Publicado en El Espectador, junio 18
“Cuando creíamos haberlo visto todo, el sumario del caso ha venido a desmentirlo: no habíamos visto nada… Acciones más allá de la simple corrupción… obstrucción a la Justicia”… “Una trama mafiosa residenciada en Ferraz que (protegía) los intereses del presidente”… “El hedor llegaba hasta Sebastopol. La trama persiguió fiscales, jueces, funcionarios, agentes, periodistas y todo lo que supusiera un riesgo para Sánchez y su entorno”.
En España, produjo asombro e indignación la investigación judicial que destapó maniobras orquestadas por Santos Cerdán (SC) -entonces Secretario de Organización del PSOE que le reportaba al Number One- y su asistente Leire Díez (LD), ambos ya imputados. Igualmente colosal fue el cinismo de la llamada fontanera, la encargada de las cloacas -desagües, alcantarillas- del PSOE; la que mantuvo “el agua limpia y clara… no para otra cosa que no fuera limpiar”. Cuando estalló el escándalo y LD renunció al PSOE entregó una memoria USB con más de dos mil documentos recopilados, según ella, para una “investigación periodística”; pensaba publicar un libro.
Tras el deprimente panorama, también hay buenas noticias. Las instituciones españolas resistieron el feroz embate de una banda criminal incrustada en la rama ejecutiva de una democracia que se creía consolidada. La justicia penal, que Pedro Sánchez y en general la izquierda rechazan por represiva, mostró ser necesaria, sólida y eficaz. La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, el órgano central del Servicio de Policía Judicial, investigó y señaló irregularidades de su directora, compinche del gobierno que con LD identificaba los agentes a quienes había que hostigar y neutralizar. Ha sido una clara protección de la democracia y el estado de derecho. La lógica de la fortaleza institucional es simple. El autócrata corrupto soborna subalternos. Más temprano que tarde, el servicio público sin codicia rehusará torcerse.
Esa misma dinámica virtuosa se observó en Colombia durante el agotador Gobierno del Cambio. Personas honestas, con principios, que el Nº 1 pensó eran de bolsillo por haberlas nombrado, cumplieron su deber sin someterse al jefe ni renunciar. Lo mismo ocurrirá si persiste la pataleta presidencial para desconocer el resultado electoral. Se acatarán los escrutinios, con ruidosas pero inocuas rabietas. Igual pasará con la machacada constituyente: si al final la presentan, seguirán los procedimientos legales. En cualquier caso, las otras ramas del poder jugarán su papel. Las FFAA también. Malcolm Deas, agudo colombianólogo argumentó que el país no ha sido militarista pero sí ha padecido rachas de intenso sectarismo. El Gobierno del Cambio corrobora la hipótesis: no fue militarista pero sí provocadoramente sectario. Lo fue el líder, su candidato escogido a dedo y todos sus acríticos, leales e incondicionales colaboradores o seguidores. Surge una inquietud: ¿qué tanto se pueden estirar la lealtad y el servilismo sin perder la dignidad?
Bajo el gobierno del PSOE el Number One siempre ha decidido cómo responder a la prensa ante una crisis. La fontanera y sus cloacas han sido, de lejos, el máximo atentado a la transparencia y el futuro del régimen; tocaba entonces refinar al máximo la coordinación del relato. A pesar de que hace años existen fotografías del jefe supremo abrazando a LD, el pasado 5 de junio, ante una audiencia internacional, tuvo el cinismo de afirmar: “nunca he conocido, ni nunca se me ha informado sobre las andanzas de (LD) porque si se me hubiera informado no las hubiera tolerado”. La ministra y portavoz del gobierno declaró leyendo que Él “nunca ha conocido, ni ha sido informado de las andanzas de (LD), que nunca... hubiera tolerado”. Así, en algún momento, el servilismo deja sólo dos opciones al rebaño: aferrarse a un papelito para leerlo o “arrastrarse y balbucear”, como ya han hecho ministros del gabinete.
Una característica insólita de las tramas corruptas es la obsesión de algunas personas por registrar minuciosamente todas las movidas. En España, por ejemplo, en el caso Gürtel, un ex concejal del PP grabó durante 2 años unas 20 horas de conversaciones. El mismo tesorero del PP mantuvo una contabilidad paralela manuscrita. En la operación Kitchen, montada para recuperar esa documentación, también hubo grabaciones. En los escándalos sanchistas, Koldo García grabó unas 2.500 horas de charlas con los implicados, otro orden de magnitud. LD mantenía libretas de todas las reuniones y llamadas que ella programaba. La lógica es obvia: paraguas ante traiciones, chantajes o negociación en caso de caer. En Colombia, esta costumbre no ha sido común. Desde hace años, sabuesos estatales y periodistas son quienes asumen la responsabilidad de acopiar pruebas. La sensación de total impunidad de los presuntos implicados parece haber sido suficiente. Por último, la costumbre de leer papelitos también puede surgir del ánimo de preparar litigios para el lawfare, o defenderse.
REFERENCIAS
Arias Maldonado, Manuel (2026), “Balada del patriota sin partido”. El Mundo, junio 6
Dorta, Irene (2026). “La UCO afirma que la operación de Cerdán y Díez buscaba “proteger los intereses” del presidente”. El País, junio 3
H.A. (2026) “Quién es Leire Díez, la exmilitante del PSOE cuya información investiga hoy la UCO”. Heraldo, mayo 27
Inda, Eduardo y Luis Blacarce (2025). “Así explica Leire Díez sus fotos con Sánchez, Begoña y la cúpula del PSOE: «Muchos militantes las tienen»” Ok Diario, junio 5
Latorre, Rafa (2026) “Rafa Latorre, sobre el caso Leire Díez: "Una trama mafiosa residenciada en Ferraz que actuaba para proteger los intereses del presidente””. Onda Cero, junio 3
López-Fonseca, Óscar y Reyes Rincón (2026). “El día que la Guardia Civil comenzó a sospechar de su directora”. El País, junio 7
Vara, José (2026). “Sánchez y el PSOE, al banquillo”. Voz Pópuli, junio 6
Viúdez, Juana (2015). “El PSOE lleva al Constitucional la ‘Ley Mordaza’ y la reforma del Código Penal”. El País, marzo 27


