domingo, 6 de septiembre de 2026

Negociar el futuro del país con un grupo leninista

Publicado en El Espectador, septiembre 10 de 2026 



Parte del escepticismo con el proceso de paz santista surgió de pensar que el ambicioso inventario de reformas acomodadas por fast-track después del rechazo al plebiscito se incumpliría por el débil compromiso de gobiernos posteriores con el Acuerdo. La segunda temporada del podcast en el que JM Santos regaña al mundo por ignorar su plan decenal de desarrollo rural revela que el fracaso de varios capítulos no se explica por algo tan simple como el saboteo de unos presidentes. El legislativo colombiano, independiente del ejecutivo, no supo, no pudo, o no quiso, aprobar la ambiciosa agenda de proyectos apenas implícita en el “mejor acuerdo posible”.


La evolución de la paz pactada en el papel empezó con planes faraónicos de un académico soñador aupado por un político ambicioso obsesionado con su imagen internacional; y terminó en un texto voluntarista y generoso con un grupo insurgente marxista-leninista, jerárquico, dogmático, formateado para usar armas y aferrado a ellas. Es un desatino estigmatizar con etiquetas como “persona llena de odio”, intolerante, excluyente, fascista o fanática ultra católica a quien simplemente rehúsa la legitimidad del diálogo, la “construcción de país”, con una agrupación que uno de sus comandantes reinsertados, Pastor Alape, describe como poco democrática. 


Un punto importante es la denominación adoptada inicialmente por los antiguos guerrilleros para su partido político: Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común con el mismo acrónimo FARC de la organización desmovilizada. “Nos equivocamos en el primer nombre (del) partido. La carga de la narrativa sobre FARC nos hacía la campaña dura… Decidimos quitarle esa carga… de la imagen de guerra, del fusil, de la bomba y poner otra mucho más común… no repetir las viejas formas de la política”, anota Alape. 


Se puede plantear que esa detestada y temida sigla, esa “imagen de guerra”, buscaba dejar claro que la lucha incansable por el poder continuaba, ahora con retórica que las armas pueden usarse por la paz. Eso lo dejó claro Iván Márquez, figura clave de las negociaciones, al declararse disidente en 2019. Hacia allá también apuntó Alape hace apenas un año: “nosotros mantenemos prácticamente la misma línea porque nuestra visión (corresponde a) un partido leninista….”. La negociación sobre cómo encajar eso en una democracia tardó cuatro meses. Era la cuadratura del círculo. Una orientación no comunista hubiese sido aceptada sin problema: el liberalismo colombiano hace parte de la Internacional Socialista. Pero no es fácil identificar partidos que se reconozcan leninistas y no busquen derrocar el poder establecido. En El Estado y la Revolución (1917) Lenin insistió que el Estado burgués no se puede “reformar” pacíficamente; debe ser destruido y reemplazado. Ni siquiera el nuevo nombre, Comunes, para diferenciarse de las disidencias, logró que las ex FARC superaran su férrea e indeleble formación ideológica y política. 


En cuanto al acuerdo sobre participación electoral en los territorios las malas noticias no vienen solo de Alape. Varias personas cercanas al Nobel anotan que el propósito de “cambiar las balas por votos” no se concretó. Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral, difícilmente clasificable como enemiga de la paz, señala las enormes dificultades en el Congreso para alterar costumbres. “No tenemos partidos políticos de ciudadanos y ciudadanas sino de jefes y jefas”, anota. Sobre la proliferación de grupos armados y la paz en algunas regiones, el panorama es desolador. El control territorial ahora se busca no sólo por razones económicas -extorsión o mercados ilegales- sino para asegurar resultados electorales. Lo que se juega en cada elección es el poder político local. Si el mando lo mantiene un grupo armado ilegal, vendrá con recursos en efectivo para apoyar intereses proselitistas. 


La gobernanza en micro territorios “hoy está segmentada por la presencia de frentes con jefes cada vez más jóvenes y sin formación política” anota Barrios. La práctica leninista sufrió tal metamorfosis que ahora parece más apropiada para el teatro surrealista. En 2023, causó escándalo en Popayán “la posible presencia de las disidencias de Iván Mordisco en la instalación de las elecciones”. En abril de 2025 los militares tuvieron que defenderse de los hostigamientos armados de una disidencia FARC, y también proteger “el puente con el que reemplazaron el que voló” esa misma disidencia. 

 

Muchas personas, invitadas o no por Santos, afirman que, sin el Acuerdo de Paz de 2016, Petro no habría alcanzado la presidencia. Hay suficiente evidencia para plantear una variante a ese desacierto: la Paz Total, por su ambición, precario polo a tierra y deplorable criminología, simplemente profundizó los principales yerros de la paz santista, sin el irrefutable logro de haber desarmado la mayor guerrilla del país. Pero el veredicto de las urnas es claro: Colombia no quiere leninistas en el Congreso. 

martes, 1 de septiembre de 2026

Los fabulosos planes rurales de la paz santista

 Publicado en El Espectador, septiembre 3 de 2026



En octubre de 2014, poco después de que el gobierno Santos hiciera públicos los primeros acuerdos parciales con las FARC, La Silla Vacía y la Universidad Javeriana organizaron un debate. Hacía parte de la serie “Sí o No: El Poder de los Argumentos” y el invitado era Sergio Jaramillo. Expuso tres puntos: reforma rural integral, participación política y solución al problema de las drogas ilícitas. 


La mecánica del evento era que el público respondía inicialmente el interrogante “¿Conducirán los acuerdos publicados al fin del conflicto armado?”; Jaramillo exponía sus razones, respondía preguntas de los organizadores y luego se repetía la votación. En la primera vuelta triunfó el escepticismo: 59% de votos negativos. Lo acordado no contribuiría al fin de la guerra. Esto entre una audiencia universitaria, difícilmente asimilable a un grupo manipulado por el fanatismo religioso. Tras oír a Jaramillo, la mayoría (58%) respondió Sí. La exposición del Alto Comisionado para la Paz podría pasar a la historia como el más ambicioso listado de deseos sobre las posibles acciones para revitalizar el campo colombiano y eliminar todas las “causas objetivas” del conflicto, el sinnúmero de trabas para una verdadera “paz territorial”. Conviene citar literalmente varios apartes de esta magistral clase. 


“Si estos acuerdos se implementan, significarán la mayor transformación imaginable en la historia de Colombia”, arrancó sin modestia Jaramillo. Continuó con el tic de asimilar esfuerzo invertido a calidad: “estos acuerdos son el producto de una negociación muy difícil, muy larga, muy dura”, sin mediadores. La dejación de armas “no es suficiente para construir la paz… nunca hemos tenido un proceso de paz territorial… Que la implementación de los acuerdos cambie las condiciones de manera definitiva…. ¿Qué pasa si un grupo se desmoviliza y siguen cultivos de coca (sin) oportunidades de empleo?… este proceso busca cambiar la realidad y reconstruir el pacto social”. Eso requería “asegurar la integralidad… no acuerdos aislados… es una lógica de garantía de los derechos de todos los colombianos”, tarea imposible sin “una participación masiva de la ciudadanía en una fase de transición”. En La Habana se buscaba terminar el conflicto, “pero la paz, la vamos a construir entre todos, en las regiones” había dicho unos días antes. 


¿Cómo pensaba que se haría? Primero, una reforma rural integral. “Es un acuerdo de una enorme ambición; (como meta) la reducción de la pobreza rural en el 50% en 10 años… Sacar aproximadamente a 3 millones de colombianos en zonas rurales de la pobreza”. Las comparaciones internacionales ilustraban sus aspiraciones. “Brasil con inversiones enormes y mucha institucionalidad sacó a 5 millones de la pobreza… el campo colombiano (estará) en convergencia con el nivel de vida de las ciudades, es la lógica de garantía de derechos… (Haremos) en 10 años lo que no hemos hecho en 50”. Reconoció que muchos problemas estaban sobre diagnosticados; anotó con humildad que el análisis hecho en La Habana coincidía con los trabajos de la Misión Rural (1997-1998) con “organizaciones campesinas, indígenas y empresariales, académicos, instituciones públicas, entidades territoriales, organismos internacionales y otros sectores de la opinión pública… (Hubo) propuestas sobre ruralidad, economía campesina, sostenibilidad, pobreza rural, educación, ciencia y tecnología, convivencia, institucionalidad, género y cultura”.


Los desafíos eran enormes, “por ejemplo en riego Colombia está casi al final de la fila, México tiene cobertura del 66%, Chile del 52% y (nosotros) el 15%… no hemos hecho nada en décadas, igual en vías etc…” Tocaba hacer grandes inversiones en bienes públicos: riego, vías terciarias, electricidad, conectividad, apoyo a vivienda, acueductos… salud y educación, capacitar al pequeño agricultor… “En las zonas afectadas por el conflicto (haremos) programas de desarrollo con enfoque territorial en una lógica de seguridad alimentaria. Ese es el primer acuerdo”.


En términos de participación política, “la firma e implementación del acuerdo contribuirá a la ampliación y profundización de la democracia… Implicará la dejación de las armas y la prescripción de la violencia… transitar a un escenario en el que imperen garantías plenas para quienes participen en política”. Con respecto a la droga, “un gran programa hará lo que nunca se ha hecho: un enfoque de desarrollo rural participativo que resuelva para siempre el problema de los cultivos y que emplee los recursos coercitivos del Estado en perseguir el crimen organizado”. 


En síntesis, tocaba “repensar la institucionalidad para implementar los acuerdos. Brasil creó un ministerio de Desarrollo Rural… ”En Colombia había que mejorar el diálogo entre gobierno nacional, departamentos y municipios… “pero todo eso será insuficiente… la nueva institucionalidad requiere una alianza entre ciudadanos y autoridades… tenemos el reto obvio de cómo financiar todo esto: tiempos excepcionales requieren financiación excepcional… Y una visión compartida (Estado, ciudadanía, FARC) de para dónde vamos”. Continúa


REFERENCIAS


LSV (2014). “¿Conducirán los acuerdos publicados al fin del conflicto armado?”. Debate, Youtube, octubre 9


PP (2014) “En La Habana estamos tratando de terminar el conflicto, pero la paz, la vamos a construir entre todos, en las regiones”, Proclama del Pacífico, octubre 10


VVAA (1998). “La Misión Rural para Colombia”. LatinNo (sf)

domingo, 23 de agosto de 2026

Hongos y levadura: ¿emprender o planificar?

 Publicado en El Espectador, agosto 27 de 2026




Ha habido explicaciones muy diversas sobre el reversazo en el nombramiento de Carlos Eduardo Sepúlveda en el DNP, que generó un saludable debate entre quienes creen en la planificación del desarrollo económico y quienes la consideran fútil por las múltiples incertidumbres y las alternativas de acción para el ensayo y error. 


El dilema entre estas dos posiciones es milenario, como recordó La Odisea de Nolan. Ulises es el gran improvisador; adaptable, sobrevive a circunstancias siempre cambiantes gracias a la astucia, el disfraz, la mentira oportuna y la reacción rápida. Su fortaleza es la flexibilidad. Atenea, por el contrario, favorece el orden, la estrategia y la previsión calculada. Otros personajes míticos también ilustran la disparidad: Prometeo, “el que piensa de antemano” versus Epimeteo, “el que piensa después”. 


Juan Luis Mejía, ex rector de EAFIT, publicó hace unos años “El culto al avispado”, pequeño ensayo sobre la misma disyuntiva. A principios del siglo XX, un desertor se internó en las selvas del bajo Cauca. Buscando fortuna se hizo pasar por experto aserrador sin tener ni idea del oficio. Vivió “dos años a cuerpo de rey” para, dice Mejía, convertirse en arquetipo del antioqueño: “recursivo, atrevido, chacharachero, audaz…” en una palabra, un avispado con “profunda confianza en sí mismo, (que) no requiere preparación… no prevé las situaciones, las resuelve en cada momento gracias a su viveza”.


Hay un deje despectivo con el avispado, que corresponde al que quienes planifican le tienen a los recursivos. La tecnocracia “de siempre” desconfía de los “nunca” por sus lagunas en teoría económica. Pero la patria milagro, esa aversión a planificar, tiene buen pedigree conceptual. Viene al menos desde Arnold Harbeger de la Escuela de Chicago. Aunque no recibió el premio Nobel y, como el nuevo gobierno, está a la derecha de lo soportable para la intelectualidad local, fue un economista respetado por la academia norteamericana. Mientras Milton Friedman era el faro teórico y mediático, Harberger formaba a los estudiantes latinoamericanos conocidos como Chicago Boys. En un conocido trabajo buscó  explicar la reducción de costos en distintos sectores con la metáfora de “la levadura versus los hongos”. La analogía surgió del hecho que la fermentación “hace que el pan se expanda de manera uniforme, como un globo al llenarse de aire, mientras los hongos aparecen de un día para otro”. Planificar el desarrollo presupone que la economía se comporta como algo que crece  homogénea y armoniosamente. Es muy distinta de los hongos, que lo hacen de forma caprichosa, dispareja y, sobre todo, absolutamente impredecible, como un terremoto. 


Un buen test para tomar en serio los champiñones sería verificar si alguna política pública surgida de los últimos planes de desarrollo en Colombia fue factor relevante para explicar y replicar el éxito de los recientes plusmarquistas colombianos en emprendimiento. Con orígenes y actividad variados -fintech, energías renovables, vivienda usada, entregas a domicilio, software contable- todos partieron de lo que había, no buscaron inventar nuevos sectores, ni cambiar el mundo. Algo similar puede decirse de los pocos mini negocios informales que lograron consolidarse y convertirse en empresas de tamaño respetable: tratamiento con frutas para el cabello, tenis de diseño, fajas, distribución para tiendas. Una verdadera miscelánea. 


Los planificadores pregonan que el Estado debe suministrar los bienes públicos para que funcionen las empresas: macroeconomía sana, seguridad, infraestructura, transporte, justicia, atención de desastres etc… ¿Pero, quién define las prioridades? ¿Cuándo y cómo se sabe si lo que hay es suficiente? ¿Cuáles son el tamaño y el papel razonables de un Estado? Todos los negocios referidos operaron con lo que había y salieron adelante aún con pandemia. 


Dos temas merecen especial atención: salud y educación. Sobre la primera hay relativo acuerdo en un servicio público básico complementado con especialidades privadas. Con la educación el debate es álgido. Se pueden apresurar algunas ideas de la pequeña muestra de emprendimientos más exitosos escogidos por Forbes en 2026: dos los montaron personas que estudiaron en EEUU y cinco en universidades privadas (Uniandes y EAFIT), que bien hubieran podido ser beneficiarias de “Ser Pilo Paga”, el programa prematuramente desmontado por la mentalidad estalinista. Un punto crucial es no haber estado sometidas al tóxico discurso anti empresarial que asimila capitalismo a monopolio depredador que apoya paramilitares. 


Finalmente, el avispado condujo al liderazgo paisa en emprendimiento: con un 13% de la población, Antioquia “concentra entre el 22 % y el 25 % de las startups del país”. Ni Mejía ni el autor que cita -de hace un siglo- pensaron que una nueva variante de este personaje sería un gobernante y sus alfiles convertidos en hongos venenosos, astutos personajes empeñados en saquear al Estado y buscar impunidad. A estos amanita muscaria, sólo los detienen las instituciones que, cuando funcionan, son como la levadura madre. 


REFERENCIAS


Alguero, Miguel Orlando (2026). “Estas son 5 empresas paisas que crecen en Colombia y en el mundo” El Colombiano, mayo 18


Barrios, Mª José (2026). “Así se consolida el recorte del Estado: manejo de la crisis obligó a replantear prioridades”. El Espectador, agosto 23


Bernal, Camila (2024). “La mujer que convirtió la tragedia en una historia de éxito empresarial, ya factura US$3,5 millones”. Forbes Colombia, mayo 15


Caparroso, José (2026). “Seis colombianas figuran entre las compañías de mayor crecimiento de Endeavor a nivel mundial”. Forbes Colombia, abril 7


Harberger, Arnold (1998). “A Vision of the Growth Process”, American Economic Review, 88(1):1-32


LD (2026). “Qué es la UCO y cómo se organizan sus más de 600 agentes de élite frente a las tramas de corrupción y crimen organizado”. Libertad Digital, mayo 5


Mejía, Juan Luis (2010). “El culto al avispado”. UniversoCentro Nº 9, febrero


Pérez, Juan David (2026). “DIAN, DNP,  Secretarios y Vices: Maratón de Nombramientos de Abelardo”. La Silla Vacía, agosto 13

martes, 18 de agosto de 2026

Zapatero, la justicia y el caduco socialismo democrático

Publicado en El Espectador, agosto 20 de 2026





Un asunto importante después del verano en España será el eventual juicio a José Luis Rodríguez Zapatero (ZP) tras la imputación por tráfico de influencias, organización criminal, blanqueo de capitales, evasión fiscal y contrabando. Es posible pero poco probable que este proceso tumbe a Pedro Sánchez. En todo caso, habrá repercusiones en Colombia.


Pablo Iglesias ya tuvo dificultades con RTVC. En 2024 Hollman Morris anunció un espacio dirigido por este ex político dedicado al “periodismo serio, pero sin ocultar afinidades ideológicas”. Medios españoles anticiparon que el fin del petrismo amenazaba el arreglo que permitió a Iglesias acusar de fascista a Abelardo de la Espriella durante la campaña electoral. Los enredos judiciales de ZP perjudicarán la imagen de la izquierda democrática en España y Latinoamérica. El romántico “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho” quedó en franca contradicción con el codicioso defensor de Maduro que utilizó su posición, sus contactos y hasta a sus hijas para enriquecerse ilegalmente. 


Menos célebres pero dicientes han sido sus opiniones sobre la justicia penal. Hace unos años, ZP se declaró partidario de la “mínima intervención del derecho penal en los conflictos políticos”. En 2003, para evitar que en el País Vasco se convocara un referéndum independentista, el gobierno del PP estableció penas entre 3 y 5 años para el delito de “convocatoria ilegal… por referéndum”. Al llegar ZP al poder esa conducta dejó de ser delito. La justificación: tales actuaciones “no tienen entidad para merecer el reproche penal, y menos aún si la pena es la prisión”. 


El humanismo naufraga para calificar las condenas a los adversarios políticos por delitos de corrupción, con condenas de muchos años de cárcel. Otra declaración de intenciones frágil es la de no entorpecer las investigaciones judiciales. Ante la imputación, ZP manifestó su plena “disposición a colaborar con la justicia”. Insistió en su inocencia: “mi actividad pública y privada se ha desarrollado con respeto a la legalidad… quiero reafirmar con toda contundencia que jamás he realizado ninguna gestión ante ninguna administración ni el sector público para el rescate de Plus Ultra” el cargo más grave.  


Por proximidad ideológica, un vínculo nominal entre Colombia y ZP es la Internacional Socialista de la cual fue vicepresidente y Ernesto Samper activo promotor con su partido Poder Popular. Pero el verdadero contacto político con ZP fue la mediación venezolana del 2016 cuando Samper, entonces secretario de UNASUR, promovió el diálogo entre el régimen de Maduro y la oposición. Según un medio español, fue una invitación envenenada: “Samper ofreció (a ZP) participar en la Comisión de la Verdad… con la que Maduro pretendía contrarrestar el efecto de la Ley de Amnistía”. Se trataba de imponer los intereses chavistas, “16 integrantes revolucionarios y cuatro puestos para opositores, rechazados incluso antes de empezar”, remata el periódico. Encima, en esa ocasión Samper hizo suyas “las acusaciones de Maduro contra EEUU… (pues) fuerzas internacionales estarían tratando de inmiscuirse en asuntos internos del país cuando las soluciones tienen que venir de los venezolanos”. Posición paradójica cuando el mismo intermediario buscaba involucrar al líder español en la política interna venezolana. Un año antes, según Americas Quaterly, Samper viajó a Caracas para una reunión privada con Maduro quien luego acusó “a la administración Obama de orquestar un golpe sangriento contra el gobierno venezolano”.


Fue por esa época que ZP se volvió activo mediador en Venezuela. En 2017 según la BBC, llevaba “varios años promoviendo el entendimiento entre ambas partes”. Lo que la justicia española descubrió recientemente es que esas labores le generaron no sólo jugosos honorarios sino descomunales comisiones sobre los negociados del sanchismo con empresarios chavistas. Lo que realmente asombra es que el carismático líder, faro moral del socialismo español y latinoamericano, el que prometió colaborar con la justicia, haya mutado a aprendiz de tinterillo empeñado en buscar atajos procedimentales para invalidar la evidencia en su contra. Para este socialista, el castigo es inútil, pero cuando puede caerle conviene evitarlo como sea. 


Ahora que el enfrentamiento político se centrará en la narrativa, si el mentor europeo acaba encarcelado como Maduro, ¿qué hará la aporreada izquierda  activista colombiana? El resentimiento y la inquina de la oposición militante ante la ejemplar respuesta al terremoto de un gobierno sin desempacar impiden ser optimista. Víctimas y observadores tuvieron algo de alivio con la “serenidad de los competentes”. 


Además, el sátrapa venezolano recibió la desinteresada ayuda del otro ex presidente colombiano sin visa USA, involucrado en UNASUR y la Internacional Socialista presidida por Pedro Sánchez, tan cercano a ZP como criticado por Trump. La lógica y mecánica precisas del embrollo son demasiado confusas, pero sería apresurado descartar que estos factores pudieron contribuir a la ausencia de Samper en la reciente posesión presidencial.


REFERENCIAS


AQ (2015). “Secretary-General of UNASUR & Nicolás Maduro Meet in Caracas”, February 5


BBC (2017) “Nuevo intento de diálogo entre gobierno y oposición de Venezuela por iniciativa de República Dominicana y del expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero”. BBC Mundo, septiembre 13


Constantini, Luca (2026). “La salida de Gustavo Petro amenaza el negocio de Pablo Iglesias en Colombia”. The Objective, agosto 8


EC (2024). “Hollman Morris incluirá programa de Pablo Iglesias, exlíder de la coalición política Podemos de España, en RTVC”. El Colombiano, nov 18


EC (2025). “Consejo de Estado tumba la personería de Poder Popular del expresidente Samper y desata críticas de Petro”. El Colombiano, sep 19 


EE (2025). “Trump deja en evidencia a Sánchez por su gasto en Defensa ante 30 líderes mundiales en la cumbre por la paz en Gaza”. El Español, oct 14


Fajardo, Alejandro (2026). “La serenidad de los competentes”. Substack, agosto 11


Gálvez J.J. e Irene Dorta (2026). “El juez mantiene la imputación de Zapatero tras un interrogatorio exigente y cuatro fuentes de prueba”. El País, junio 18


Gómez, Teresa y Fran Serrato (2026). “Zapatero evita contestar a la Fiscalía dentro de su plan para anular la causa”. The Objective, junio 18


HP (2022). “Las principales reacciones a la tercera condena al PP por la trama Gürtel: Ni regeneración ni renovación”. HuffPost, abril 8


Lozano, Daniel (2016). “Zapatero, mediador en Venezuela en pleno despliegue militar”. El Mundo, mayo 17


Masa de Vega, Adrián (2026). “La lista de condenas más altas por corrupción en democracia”. EFE, junio 24


Ramos, Fernando (2024). “Zapatero dice que hay casos en que la política debe quedar exenta del Código Penal”. Mundiario, febrero 7


 



martes, 11 de agosto de 2026

La soberbia y desfasada propaganda a la Paz santista

 Publicado en El Espectador, agosto 13 de 2026




La decisión del nuevo presidente de no invitar a Juan Manuel Santos a su posesión tendría que ver con “diferencias radicales frente a la negociación con las Farc”. Colombia descansó al impedir que un par de voluntaristas autócratas se atornillaran al poder más tiempo del contemplado en la Constitución. Una versión taimada de ese mismo propósito fue dejar, después de dos cuatrienios en la presidencia, un ambicioso plan de desarrollo para el campo cuya ejecución, financieramente incierta, requería cuatro períodos adicionales.  


“La sola implementación del proceso de paz es un gran programa de gobierno... Ahí estaba buena parte de la solución de los problemas” es la afirmación más ingenua, irrespetuosa y desconcertante del podcast La Historia no Contada del Proceso de Paz que empezó a publicar Juan Manuel Santos a finales de 2024. Con escasa objetividad, el premio Nobel entrevista a gente de su equipo con analistas incondicionales de la controvertida negociación. El ejercicio se inicia con un chiste bastante flojo  pero revelador: “ahora sí les voy a contar cómo fue que le entregué el país a las FARC”. 


JMS recurre a argumentos falaces y abunda en el cherry picking. Incluso, permite dudar si realmente existieron esas señoras que se acercaron a decirle, militares que le contaron o víctimas que le dijeron. Es lamentable su manejo acomodaticio de las causalidades. Con escasa modestia, para él, casi cualquier manifestación de la violencia ocurrida desde 2018 se hubiese evitado implementando el Acuerdo. Incluso le dio lecciones de derecho constitucional al presidente electo. Una protuberante falencia de este ejercicio de propaganda ex post es no haber invitado víctimas de las FARC para contar pormenores de un proceso centrado en esa figura.


Es obligación de cualquier gobernante superar el atraso del campo, la exclusión por falta de oportunidades, la desigualdad y las carencias de servicios públicos. Bastante más arriesgado resulta mezclar, con criminología precaria, la relación causal entre esos factores y un conflicto armado alimentado por economías ilegales. Lo que ya es abiertamente inaceptable para una alta proporción de la ciudadanía es que esos planes y programas se hayan discutido con quienes se declararon enemigos del Estado y pretendieron tomarse el poder con las armas. En cualquier democracia seria, una línea roja es no conceder beneficios políticos a quienes los buscaron de forma violenta. 


JMS reitera, como muchos adláteres, que sin su proceso de Paz, la izquierda no hubiese llegado a la presidencia. Nada más contraevidente. Varios políticos de izquierda -Ernesto Samper, Carlos Gaviria, Antonio Navarro, Clara López, Iván Cepeda- ejercieron, rondaron, han vivido el poder. Gustavo Petro preparó su ascenso primero como congresista y, sobre todo, desde la Alcaldía de Bogotá; allí aprendió las corruptelas cometidas por el Pacto Histórico desde 2022 con descaro y arrebato. La “filosofía de la impunidad” ante el delito político viene de lejos, dio un salto cualitativo con la JEP de JMS e hizo metástasis con la Paz Total. El eventual punto de quiebre en los chances de que la izquierda gobernara fue la Constitución del 91, esa que incomodó a Petro-Cepeda pero que ya había sufrido un ajuste fast-track para encajar una ambiciosa agenda legislativa después de 6 años de gobierno Santos y una derrota en el plebiscito. 


Un capítulo revelador del podcast es “Los saboteadores de la paz” en el que Humberto de la Calle, bastante ecuánime, califica la actitud de Álvaro Uribe no como saboteo sino “oposición” y manifiesta comprender sin compartir las opiniones de los militares retirados opuestos al proceso. Bajo un gobierno que hizo explícita su voluntad política de implementar el Acuerdo de Paz de 2016 con magros resultados, con un giro de 180º en el entorno geopolítico -Trump en Venezuela y Cuba- y la mayoría de curules del Acuerdo de Paz respaldando a Abelardo,  seguir llamando saboteadores a los escépticos de la paz santista es un despropósito. 


La confusión y opacidad en el tema narcotráfico en las FARC merece un análisis separado. Baste adelantar que antes de abandonar el proceso ya se habían retirado de la mesa, o preparaban su salida, todos los comandantes claves del procesamiento y exportación de cocaína colombiana. 


A nadie sorprendió que en su discurso de posesión el nuevo presidente  hiciera una demoledora crítica a la médula de la paz del 2016, la JEP. Expresó que respetará “el orden jurídico, sin renunciar al deber de revisar, con absoluto rigor, los efectos de una jurisdicción que nació desconociendo la voluntad popular… una Nación no puede aceptar que la justicia se convierta en un mecanismo de indulgencia”. Para oír ataques ya cantados a los procesos de paz anteriores, era apenas prudente que no estuviera presente el principal promotor del más ambicioso. 


REFERENCIAS


Akörde CORE (2024). “Disidencias por dentro”. Podcast


EH (2026). ““No más procesos de paz”: Abelardo de la Espriella”. El Heraldo, marzo 27


Gómez , Carol Tatiana (2026). “La mayoría de curules que nacieron del Acuerdo de Paz respaldan a Abelardo de la Espriella, crítico del proceso”. Cambio, julio 22


González, Jorge (2026). “¿Por qué De la Espriella no invitó a Santos a su posesión?”. Las2Orillas, agosto 4


Mejía Farias, Luna (2026). ““La Constitución dice que tiene que implementar el Acuerdo de Paz”: Santos a De la Espriella”. El Espectador, julio 27



TC (2023). “Balance del primer año de gobierno del presidente Gustavo Petro en materia anticorrupción”. Transparencia por Colombia, sf


Trejos Luis Fernando y Reynell Badillo (2024). “De Total a Parcelada: la Paz de Petro en 2024”, La Silla Vacía, dic 23


Valencia, Carolina (2026) “De la Espriella sobre la JEP: “Respetaré el orden jurídico vigente sin renunciar a revisar””. Noticias Caracol, agosto 7