Publicado en El Espectador, noviembre 12 de 2026
Se pregona que un conjunto de minorías supuestamente homogéneas son paradigma del progresismo. Reconociendo el pleno derecho a practicar su sexualidad libre y consensualmente con quien escojan, sería erróneo respaldar un activismo reaccionario, contrario al paradigma de la evolución de las especies e insensible a los avances en biología, genética, medicina, antropología, psicología, ciencias cognitivas etc… definitivos para el progreso y bienestar de la humanidad.
La narrativa LGBT es un disparate anticientífico: plantea que, al nacer una persona, el establecimiento médico le “asigna un género” no determinado por su sexo. La supuesta teoría ni siquiera tiene la popularidad y el pedigrí milenario del creacionismo. Sin embargo, distintas asociaciones profesionales estadounidenses recomendaron abandonar términos como “sexo de nacimiento” pues puede cambiar; sugieren optar por “asignado masculino/femenino” al nacer.
Antes del Origen de las Especies, Charles Darwin postuló “una causa fundamental para la existencia de sexos en animales distintos: de otro modo, habría tantas especies como individuos”. Hoy la ciencia plantea de manera contundente que “la existencia de dos —y solo dos— sexos ha sido un hecho establecido en la biología moderna”. Así, la sexualidad masculina es diferente de la femenina, sea heterosexual u homosexual. Consecuentemente, es desacertado mezclar agendas y derechos de lesbianas y gays. Sobre la diferente sexualidad, el conocimiento es reciente. Avanzó gracias a la sexología experimental, pero hay evidencia de distintos entornos: demografía, apps de encuentros, mercadeo de bares o cafés, o de viajes, patrones de elección de barrio etc…
Una discrepancia crucial, intuida hace un milenio, es la importancia relativa de lo innato sobre lo aprendido, más marcada en gays que en lesbianas. En el siglo IX el médico Qusta ibn Luqa mencionó la homosexualidad hereditaria. En el juicio en su contra, en 1317, el franciscano Arnaldo de Verniolle declaró que “su naturaleza lo había inclinado a pecar”. El hecho que el gay lo sea desde que nace fue definitivo para su progresiva aceptación. Desde finales del s.XIX médicos alemanes liderados por Magnus Hirschfeld insistieron que la homosexualidad era innata y consecuentemente “lo que es natural no puede ser inmoral”; menos aún pecado o crimen. Un fuerte indicio de su naturalidad son los fracasos para alterarla.
Paradójicamente, la militancia LGBT terminó favoreciendo la discriminación y la represión: si el género es escogido bien puede revertirse. El endocrinólogo belga Jacques Balthazar dedicó un tratado a mostrar que “se nace homosexual, no se elige serlo”. El lesbianismo es menos predeterminado, más fluído y cambiante. La evidencia surge con distintas metodologías.
El conocimiento sobre el colectivo trans (T) es el más opaco, parte por su complejidad y parte porque el mismo activismo ha impedido, con violencia física y saboteo a seminarios, discutir sus características incluso con médicos que atendían, estudiaban y contribuían a su transición con fármacos o cirugías. También es indispensable distinguir entre “mujeres T” que son personas nacidas hombres y “hombres T” o sea las nacidas mujeres que, se cae de su peso, pueden tener hijos y ocasionalmente se anuncian como “hombre embarazado”. La mayor oposición a la “teoría de género” viene del feminismo tradicional. En 2020, J.K. Rowling, autora de Harry Potter inició una campaña contra el activismo T que condujo a que el Tribunal Supremo del Reino Unido declarara que los términos “mujer” y “sexo” se refieren al sexo biológico.
Es desacertado afirmar que el Estado colombiano o la sociedad, aún la iglesia católica, reprimen al colectivo LGBT como hace décadas. Tal vez la persona T más célebre y admirada de Colombia sea Brigitte Baptiste quien dictó clase como mujer en una universidad jesuita desde 2003. En la liberal Francia tal aceptación surgió dos décadas después. En cualquier campus del mundo un hombre T pasaría desapercibido, a no ser que estuviese preñado :)
El gran avance en los derechos de la población homosexual en Colombia fue su despenalización, liderada por el Movimiento de Liberación Homosexual (MLH) en 1981, o sea dos décadas antes de que se adoptara el acrónimo LGBT. Es ingenuo y pretencioso que el activismo se atribuya los avances en derechos de un colectivo más diverso que el MLH que lo precedió. Los vestigios de persecución hoy se concentran en los hogares y en abusos policiales. Pero no hay testimonios de Brigitte Baptiste abusada o maltratada, salvo en X. La razón es simple: no ha ofrecido servicios sexuales callejeros, una actividad bastante peligrosa sea cual sea el sexo de quien la practica.
Abundantes testimonios y datos permiten conjeturar que la discriminación remanente la fortalece el mito anticientífico de la sexualidad asignada. La homofobia familiar, fuerte y persistente, se cultiva en el hogar desde la infancia. ¿Qué se puede hacer para disminuirla? Lo más simple, eficaz, razonable y lógico: respetar los derechos pero erradicar la charlatanería y rescatar la ciencia.



