Publicado en El Espectador, agosto 27 de 2026
Ha habido explicaciones muy diversas sobre el reversazo en el nombramiento de Carlos Eduardo Sepúlveda en el DNP, que generó un saludable debate entre quienes creen en la planificación del desarrollo económico y quienes la consideran fútil por las múltiples incertidumbres y las alternativas de acción para el ensayo y error.
El dilema entre estas dos posiciones es milenario, como recordó La Odisea de Nolan. Ulises es el gran improvisador; adaptable, sobrevive a circunstancias siempre cambiantes gracias a la astucia, el disfraz, la mentira oportuna y la reacción rápida. Su fortaleza es la flexibilidad. Atenea, por el contrario, favorece el orden, la estrategia y la previsión calculada. Otros personajes míticos también ilustran la disparidad: Prometeo, “el que piensa de antemano” versus Epimeteo, “el que piensa después”.
Juan Luis Mejía, ex rector de EAFIT, publicó hace unos años “El culto al avispado”, pequeño ensayo sobre la misma disyuntiva. A principios del siglo XX, un desertor se internó en las selvas del bajo Cauca. Buscando fortuna se hizo pasar por experto aserrador sin tener ni idea del oficio. Vivió “dos años a cuerpo de rey” para, dice Mejía, convertirse en arquetipo del antioqueño: “recursivo, atrevido, chacharachero, audaz…” en una palabra, un avispado con “profunda confianza en sí mismo, (que) no requiere preparación… no prevé las situaciones, las resuelve en cada momento gracias a su viveza”.
Hay un deje despectivo con el avispado, que corresponde al que quienes planifican le tienen a los recursivos. La tecnocracia “de siempre” desconfía de los “nunca” por sus lagunas en teoría económica. Pero la patria milagro, esa aversión a planificar, tiene buen pedigree conceptual. Viene al menos desde Arnold Harbeger de la Escuela de Chicago. Aunque no recibió el premio Nobel y, como el nuevo gobierno, está a la derecha de lo soportable para la intelectualidad local, fue un economista respetado por la academia norteamericana. Mientras Milton Friedman era el faro teórico y mediático, Harberger formaba a los estudiantes latinoamericanos conocidos como Chicago Boys. En un conocido trabajo trató de explicar la reducción de costos en distintos sectores con la metáfora de “la levadura versus los hongos”. La analogía surgió del hecho que la fermentación “hace que el pan se expanda de manera uniforme, como un globo al llenarse de aire, mientras los hongos aparecen de un día para otro”. Planificar el desarrollo presupone que la economía se comporta como algo que crece homogénea y armoniosamente. Es muy distinta de los hongos, que lo hacen de forma caprichosa, dispareja y, sobre todo, absolutamente impredecible.
Un buen test para tomar en serio los champiñones sería verificar si alguna política pública surgida de los últimos planes de desarrollo en Colombia fue factor relevante para explicar y replicar el éxito de los recientes plusmarquistas colombianos en emprendimiento. Con orígenes y actividad variados -fintech, energías renovables, vivienda usada, entregas a domicilio, software contable- todos partieron de lo que había, no buscaron inventar nuevos sectores, ni cambiar el mundo. Algo similar puede decirse de los pocos mini negocios informales que lograron consolidarse y convertirse en empresas de tamaño respetable: tratamiento con frutas para el cabello, tenis de diseño, fajas, distribución para tiendas. Una verdadera miscelánea.
Los planificadores pregonan que el Estado debe suministrar los bienes públicos para que funcionen las empresas: macroeconomía sana, seguridad, infraestructura, transporte, justicia etc… ¿Pero, quién define las prioridades? ¿Cuándo y cómo se sabe si lo que hay es suficiente? ¿Cuáles son el tamaño y el papel razonables de un Estado? Todos los negocios referidos operaron con lo que había y salieron adelante.
Dos temas merecen especial atención: salud y educación. Sobre la primera hay relativo acuerdo en un servicio público básico complementado con especialidades privadas. Con la educación el debate es álgido. Se pueden apresurar algunas ideas de la pequeña muestra de emprendimientos más exitosos escogidos por Forbes en 2026: dos los montaron personas que estudiaron en EEUU y cinco en universidades privadas (Uniandes y EAFIT), que bien hubieran podido ser beneficiarias de “Ser Pilo Paga”, el programa prematuramente desmontado por la mentalidad estalinista. Un punto crucial es no haber estado sometidas al tóxico discurso anti empresarial que asimila capitalismo a monopolio depredador que apoya paramilitares.
Finalmente, el avispado se tradujo en el liderazgo paisa en emprendimiento: con un 13% de la población, Antioquia “concentra entre el 22 % y el 25 % de las startups del país”. Ni Mejía ni el autor que cita -de principios del sXX- pensaron que una nueva variante de este personaje sería un gobernante y sus alfiles convertidos en hongos venenosos, astutos personajes empeñados en saquear al Estado y buscar impunidad. A estos amanita muscaria, sólo los detienen las instituciones que, cuando funcionan, son como la levadura madre.



