Publicado en El Espectador, julio 23 de 2026
El Diccionario fraseológico documentado del español ofrece una definición hecha a la medida para un incidente bastante debatido recientemente: “sin pagar lo que se debe o sin recibir el castigo merecido. Generalmente en la locución «irse de rositas»”. Fue eso lo que, literalmente y autorizado por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), hizo Rodrigo Londoño ex comandante Timochenko y ahora presidente del partido Comunes.
Bastante poco se discutió el objeto de ese viaje que, supuestamente, era para participar en una reunión convocada por la “Secretaría de Relaciones Internacionales de Izquierda Unida” (IU). Esta coalición política española incluye al Partido Comunista (PCE) con otras organizaciones y movimientos a la izquierda del PSOE. Su más activo y visible líder, Secretario General del PCE, es Santiago Enrique, abogado especialista en justicia social y anticapitalista consumado. Es conocido en Colombia por su papel como asesor y representante de las FARC en las negociaciones de La Habana. Sobre el peculiar encuentro en Madrid hay bastante misterio. Se anunciaba un seminario pero sólo consta que Londoño se reunió con Santiago. Esa opacidad invita a plantear conjeturas. Una es que la realidad geopolítica cambió y la izquierda colombiana necesitaría actualizar la narrativa. Particularmente enredada y caduca es ahora una pieza medular del discurso: la tajante distinción entre delito político y crimen común contaminada por el narcotráfico.
Ese desatino lo ilustra al dedillo la reacción de la élite pazóloga Santista ante una de las primeras disidencias FARC, la de Iván Márquez. En algún lugar de Bogotá, en agosto de 2019, el premio Nobel de la Paz, rodeado de sus principales alfiles en la negociación, leyó un comunicado como si siguiera gobernando, a pesar de que ya llevaba más de un año como ex presidente. Hay varias perlas. La primera, el colosal voluntarismo: “no permitiremos que Iván Márquez y los demás desertores pretendan poner en peligro el logro de la paz”. Dos, la peculiar visión de cómo se debía evaluar una compleja, ambiciosa y costosa “política pública” colombiana, también con instrucciones precisas a su sucesor: “sugerimos que el gobierno nacional invite a los comisionados expertos, a través del acuerdo con los expresidentes Felipe González y Pepe Mujica, para evaluar conjuntamente la implementación”. Tamaña evasión de responsabilidades sobre el hecho innegable que el Acuerdo se firmó con una grieta importante, las disidencias de las FARC. Antes del Acuerdo ya se habían rebelado Iván Mordisco y Gentil Duarte, poderosos narcotraficantes que, con enfrentamientos fratricidas por el mercado de la droga, implicaron un serio recrudecimiento de la guerra que dinamizó el reclutamiento forzado.
Cual violentólogo amateur, refiriéndose a Márquez, Santrich y su nuevo frente, el Nobel sentenció “ellos mismos escogieron convertirse en otra banda criminal”. No hace falta ser jurista para comprender que el discurso de Iván Márquez al sublevarse de nuevo contra el gobierno tenía el objetivo bien específico de demostrar que seguía siendo delincuente político, jamás un criminal callejero. “Anunciamos al mundo que ha comenzado la Segunda Marquetalia bajo el amparo del derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo de levantarse en armas contra la opresión”. Marcando distancia con un atracador común, Márquez habló del problema agrario y el campesinado sin acceso a la tierra. Incluso renunció a la práctica del secuestro: “la única impuestación válida será la que se aplique a las economías ilegales”. En 2012 en Oslo al instalarse la mesa de negociaciones, Iván Márquez había proclamado al mundo que su grupo armado quería transformar el país. “Venimos a la mesa con propuestas y proyectos para alcanzar la paz definitiva, una paz que implique una profunda desmilitarización del Estado y reformas socioeconómicas radicales que funden la democracia, la justicia y la libertad verdaderas”. Tenía meridiana claridad sobre las razones del conflicto colombiano. “El problema de la tierra es causa histórica de la confrontación de clases en Colombia…las FARC nacimos resistiendo a la violencia oligárquica que utiliza sistemáticamente el crimen político para liquidar a la oposición democrática y revolucionaria”.
¿Qué tienen que ver estos discursos de Iván Márquez con Enrique Santiago, anfitrión de Rodrigo Londoño en Madrid? Pues que este respetado jurista e importante coautor de la JEP ha hecho explícito que para las disidencias, según el derecho internacional, “quien decide por motivos políticos alzarse contra el Estado, lo haya hecho antes o no, está en una situación de confrontación política”. En buen romance, en épocas adversas para Iván Márquez -Venezuela sin Maduro, Colombia con Cepeda y Petro derrotados- la JEP vuelve a ser una opción atractiva para delincuentes políticos que decidan contar su verdad. Cualquiera entiende que, en lugar de continuar la azarosa lucha armada, sin poder jugar a los congelados, también querrá “irse de rositas”. Continúa
REFERENCIAS
BBC (2012). “Colombia: dos discursos sobre la paz que evidencian las dificultades del proceso”. BBC News, Oct 18
Cortez Palacios, Laura (2026). “Rodrigo Londoño debe presentarse ante la JEP este martes tras su viaje a España; este fue el motivo del polémico permiso”. El País, julio 14
FR (sf). “Irse de rositas” Buscador urgente de dudas, FundéuRAE
IC (2022), “Miguel Botache Santillana, alias ‘Gentil Duarte’”, Insight Crime, mayo 27
IC (2024). “Néstor Gregorio Vera Fernández, alias ‘Iván Mordisco’”. Insight Crime, febrero 28
NC (2026). “Secretos de negociación con Clan del Golfo: Gobierno prometió sacar oficiales y frenar bombardeos”. Noticias Caracol, junio 24
Santos, Juan Manuel (2024). “La paz paralizada por la justicia”. En La historia no contada del proceso de paz, podcast, Youtube nov 13
Torrado, Santiago (2021). “La guerra entre disidencias de las FARC se inclina a favor de un antiguo señor de la guerra”. El País, dic 12
Torres Lasso, Juan Diego (2026). “¿Por qué Rodrigo Londoño, ‘Timochenko’, pudo salir de Colombia tras la decisión de la JEP?”. El Tiempo, julio 10




