domingo, 18 de octubre de 2026

Del Olimpo a las cloacas y las mafias en una generación

 Publicado en El Espectador, octubre 22 de 2026



Hace pocas décadas hubo en España un socialismo por el que la gente votaba entusiasmada. El gobierno correspondía con liderazgo, proyectos y programas. En corto tiempo la política se deterioró tanto que el sanchismo, hoy en el poder, es más una banda organizada con obsesión por robar y evadir la justicia que un colectivo pendiente del bienestar ciudadano. Aunque el PSOE y los partidos a su izquierda, incluyendo comunistas, aún se autodenominan progresistas, de eso queda poco. Ahora son más un revuelto reaccionario aliado con depredadores. 


Pasqual Maragall (1941) fue un tecnócrata catalán formado en el anti franquismo que tras una carrera burocrática terminó en la política. Economista especializado en urbanismo, reflexionó sobre lo público y específicamente sobre la frontera entre intereses colectivos y privados. Reelegido siempre que se presentó, fue alcalde de Barcelona durante 15 años. Convirtió la ciudad, impulsada por los Juegos Olímpicos de 1992, en referente urbano global. Defendió la “revolución de las alcantarillas”, la eliminación del chabolismo (barrios de invasión) y la dignificación vecinal como grandes prioridades. “Recuperó el litoral, transformó zonas históricamente aisladas, impulsó infraestructura, nuevos espacios públicos y equipamientos”. Su proyecto de ciudad fue reformista, “planteaba problemas complejos y dudas… hablaba a la ciudadanía como si fuera inteligente”. Convirtió la vieja ciudad post industrial degradada en una urbe internacional abierta, moderna y competitiva, centro del conocimiento y la innovación, sin abandonar “barrios populares y dignificación de la periferia”. Hasta en la definición de la red de transporte público participaron los habitantes de asentamientos informales para lograr con “autobuses de barrio” servicio casi puerta a puerta a precio irrisorio. La película histórica El 47 describe el proceso. 


España ganó la Copa Mundial de Fútbol masculina en 2010 y 2026, la femenina en 2023. También se destaca en tenis, baloncesto, balonmano, deportes de motor, ciclismo y waterpolo. Los juegos olímpicos del 92 fueron el quiebre para convertir ese país en potencia deportiva mundial por “el cambio de mentalidad, la profesionalización y el impacto organizativo y social”. 


Paradójicamente, también en Cataluña surgieron otros políticos, en las antípodas de Maragall en términos de preparación, vocación y manera de gobernar: fortalecieron el provincialismo retrógrado e independentista que contrasta con los logros de Barcelona, ciudad abierta al mundo y cosmopolita. La añoranza de un pasado mítico y glorioso es por definición contraria al progreso material, intelectual y político. 


En un punto bastante más bajo que los independentistas está Pedro Sánchez, un político cínico y astuto que se inventó una coalición denominada “bloque progresista” que en realidad es “la fase superior del populismo (que) atrae con eficacia a los votantes más radicales”. Se ha hecho un paralelo entre los eslóganes utilizados por Sánchez y aquellos del Frente Popular en las elecciones de 1936, las últimas antes del golpe de Estado y la Guerra Civil. “Las derechas son el fascismo… Votarlas es traicionar la causa obrera y negar los derechos humanos”. Entonces como ahora la izquierda combate a cualquiera a la diestra del PSOE; según ella “fondos buitre” de dudoso origen dominan la ultraderecha que si llegara al poder acabaría con “los derechos de las mujeres, del colectivo LGTB, de los jóvenes (excluidos) y un largo etcétera de víctimas”. Para enderezar la memoria histórica, Sánchez, precedido por Zapatero, seriamente imputado, desenterraron el franquismo, ignorando la Transición Democrática y las Cortes Constituyentes de 1977. La superioridad moral no ha sido óbice para la descarada corrupción. Un capítulo escabroso son las “cloacas” coordinadas por Leire Díez, “fontanera”, ex militante socialista actualmente investigada por la Audiencia Nacional con pruebas acopiadas por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. El objetivo de esa “trama” era recoger información comprometedora, “trapos sucios”, sobre jueces, fiscales y la UCO para neutralizar investigaciones judiciales que afectaran al PSOE o al entorno familiar de Sánchez. El extremo más horripilante al que presuntamente llegaron son las maniobras de un ex juez contra Beatriz Biedma instructora de la causa contra el hermano del presidente involucrando a un clan mafioso para “eliminarla” puesto que “a palos aprende el burro”, como pregona la  ultraderecha.


Cualquier parecido con lo ocurrido en Colombia el pasado cuatrienio no es coincidencia. Es la misma dinámica perversa del caudillo impune que ofrece prebendas o puestos para asegurar lealtades incondicionales. Coimas y saqueo de entidades públicas se adornan con “un relato de pureza” y “certificados de decencia”. Por fortuna existían, en España y Colombia, instituciones anteriores a los autócratas que, parece ser, aguantarán el embate. En ambos casos with a little help from the USA que resultaron menos dañinos que ellos. A diferencia de Petro, Pedro Sánchez no fue guerrillero, es trabajador, bien presentado, habla inglés, cuida su alimentación y hace mucho deporte. Al menos en algo podría servir de ejemplo para jóvenes.

viernes, 9 de octubre de 2026

Justicia restaurativa: Lacan, realismo mágico e impunidad

 Publicado en El Espectador, octubre 15 de 2026


En una desprevenida entrevista, María Victoria Uribe (MVU), antropóloga e historiadora, expone las ventajas de la justicia restaurativa. Menciona a un paramilitar encarcelado con el que identificó misteriosos vínculos entre el asesino y sus víctimas. “Hablé con él en su celda… Un tipo tranquilo, no lo angustiaban (sus) crímenes”. Poco después continuaron. “¡Ay! doctora, usted no sabe lo que me pasó… ¡Imagínese!”. En una audiencia de Justicia y Paz una señora, ya viejita, lo abrazó y le dijo: “yo lo perdono. Usted mató a mi marido y a mis hijos. Lo único que le pido es que me diga dónde enterró al pequeño… Desde ese día ya no soy el mismo”. Eso la llevó a consultar un psicoanalista para entender “por qué esa mamá le altera al asesino toda su visión del mundo”. Para ella, esa víctima encarna el famoso fantasma de Lacan que lo pone en contacto con su propia madre, “que le voltea el chip”. 


Así, con herramientas lacanianas, bosqueja la justicia restaurativa. “Mucha gente no lo entiende. En la fiscalía he oído decir que ojalá se termine la JEP para echarle mano a esa gente”. Precisa que también “muchos colombianos quieren que ellos se vayan para la cárcel… ¿cómo así que los van a poner a hacer trabajo social si son criminales?, se tienen que ir para la cárcel”. MVU sentencia: “no entienden el poder de la justicia restaurativa, consideran que eso es impunidad”. Y generaliza sin mayor sustento. “Por los pocos casos que alcancé a ver en el oriente antioqueño, la justicia restaurativa es muy eficiente, tanto para la víctima como para el victimario que se confiesa, pide perdón, acepta haber hecho lo que hizo y la víctima lo perdona… muchos se terminan abrazando y ese abrazo es genuino”. Ni siquiera recurre a Lacan, basta afirmarlo con unos pocas testimonios bien seleccionados. “Eso es justicia restaurativa; ¿cómo que no es efectiva? ¡Por favor! ¡Si hay un abrazo entre el perpetrador que mató al marido de esta señora, que es capaz de oírlo, porque se oyen!”. 


Después MVU da un volantín para banalizar la violencia y señalar que la verdadera dificultad en Colombia es que “nadie se oye… aquí tenemos un problema de escucha fatal”. Vuelve a reflexionar: “si esos dos se oyen y finalmente el uno entiende al otro y se abrazan ¿qué más quiere uno en la vida? O sea, lo que quieren es clavarlo en la cárcel… Habrá muchos abogando por la pena de muerte… Yo no puedo entender… se me ocurre que es porque no han visto lo que la justicia restaurativa puede hacer”.


Alude a una “cosa muy bonita de la Comisión de la Verdad”: los encuentros cara a cara entre perpetradores y víctimas. “Es imposible que el corazón no se te arrugue”. Recuerda otro encuentro entre un ex combatiente de las FARC que “acepta lo que hizo” ante una madre que perdió a sus hijos. Están en una tarima con micrófonos separados; se oyen mutuamente y después se abrazan. “Eso es una cosa muy conmovedora y muy diciente, que estos señores de ultraderecha no quieren ver”. Para un asunto tan difícil de entender como el fanatismo godo, acude al realismo mágico: es como un “acting out… algo tiene que ver con que hayamos enterrado La Violencia de los años cincuenta bajo muchas capas de tierra… esos contenidos están ahí y afloran… No hay manera de ponerle un punto final”. 


Marta Ruiz, periodista informada, conocedora a fondo del proceso de paz, con pragmatismo y honestidad mental sorprendentes para la oposición actual, anota que tras el plebiscito sobre el Acuerdo de Paz “sólo importaban dos puntos: cárcel o no cárcel para las FARC y participación en política. Era lo que los opositores no querían. Por eso se perdió el plebiscito… La gente quiere ver a las FARC en la cárcel”. Desafía la visión de MVU sobre las razones para el NO y el rechazo a la justicia restaurativa que sigue manifestando una alta proporción de víctimas por fin escuchadas en serio sin supervisión JEP. Mucha gente pide castigo proporcional al daño causado, así de simple. Ruiz reconoce que “nunca hicimos la tarea de convencer a esa mitad de la población” para concluir que, al menos, “la verdad es un valor instaurado”. Ahí falló. Ni siquiera la JEP logró verdad para el macrocaso de secuestro: sentencias ofensivas, vergonzosa audiencia con risitas cómplices de una magistrada y el líder perpetrador que rechazaron varias víctimas. Tras muchas reflexiones, una de ellas precisó: “me estremecía observar la reverencia con la que la justicia trataba a mis verdugos. No había contrapreguntas. No había confrontación. Había embeleso. Timochenko lo sabía. Se sentía superior. Podía mentir alegremente".


REFERENCIAS


Betancourt, Ingrid (2026). “De risitas y otros demonios” El Tiempo, oct 10


Correa, Juan David (2026) “Entrevista a Maria Victoria Uribe”. Conversaciones Pendientes, sep 6


Correa, Juan David (2026) “Entrevista a Marta Ruiz”. Conversaciones Pendientes, oct 4


Lancheros, Catherine (2026) “Secuestrados por las Farc rechazaron las declaraciones de un “buen trato” que hizo ‘Timochenko’ sobre los cautiverios” Infobae, oct 7

 

Noticias RCN (2026). “Revelan polémicos videos de Timochenko ante la JEP en 2019: ¿de qué habló?” YouTube,  Oct 5


sábado, 3 de octubre de 2026

La fracasología local ante la derecha y la corrupción

 Publicado en El Espectador, octubre 8 de 2026



Para muchísimas personas, el Gobierno del Cambio fue angustioso, impredecible, ineficaz, corrupto y pendenciero. Encima, su adalid casi se atornilla al poder asociado con un sombrío personaje de formación soviética. El temido escenario lo impidió un candidato visceralmente opuesto a ellos que ganó por una nariz. La izquierda, dividida como siempre y desconcertada como nunca, se debate entre luchas intestinas y qué hacer con el líder. Se indignan ante cualquier decisión de Abelardo de la Espriella quien en todos los tonos y por distintos medios anunció que gobernaría con ideas y prioridades de derecha. ¿Esperaban que lo hiciera como Sergio Fajardo?


La crítica puede terminar en graves acusaciones que deberían denunciarse ante la justicia penal. Con frecuencia se confunde delinquir con irrespetar protocolos y se ignoran escalas de gravedad. Proclamándose abierta, dialogante e incluyente, la izquierda intelectual, carece de una actitud democrática básica: aceptar derrotas electorales y alternancia en el poder. Peor aún, obsesionada por monopolizar la narrativa, busca estigmatizar y acallar las ideas que no comparte. Es común pensar que los problemas surgieron tan lejos como sea posible. En Colombia 2026, por supuesto, los líos no vienen del gobierno inmediatamente anterior, que sí los recibió de sus antecesores desde la Colonia. 


La historiadora María Elvira Roca Barea propone el término fracasología para “la acomodación de ideas negativas y catastróficas” de las élites pensantes. Una consecuencia es la falta de compromiso positivo: la misión es criticar, manifestar descontento, pero rara vez proponer algo distinto de sueños frustrados, ensayos y, si acaso, leyes en el papel. En España, Roca Barea atribuye esta visión al afrancesamiento de quienes utilizaron la “autodenigración como signo de superioridad intelectual y como una forma de eludir responsabilidades”. En América Latina, tras la Independencia, Francia ocupó buena parte del espacio cultural. En la Nueva Granada se configuró una oposición entre sectores próximos a la tradición hispánica católica y quienes admiraban la cultura francesa, el liberalismo, el republicanismo y los cambios revolucionarios. Esta influencia se dio en varios ámbitos: política, costumbres, moda, literatura… y además educación. Primero, por la presencia de congregaciones y docentes franceses, cuyos colegios formaron a futuros ingenieros, médicos, abogados, comerciantes, militares y eclesiásticos. Desde el siglo XIX, el legado francés en la mentalidad de la élite universitaria se transmitió por la Universidad Nacional incluso en áreas científicas como la medicina. En derecho la influencia fue contundente: el Code Civil napoleónico. 


Hace varias décadas que Colombia padece una élite europeizada por la influencia de pensadores alemanes y españoles sobre el derecho y la jurisprudencia. Casi simultáneamente, la economía “neoliberal” llegó al país por universidades anglosajonas. Así se entiende mejor la “doble personalidad” de la Constitución del 91, además con juristas que destronaron el sistema civilista.  La mirada centrada en Europa continental en detrimento de los EEUU puede ser delirante. Un ex ministro petrista, el más culto de los muchos gabinetes, sentenció, refiriéndose a las últimas presidenciales: “perdimos porque los tecnofascistas metieron la mano en las elecciones colombianas, bolivianas, ecuatorianas, chilenas, argentinas. Las quieren meter en Brasil, México, El Salvador, Honduras”. 


La fracasología afecta la corrupción por vías complejas y contradictorias. Para evadir responsabilidades, sobre incidentes concretos la lacra se le atribuye al adversario. Lo insólito es que una de las instituciones que la izquierda considera más inoperante, la justicia penal, es lo único que disuade e incapacita malhechores. Que evite la reincidencia es otra cosa; por algo el destierro o deportación fue usual contra los corruptos en varios lugares: Imperio Otomano, Antigua Roma, Atenas, Francia, Portugal y España… entre muchos otros. El texto clásico sobre inutilidad de las penas, Vigilar y Castigar, de Michel Foucault es la referencia más citada por la academia afrancesada. Allí se confirma que el destierro fue una pena corriente del llamado Antiguo Régimen, traducción del muy francés Ancien Régime. Foucault no se interesó por la corrupción que, como delito ligado a la propiedad y el beneficio, se toleraba. A pesar de este influyente pensador eso debe cambiar si se busca combatirla en serio. Se podría aprender de instituciones hispanas que superaron la fracasología para lograr resultados impresionantes contra estas nuevas venas rotas de hispanoamérica y la madre patria, que a veces terminan en autoexilio, desde un ex insurgente hasta un Rey Emérito. 


Esta semana se anunció un bloque anticorrupción que presenta un exceso de entidades dependientes de los políticos. En España se fortalecieron las técnicas forenses, no siempre asociadas con cadáveres y muerte sino con la capacidad de recoger pruebas sólidas. Eso se aprende por ensayo y error, no con más leyes. Por ejemplo, actualmente en el país la responsabilidad probatoria que operativamente “se diluye entre la Policía Nacional y el CTI” se superaría corrigiendo fallas de coordinación. 


REFERENCIAS


Escobar, JC y Maya Adolfo (2019) “Algunas lecturas francesas de las independencias hispanoamericanas” Co-herencia,  Vol. 16 Núm. 31 


García, Mateo (2026). “Iván Cepeda en sus propias palabras. Esta es su entrevista más personal. Exclusivo de Revista BOCAS”. El Tiempo, abril 24


Hernández Díaz, José María (2008). Influencias francesas en la educación española e iberoamericana (1808-2008). Gredos 


Laviña, Javier (1989) “Ilustración y reacción en la Nueva Granada”. Anuarion Colombiano de Historia Social y Cultural, Nº 16-17


LLC (2026) “El petrista Levy Rincón no aguantó que lo confrontaran en plena entrevista y prefirió irse”. Lalenguacaribe, sep 17


Moreno Montalvo, Gustavo (2026). “El Proceso Penal”. La República, oct 3


PGC (2024) “¿Qué hacemos? ¿Permitimos otros doscientos años de abandono o cambiamos la historia?”, presidencia.gov.co, ene 27


Restrepo, Ana Cristina (2026) “El Pentágono (de cómo convertir a Colombia en un polígono… de tiro)”. El Espectador, sep 20


Roca Barea, María Elvira (2019). Fracasología: España y sus élites: de los afrancesados a nuestros días. Espasa


RS (2026) “Así funcionará el bloque anticorrupción de Abelardo De La Espriella”. Revista Semana, agosto 31



UI-ET (2026). “Los 32 casos que se revisan del saqueo a Ecopetrol que la  auditoría llevará ante EE. UU.: hablan de sobornos, Cenit, el catalán y el ‘Bachi’”. Unidad Investigativa, El Tiempo, sep 20


VVAA (1868). La Universidad Nacional en el siglo XIX. Anales  

martes, 29 de septiembre de 2026

Paz, perdón ante las víctimas y JEP

 Publicado en El Espectador, octubre 1 de 2026




Una década después de creada la JEP, por fin suscita un debate franco e informado. El alto presupuesto con pocas sentencias recibió tardíamente la atención requerida. El simple intento de escarbar las cuentas llevó a la advertencia que Colombia dejaba de ser un Estado de Derecho. Los descaches penales se destaparon: han resultado inaceptables para una alta proporción de víctimas. “La pregunta jurídica permanece intacta. ¿Existe proporcionalidad entre la gravedad del crimen y la consecuencia que recibe quien lo cometió?”.


Una parte poco analizada es si la JEP realmente imparte justicia restaurativa que facilite verdad, perdón y reparación a las víctimas. De manera desprevenida, Pastor Alape, ex comandante del Secretariado, relata una anécdota ocurrida antes de su viaje a La Habana que ilustra las limitaciones del arreglo. Encargado de pedirle perdón a las víctimas de una de las peores masacres del conflicto, el 7 de diciembre de 2015 leyó un texto corto dirigido por las FARC-EP al pueblo de Bojayá.  


Empezó caracterizando la localidad como “semilla de la reconciliación que germinará en la paz de Colombia”. Tras agradecer a los países garantes, la ONU, otras ONGs y la Iglesia Católica anotó que “nos colocamos al frente de todas y todos ustedes, para solicitarles acepten nuestra disposición a rendir tributo y honrar la memoria de las víctimas que ha producido este largo conflicto, al que hemos sido arrastrados por el torbellino de la violencia con actos que no están en el ámbito de nuestra acción… Con ustedes nos sentimos hermanados en los esfuerzos para dejar atrás el conflicto armado”. La evasión de responsabilidades fue nítida, a pesar de los ajustes que tuvo que hacerle Alape al discurso enviado desde La Habana, demasiado exculpatorio.  “Esto yo no lo voy a leer … (imposible) justificar eso… Me reuní con los mandos y les dije: miren lo que nos mandan… Y todos ellos, ¡uy! camarada, donde nosotros digamos eso… la gente se va a emberracar… (tocaba) reconocer que la habíamos embarrado”. Se puso entonces a trabajar la intervención. “¿Cómo ven esta? Me dijeron sí, está bien, pero ojalá la haga más cortita, camarada… Eso es muy largo. Por la mañana (ya estaba) corta pero muy sentida y veo todas esas mujeres… Mi mamá era negra y cuando uno va hablando vienen las figuras y claro, pues mi mamá no enterró muchos de sus hijos asesinados por el paramilitarismo entonces… uno va viviendo eso… ¿y a mi mamá quién le pidió perdón? (Aquí) es también pedirle perdón a mi mamá. Por esta lógica de la violencia … la emoción me dominó”. Básicamente, le preocuparon mucho sus recuerdos familiares y bastante poco las víctimas. 


Poco después del evento, Alfredo Molano Jimeno lo resumió basándose en testimonios de personas presentes. Tras anotar que “a los pobladores de Bojayá les llegó el perdón 13 años después de enterrar sus muertos” destacó el “sentido discurso” de Alape y cómo “dos veces se le quebró la voz”. Añadió que “la honestidad fue la regla de oro y la promesa del nunca más el objetivo”. Después pronosticó que “uno de los testimonios que quedará en la memoria es aquel que reconstruyó la voz de una guerrillera, que después de la masacre, llorando y de rodillas, decía: “Dios, qué hemos hecho””. Lamentablemente las reacciones e impresiones de las víctimas tampoco despertaron su curiosidad.  Se interesó más por el análisis político del ataque y sus secuelas judiciales contra el Estado. 


Meses después Alape retornó a Bojayá con Iván Márquez. Le regalaron al pueblo el Cristo Negro de un artista cubano como símbolo del compromiso de la guerrilla con la reparación de las víctimas. Márquez habló de “sinceridad, arrepentimiento verdadero y reconciliación”. Leyner Palacios, familiar de 38 muertos por la explosión del 2002, líder de víctimas, anotó que “el cristo no llegó por una petición; no consultaron con ninguna de las comunidades si querían ese cristo”. Las personas afectadas consideraban imposible reemplazar con eso al Cristo Mutilado original destrozado. Lo recibieron provisionalmente y lo llevaron a una pequeña parroquia a 40 minutos en lancha.


Howard Zehr plantea que “la justicia restaurativa requiere, como mínimo, que atendamos los daños y necesidades de las víctimas, que instemos a los ofensores a cumplir con su obligación de reparar esos daños, e incluyamos a víctimas, ofensores y comunidades en este proceso”. Desde sus orígenes la JEP, soberbia y acartonada, trató con mano de seda a los victimarios a costa de las víctimas. En el primer ensayo del peculiar esquema, nadie indagó cómo reaccionaron o se sintieron. En el segundo pretendieron saber lo que necesitaban sin consultarlas. Cuando Iván Márquez se declaró disidente ya le importaba bien poco Bojayá. 


REFERENCIAS


Alsema, Adriaan (2017) “The massacres that have defined Colombia’s armed conflict”. Colombia Reports, Oct 11


EP (2016). “Farc piden perdón por la masacre de Bojayá”, El País, sep 29


Hernández Baca, Andrea (2018). “El cristo negro de Bojayá, a la espera de su reubicación”. El Tiempo, mayo 3


Molano Jimeno, Alfredo (2015). ““Perdón Bojayá”: Farc”, 

El Espectador, diciembre 6


Posada, Maria Clara (2026). “El costo de los vikingos”. El Colombiano, septiembre 29


Rubio, Mauricio (2019). “Solemne novatada de la JEP”. El Espectador, mayo 9, Blog personal


Santos, Juan Manuel (2025). “Comunes: de guerrilla a partido político”. La Historia no Contada del Proceso de Paz, Podcast, T2-EP07


Zehr, Howard (2007) El Pequeño Libro de la Justicia Restaurativa, Good Books, fapromed

viernes, 18 de septiembre de 2026

El asimétrico y tartufo desasosiego con un vocablo

 Publicado en El Espectador, septiembre 21 de 2026


Se armó tremendo escándalo por la decisión del nuevo gobierno aporofóbico de reemplazar el término “campesino” por otro supuestamente más moderno y sin prejuicios: “pequeños empresarios del campo”. Paradójicamente, la protesta provino de quienes, en diversos frentes, buscan erradicar denominaciones que marquen con etiquetas indelebles. Ignorando sus principios, esta vez no tuvieron reparo en aceptar el sustantivo masculino para representar tanto a hombres como a mujeres. Esa fue la recriminación hecha a la directora del ICBF porque decidió reemplazar los vocablos “niños” y “niñas” por el término neutro “niñez”. Además, esa había sido la propuesta del Ministerio de la Igualdad que nadie rechazó bajo el Gobierno del Cambio. 


En defensa del término, la izquierda condescendiente y reaccionaria adujo razones colectivistas, políticas e ideológicas caducas; sin la menor empatía ni consideración por las personas reales afectadas. La lógica para protestar es falaz: dejar de utilizar el término “campesino” equivaldría a “suponer que no existe, y así borrarlo del mapa”. No tarda en consolidarse otro genocidio. Y a falta de evidencia, tranquilamente se inventa: “la gran mayoría de campesinos probablemente hubiera dicho que se siente cómoda con su denominación”. ¿Por qué aquí la muestra y representatividad son irrelevantes y es inocuo que la mitad femenina de la población rural quede invisibilizada asimilándola al “campesino”?


Después viene la declaración de banalidad personal e individual que conlleva el término frente a un colectivo: “los campesinos organizados han logrado toda una serie de reconocimientos y de derechos claves para su avance social, que están amarrados a esa palabra”. Como lo estuvo el obrero, el capitalista, el especulador y muchos términos usados por quienes homogeneizan lo heterogéneo y lo supeditan al papel de defensor o activista de causas políticas que pueden serle ajenas, o no prioritarias. 


Además de preguntarlo directamente, un criterio adecuado y medible para saber si alguien del campo encuentra satisfactoria su situación es bien simple: observar cómo “vota con los pies”. Quien emigra sin coacción es porque prefiere cambiar su estatus. Los flujos migratorios son reveladores pero están silenciados en este debate amañado; y en ellos se destacan como fundamentales las diferencias hombre mujer. Históricamente, las campesinas fueron las primeras en emanciparse de su entorno, décadas antes de la salida masiva de trabajadores para el sector de la construcción urbana en los años setenta. Entre emigrantes rurales, en 1951 Bogotá ya tenía 30 mil mujeres más que hombres. Abandonaban el campo por falta de oportunidades laborales y llegaban a la ciudad para ocupar posiciones muy precarias, incluso humillantes como el servicio doméstico en una sociedad tan clasista. Así ocurrió no solo en Colombia, sino en cualquier país no sujeto al control dictatorial de movimientos entre regiones. “Porque es desde la ciudad que se identifica a los campesinos a nivel global, sin mucha preocupación por la diferenciación social”, resume el Larouse francés. Algunos campesinos jóvenes hacen pensar en el inmigrante ilegal al que mentes progresistas buscan convencer de que se quede en el lugar del que busca irse como sea. 


Actualmente en Colombia persiste una razón contundente para abandonar el campo cuanto antes: quedarse pone seriamente en peligro la posibilidad de educarse. Según el DANE, en 2020 la distancia promedio entre hogares de estudiantes y colegios rurales rondaba los 4 km, o sea más de una hora a pie. Para estudiar, un joven cundinamarqués caminó “todos los días desde los seis años… (desde) las 4:30 am para estar a las 7:00 en el centro educativo”. Idealizar esa vida sólo porque encaja en un esquema ideológico es la típica maroma intelectual de quienes por razones políticas sugieren a otras familias que hagan lo que jamás harían con la suya. 


Las ciudades ofrecen un mercado muy apreciado: el de parejas. A la rudeza del trabajo y la necesidad económica se suma el asunto vital de con quién emparejarse. El tema es tan serio que en Francia, con larga tradición agrícola, excelentes comunicaciones, densa red vial y amplia oferta de servicios públicos en sus 35 mil municipios, la TV emite semanalmente el programa L’amour est dans le pré (El amor está en el prado) para ayudar a jóvenes del campo sin pareja a encontrar una. Existen versiones de ese espacio en Alemania, Austria, Bélgica, España, Italia, Noruega, Países Bajos, Polonia, Suecia, Australia, EEUU y Quebec. Que Colombia carezca de algo similar, ni siquiera en Radio Sutatenza, y que Radio Nacional emita “Del Campo y otros amores” pero para destacar “historias, saberes, luchas y esperanzas de quienes trabajan la tierra” ilustra la total politización del vocablo. 


Para un reality como ese, en redes sociales o en apps de citas, una inquietud  obvia sería la denominación escogida por un varón del sector rural colombiano para su perfil: ¿“campesino” o “empresario del campo”? 


REFERENCIAS


Benson, Alice (2026) “¿Un ministro aporofóbico?”. El Espectador, sep 13


EC (2016) “Susana Muhamad, exministra de Petro, estuvo en marcha en la que “grafitearon” sede del ICBF”. El Colombiano, sep 7


ET (2005). “El espíritu de Pasuncha”. El Tiempo, enero 8


DANE (2022). “Análisis de accesibilidad a centros educativos” Nota Estadística abril 


Gutiérrez, Francisco (2026) “Un despojo retórico”. El Espectador, sep 11


Larousse (2005)  “Paysannerie”. Dictionnaire de l’Histoire de France”, Page 933


Rueda Plata, José (2017). “El campo y la ciudad: Colombia, de país rural a país urbano” Credencial Historia, No 119


Salazar, Carol (2026) “Petro criticó directriz de la ANT que insta a reemplazar los términos “campesinos” y “reforma agraria”: “Ignorante quien inicia esto””. Infobae, sep 6


Uprimny, Rodrigo (2026). “Mi columna de siempre en defensa de la reforma agraria”. El Espectador, sep 20


Van Keulen et.al. (2013). “The limitations of localization: A cross-cultural comparative study of Farmer Wants a Wife”. International Journal of Cultural Studies, Vol 17, Issue 3