pedófilo


Las primeras incursiones en el comercio con el cuerpo también pueden ser pequeños trueques, por ejemplo por minutos de celular, o para cancelar deudas acumuladas con el tendero o el carnicero del barrio. Está por último la invitación que, de frente y sin titubeos, a veces les extendien a menores de edad para que se vuelvan prepagos. Tal era el procedimiento utilizado por un condenado a más de 10 años por un Juzgado Penal de Medellín: creaba falsos perfiles en facebook haciéndose pasar por representante de una agencia VIP con clientes extranjeros.

Tal vez por no hacer parte de la población marginada, desprotegida y abandonada por el Estado, con las Lauras nadie se molestó en recoger información adicional, ni siquiera sobre lo más obvio: ¿por qué se volaron? A pesar del extraño pasatiempo en el que al parecer estaban metidas, ninguna autoridad o medio de comunicación encendió las alarmas de proxenetismo y trata de menores para explotación sexual. Tranquilidad total, estaban de turismo. 

En el candente debate actual entre abolicionistas y trabajadoras sexuales ha quedado silenciada una dimensión de la prostitución cuyo diagnóstico es crucial y se debe refinar para diseñar intervenciones: la vinculación de menores de edad al mercado del sexo. La magnitud del fenómeno no es despreciable. Para la “Caracterización de personas que realizan Actividades Sexuales Pagadas” de 2017 se hicieron en Bogotá cerca de tres mil encuestas; el 15.6% de las personas entrevistadas recuerdan que se iniciaron en el oficio antes de los 18 años.  

El escenario manufacturado por el feminismo radical, que toda la prostitución es forzada, resulta particularmente noscivo para menores de edad. En Colombia, con educación precaria, machismo crudo y un nefasto legado de los narcos y otras mafias, prevenir la prostitución precoz voluntaria debe ser una prioridad como es un enorme desafío; insistir en explicaciones limitadas a la coerción o el engaño es una terca y costosa ingenuidad, un verdadero hara kiri. Es indispensable examinar los riesgos, no solo de abusos, violaciones y raptos sino, sobre todo, de intercambios discrecionales de dinero o regalos por sexo. Es fundamental discutir abiertamente las consecuencias de dejarse chantajear para impedir a tiempo una escalada irreversible. Con ese objetivo en mente, ayuda bastante poco limitar el discurso a misterioras mafias que esclavizan mujeres. Es un desatino buscar disuadir adolescentes de negociar con su cuerpo  hablándoles sólo de víctimas y traficantes, cuando el reclutamiento lo harán personas conocidas o parientes.

La vinculación al comercio sexual puede empezar, como revelan los testimonios, por muchas vías que en su mayoría son voluntarias. La mencionada encuesta de Caracterización indaga sobre cómo se enteraron las personas del sitio donde “iniciaron la actividad sexual pagada”: 78% responden que por amistades o familia, 7% por avisos de periódicos o internet y solamente un 0,5% consideran haber sido engañadas. 

Suena a tecnicismo, pero una prueba irrefutable del poder del feminismo y de su desastroso efecto sobre el diagnóstico de la prostitución es la última Encuesta Nacional de Demografía y Salud: mientras que a los hombres se les preguntó si alguna vez pagaron por tener sexo, para las mujeres la única pregunta fue “¿ha sido forzada a tener relaciones sexuales por dinero?”. En otros términos, si no se trata de esclavitud sexual, lo correcto es no saber nada. Mientras tanto, los clientes locales, europeos y gringos, ahí: atraídos por el mercadeo de adolescentes tropicales a cargo del periodismo amarillista dizque preocupado por la trata de mujeres.  


REFERENCIAS

El Espectador (2018) “Condenan a 21 años de cárcel a Raúl Romero, exmilitar pedófilo que violaba niñas en Cartagena”. Redacción Judicial, Oct 16

Montaño, John (2018). “Los expedientes sobre la doble vida del excapitán abusador de menores”. El TiempoOct 17

Rubio, Mauricio (2007). De la pandilla a la mara. Pobreza, educación, mujeres y violencia juvenil en Centroamérica. Bogotá: Universidad Externado de Colombia. Versión digital
  
Rubio, Mauricio. (2014). "La pandilla proxeneta : violencia y prostitución juvenil en Centroamérica". URVIO - Revista Latinoamericana De Estudios De Seguridad, (4), 59-71

Semana (1994). "Las niñas de la noche". Marzo 7

Semana (2018). “"Nadie las estaba obligando ni engañando": Policía sobre niñas que aparecieron en Guatapé”. Sep 27

lunes, 2 de septiembre de 2019

¿Cómo mejorar a Colombia?

Publicado en El Espectador, septiembre 12 de 2019
Columna después de las gráficas








En un libro editado por Mauricio García sobre eventuales mejoras al país, brillan por su ausencia alusiones a cómo piensa la mitad del electorado y al sector empresarial.

En la autoría de estos 25 ensayos con “ideas para reparar el futuro” predomina la academia, la mayoría de la Universidad Nacional. Siguen en importancia tres escritores y una poetisa con peso similar a quienes han sido burócratas. Las mujeres están subrrepresentadas.

Es curioso el prestigio que tiene en Colombia la literatura, o sea la ficción, como oráculo oficioso de una sociedad que por incomprensible no deja de ser real. Sobre todo con el antecedente del célebre escritor con dudoso desempeño político que fue amigo íntimo, apoyo incondicional y correveidile de un dictador.

La paz es recurrente en la obra. Una idea machacada en la retórica habanera fue que sin arreglar el problema agrario seguiría el conflicto. Así, sorprende la escasa atención prestada a algo tan crucial. La raigambre campesina de la guerrilla más vieja del mundo, esencial ex ante, resultó secundaria. A su vez, “otras violencias”, asesinatos de líderes sociales, tranquilidad ciudadana, polarización y deterioro ambiental por explotaciones ilegales ganaron relevancia.

Que el diagnóstico centrado en el agro fue insuficiente lo confirmaron los principales negociadores del mejor acuerdo posible. Al retomar las armas, Iván Márquez proclamó tener razones tan variadas como la traición santista, jurisprudencia constitucional o el fast track y tan añejas como el santanderismo. El manifiesto rebelde, de gran erudición, está bien lejos de los cerdos y gallinas de Tirofijo que resucitaron los Santos. Sugiere que la subversión cuenta con asesores incrustados en el establecimiento que amplían la noción de todas las formas de lucha. Días antes, con singular astucia y oportunidad, De la Calle descubría que “estamos asediados por grupos organizados que orbitan alrededor de negocios ilegales”. Realmente son tan protuberantes que las nuevas Farc basarán en ellos la “impuestación”.

Es imposible saber cómo votaron estos ensayistas para referendo y presidenciales, pero sospecho que apoyaron el Sí y se opusieron a Duque. Varios reiteran que esas elecciones llevaron a inexplicables victorias de gente motivada no por ideas sino por emociones, ajena a la reflexión, incapaz de mantener debates, que nunca captó la pertinencia del affaire Dreyfus para entender su dinámica, como acaba de revelar un periodista progre que vino a redescubrirnos y de pronto entrevista al comandante Márquez sobre cómo mejorar Latinoamérica.

Los ensayos analizan si “se puede convencer a los no convencidos”, el “reto inverosímil de la reconciliación”, un “debate entre las distintas versiones de nuestro pasado” o la “paz incluyente” que “evoca proximidad, comunidad, conexión”. Más parsimonioso hubiera sido darles vocería a esos incomprensibles antagonistas. El énfasis en la importancia del diálogo para matizar discrepancias hace echar de menos en el libro un par de representantes de la derecha. Difícil arreglar un país después de una supuesta guerra civil empatada sin siquiera recoger, para rebatirlos, los planteamientos de la parte adversaria.

Si, como implícitamente sugiere este opus colectivo, no existe una figura conservadora digna de decir algo relevante para el futuro del país, unos escolios de Nicolás Gómez Dávila, respetado en democracias consolidadas, hubiesen balanceado el recetario. Vale la pena recordar que en la parroquia global la godarria gana protagonismo a costa de una izquierda despistada con inmigrantes ilegales, desempleo juvenil o apuros fiscales y atónita ante metamorfosis tipo Putin o Made in China.

Tan desconsoladora como la hoja de ruta parcializada es la precariedad de referencias al sector productivo que genera empleo y tributa. El desarrollo económico se menciona tangencialmente para destacar el impacto negativo de la apertura y a los empresarios se alude para criticar la campaña “Colombia es pasión”. Un ensayo que evoca algo parecido al emprendimiento y la toma de riesgos - “Pa´lante es pa´ya”- es sobre mujeres desplazadas y concluye que “el futuro que queremos requiere aprender de los pobres”. Esta sentencia franciscana contraria a la ley de Pambelé alcanza a tener tufo autoritario.

No se trata de una secta promotora de la economía centralmente planificada para financiar políticas sociales. Pero la estructura productiva no se discute en una guía para un auditorio donde pelechan barras bravas anticapitalistas alebrestadas con producción estatal y puestos oficiales. Si una selecta muestra de mentes abiertas no busca modernizarlas, poniendo en la balanza objeciones específicas y unas ventajas mínimas del capitalismo, no habrá manera de consolidar la paz, ni redistribuir, ni educar, ni remendar nada, todavía menos con vacas flacas.

Cual novelistas o poetas, que de plata no hablan, la vanguardia pensante del país ni siquiera critica al gremio empresarial: lo ignora. La lógica subyacente es que “alguien” pagará los mejorales. Parafraseando al editor cuando se refiere a los protuberantes vacíos de información estatales, esta élite intelectual “no solo no sabe, sino que no quiere saber” nada sobre cómo generar riqueza legal en Colombia.

REFERENCIAS

Bonnett, Piedad (2018). “Emociones y violencia en el posconflicto colombiano”. En García (2018)  

Bonnett, Piedad (2019). “El precio de la independencia”. El Espectador, Sep 8

De la Calle, Humberto (2019). “Por una nueva política de seguridad”. El EspectadorAgo 18

EE (2019). “Iván Márquez, "Santrich", "El Paisa" y "Romaña" vuelven a la guerra”. El Espectador, Ago 29  Discurso de Márquez



EE (2019) . “La paz de Santos: el expresidente sale en defensa del Acuerdo tras anuncio de Márquez”. El Espectador, Ago 29

García, Mauricio Ed. (2018) ¿Cómo mejorar a Colombia? 25 ideas para reparar el futuro. Bogotá: Universidad Nacional

Gómez Buendía, Hernando (2019). “Es la economía, ¡estúpido!”. El EspectadorAgo 17


Moreno, Javier (2019). “Dreyfus en Colombia”. El PaísAgo 10


Reyes, Yolanda (2019). “El País que nos lee”. El TiempoAgo 12


Rubio, Mauricio (2018). "Dile que es un maricón". 
El EspectadorOct 18

______________ (2019). “Literatura, plata y poder”. El EspectadorAbr 11


domingo, 1 de septiembre de 2019

Pazología en aprietos

Publicado en El Espectador, Septiembre 5 de 2019




El retorno a la guerra liderado por Iván Márquez puso al descubierto falacias e incoherencias del proceso de paz.


Primero, mostró que el problema agrario y el campesinado sin acceso a la tierra, médulas de la retórica santista, son apenas una pequeña parte de las muchísimas reivindicaciones de los subversivos para reforzar con armas su interacción con políticos, funcionarios o empresarios y, ahora explícitamente, controlar el bajo mundo. “La única impuestación válida será la que se aplique a las economías ilegales”, anunciaron. 


Fue una típica movida política. No es casual que Márquez haya insistido tanto en conservar la sigla FARC para el partido reinsertado y la nueva insurgencia. Santos, respaldado por su plana mayor, declaró que “ellos mismos escogieron convertirse en otra banda criminal”. Quienes hicieron todas las maromas imaginables para establecer conexidad con el delito politico e indultar crímenes atroces, asimilan una declaración pública que cualquier penalista tipificaría como rebelión a una extraña forma de delincuencia común. Márquez, Santrich y el Paisa fueron asesinos, secuestradores, traficantes de droga, reclutadores de menores o terroristas que merecían tratamiento penal favorable. Pero que esos mismos criminales le sumen a su abultado prontuario un discurso en el que manifiestan querer derrocar al gobierno los convierte en vulgares bandoleros. Delincuente político sería el que recibe como respuesta a sus crímenes lo que decida arbitrariamente el gobierno de turno. 


"Esto es supremamente doloroso. Tuvieron todas las garantías posibles… Precisamente se había venido demostrando que el Estado de derecho funcionaba" trinó compungida Patricia Linares, presidenta de la JEP. Silenció lo bien que funcionó esa instancia a favor de Santrich. Como Santos y su equipo, la magistrada no asimiló el manifiesto de Márquez, que enumeró todos los motivos para rebelarse contra ese Estado opresor, sin garantías, cipayo del imperialismo y cuya perversidad se remonta a Francisco de Paula Santander.  


Adormecidos por apoyar a Santos sin crítica ni análisis, varios expertos en conflicto no fueron más allá de expresar sus deseos. “Es un proyecto llamado al fracaso y desfasado con la realidad del país”. Como si la ciudadanía pudiera controlarlos, y hubiera avalado el infierno de los ochentas y noventas, consideran “ilusoria” la propuesta de que “la sociedad acepte el regreso a la política con armas”. Alcanzan a sugerir que tocará dialogar: “el Acuerdo de Paz concientizó a gran parte del país de que la guerra no es la salida”. Con la misma ingenuidad legalista de la JEP, declaran que “no se justifica que estén incumpliendo el Acuerdo”. La actitud de cura convencido es inocultable: “Márquez se equivocó profundamente al retomar las armas. El camino correcto es el de ‘Timochenko’ y los congresistas del partido político FARC”. Sobre la posible alianza con elenos, por favor, la evidencia histórica es contundente: “cuando los dos grupos subversivos intentaron unirse no tuvieron grandes resultados… es una alianza condenada al fracaso”. 


Voces más sensatas reconocen a Marquetalia 2, la “paz patas arriba” o el “tiro al aire” que puede causar mucho daño. Con sobrada razón desvirtúan el argumento simplón de que “son muy pocos”  y mencionan un elemento clave de la situación: Nicolás Maduro.


Fuera de la pobreza analítica, se destacan la polarización y fijación enfermiza con Uribe. En un momento bien delicado, con eventual reencauche de una “coordinadora guerrillera” refugiada en Venezuela, apoyada por militares y jefe de gobierno corruptos, seguramente por Cuba, el mayor costo del levantamiento de Inírida sería que Uribe "vuelve y gana". 


El reflejo automático y pueril de evaluar cualquier acontecimiento político o de seguridad exclusivamente en función de los réditos para el enemigo ubicuo puede venir empacado en elucubración digna de análisis psiquiátrico: las miradas opacas de Márquez y Santrich “solo admiten una comparación con la mirada igualmente inescrutable, inexpresiva y vacía del otro sociópata que completa el trío…. Álvaro Uribe, el principal beneficiario de este funesto comunicado guerrillero, que también sabe cómo mirar sin que lo miren, ocultar, reprimir y neutralizar sus emociones detrás de las gafas fotosensibles, mientras se le pinta en la boca una tenue mueca de goce. Ojos vacíos y medias sonrisas son el indicio de la psicopatía de nuestros tres chiflados”. La iluminante reflexión es de un supuesto demócrata tolerante que busca la reconciliación entre todos los colombianos, de los cuales la mitad, intelectual y moralmente inferior, admira a su obsesiva pesadilla. 


Como es corriente en los fanáticos que buscan tomarse el poder con las armas, a Márquez y su séquito les faltó astucia política. Con tan sólo declarar que se rebelaban contra Duque habrian ganado mucha fanaticada preparada y erudita, como la que probablemente los ayudó con la JEP y definitivamente los asesoró en la redacción de su pormenorizado y actualizado memorial de agravios, que contiene quejas por inseguridad jurídica, fast-track y decisiones de la Corte Constitucional. 













Abad Faciolince, Héctor (2019). “La paz patas arriba”. El Espectador, Ago 30

Acevedo Guerrero, Tatiana (2019). “Dos Marquetalias”. El Espectador, Ago 30

Bejarano Guzmán, Ramiro (2019). “Reencuentro Farc vs. uribismo”. El Espectador, Sep 1 

Cárdenas, Juan (2019). “Una fuga hacia el futuro. El País, Ago 30

Escobar Moreno, José David (2019). “La disidencia de “Iván Márquez” es "anacrónica” y "destinada al fracaso"”. El Espectador, Ago 30

Garzón, Juan Carlos et. al. (2019). “El anuncio de Iván Márquez y las “nuevas” FARC: implicaciones y posibles impactos”. Fundación Ideas para la Paz, Ago 29

León, Juanita y Juanita Vélez (2019) “El tiro al aire de Iván Márquez, Santrich y compañía”. La Silla Vacía, Ago 30

Rodríguez, Nicolás (2019). “Una bala perdida”. El Espectador, Ago 31

Trino presidenta de la JEP