Publicado en El Espectador, agosto 20 de 2026
Un asunto importante después del verano en España será el eventual juicio a José Luis Rodríguez Zapatero (ZP) tras la imputación por tráfico de influencias, organización criminal, blanqueo de capitales, evasión fiscal y contrabando. Es posible pero poco probable que este proceso tumbe a Pedro Sánchez. En todo caso, habrá repercusiones en Colombia.
Pablo Iglesias ya tuvo dificultades con RTVC. En 2024 Hollman Morris anunció la inclusión de un espacio dirigido por este ex político dedicado al “periodismo serio, pero sin ocultar afinidades ideológicas”. Medios españoles anticiparon que el fin del petrismo amenazaba el arreglo que permitió a Iglesias acusar de fascista a Abelardo de la Espriella durante la campaña electoral. Los enredos judiciales de ZP perjudicarán la imagen de la izquierda democrática en España y Latinoamérica. El romántico “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho” quedó en franca contradicción con el codicioso defensor de Maduro que utilizó su posición, sus contactos y hasta a sus hijas para enriquecerse ilegalmente.
Menos célebres pero dicientes han sido sus opiniones sobre la justicia penal. Hace unos años, ZP se declaró partidario de la “mínima intervención del derecho penal en los conflictos políticos”. En 2003, para evitar que en el País Vasco se convocara un referéndum independentista, el gobierno del PP estableció penas entre 3 y 5 años para el delito de “convocatoria ilegal… por referéndum”. Al llegar ZP al poder esa conducta dejó de ser delito. La justificación: tales actuaciones “no tienen entidad para merecer el reproche penal, y menos aún si la pena es la prisión”.
El humanismo naufraga para calificar las condenas a los adversarios políticos por delitos de corrupción, con condenas de muchos años de cárcel. Otra declaración de intenciones frágil es la de no entorpecer las investigaciones judiciales. Ante la imputación, ZP manifestó su plena “disposición a colaborar con la justicia”. Insistió en su inocencia: “mi actividad pública y privada se ha desarrollado con respeto a la legalidad… quiero reafirmar con toda contundencia que jamás he realizado ninguna gestión ante ninguna administración ni el sector público para el rescate de Plus Ultra” el cargo más grave.
Por proximidad ideológica, un vínculo nominal entre Colombia y ZP es la Internacional Socialista de la cual fue vicepresidente y Ernesto Samper activo promotor con su partido Poder Popular. Pero el verdadero contacto político con ZP fue la mediación venezolana del 2016 cuando Samper, entonces secretario de UNASUR, promovió el diálogo entre el régimen de Maduro y la oposición. Según un medio español, fue una invitación envenenada: “Samper ofreció (a ZP) participar en la Comisión de la Verdad… con la que Maduro pretendía contrarrestar el efecto de la Ley de Amnistía”. Se trataba de imponer los intereses chavistas, “16 integrantes revolucionarios y cuatro puestos para opositores, rechazados incluso antes de empezar”, remata el periódico. Encima, en esa ocasión Samper hizo suyas “las acusaciones de Maduro contra EEUU… (pues) fuerzas internacionales estarían tratando de inmiscuirse en asuntos internos del país cuando las soluciones tienen que venir de los venezolanos”. Posición paradójica cuando el mismo intermediario buscaba involucrar al líder español en la política interna venezolana. Un año antes, según Americas Quaterly, Samper viajó a Caracas para una reunión privada con Maduro quien luego acusó “a la administración Obama de orquestar un golpe sangriento contra el gobierno venezolano”.
Fue por esa época que ZP se volvió activo mediador en Venezuela. En 2017 según la BBC, llevaba “varios años promoviendo el entendimiento entre ambas partes”. Lo que la justicia española descubrió recientemente es que esas labores le generaron no sólo jugosos honorarios sino descomunales comisiones sobre los negociados del sanchismo con empresarios chavistas. Lo que realmente asombra es que el carismático líder, faro moral del socialismo español y latinoamericano, el que prometió colaborar con la justicia, haya mutado a aprendiz de tinterillo empeñado en buscar atajos procedimentales para invalidar la evidencia en su contra. Para este socialista, el castigo es inútil, pero cuando puede caerle conviene evitarlo como sea.
Ahora que el enfrentamiento político se centrará en la narrativa, si el mentor europeo acaba encarcelado como Maduro, ¿qué hará la aporreada izquierda activista colombiana? El resentimiento y la inquina de la militancia ante la ejemplar respuesta al terremoto de un gobierno sin desempacar no permiten buenos augurios. Víctimas y observadores tuvieron algo de alivio con la “serenidad de los competentes”.
Además, el sátrapa venezolano recibió la desinteresada ayuda del otro ex presidente colombiano sin visa USA, involucrado en UNASUR y la Internacional Socialista presidida por Pedro Sánchez, tan cercano a ZP como distanciado de Trump. La lógica y mecánica precisas del embrollo son demasiado confusas, pero sería apresurado descartar que estos factores pudieron contribuir a la ausencia de Samper en la reciente posesión presidencial.
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