Publicado en El Espectador, 19 de marzo de 2026
Algo anda mal en un país cuando las élites aferradas a un pasado de miseria y violencia silencian importantes logros sociales y económicos, o estigmatizan al capital humano que emigra. Da grima que después del lánguido desempeño de la vicepresidenta del Pacto Histórico, escogida por ser afrodescendiente y activista, se candidatice para ese cargo a quien ofrece poco más que representar una minoría: comparativamente tiene escasos estudios, víctima del conflicto, ha vivido del erario y es algo resentida. “Sólo fachada”, comentó Daniel Oviedo. Peor aún: es un escudo político contra reproches que serán atribuidos al racismo y la misoginia. El paraguas alcanzará para el candidato presidencial, que podrá no reconocer yerros por tales razones.
Tiempo atrás leí La Catedral y el Bazar, trabajo célebre entre informáticos sobre dos estrategias para desarrollar software. La primera, rígida, enfatizaba planificar, con conocimiento completo y a priori. La segunda, que acabó imponiéndose, es inductiva, participativa y flexible. La integración surge por ensayo y error. Durante años se pensó que existía un nivel crítico de complejidad que exigía una organización firme que trabajara desde la concepción hasta la puesta en marcha de un programa sin errores. Era el enfoque catedral, con IBM como ícono. En los 90, Linus Torvalds, ingeniero finlandés, lanzó Linux, que revolcaría todo. Este novedoso sistema operacional permitía modificar, copiar y usar el código. Versiones de prueba aparecían con inusitada frecuencia y multitudes de usuarios las testeaban. Una diferencia crucial entre ambos enfoques ha sido la actitud hacia los errores. En el bazar las fallas se consideran leves, intrascendentes, y se corrigen fácilmente, con “muchos ojos” detectándolas. Se ventilan, no se esconden como prefieren los cardenales.
Hace poco escucho podcasts. Destaco el del “gringo paisa”, el Frye Show, que presenta perfiles y logros del nuevo emprendimiento colombiano, joven, high tech y fluently bilingual. Es un fenómeno reciente que desafía el pesimismo, la perenne quejadera de analistas supuestamente progresistas, en realidad fatalistas y reaccionarios, que moldean el debate público. De las personas entrevistadas llama la atención que muchas agradecen, celebran, sus errores para así corregirlos y avanzar. Son bazares. “Uno aprende muchísimo de sus errores, el fracaso es el mejor maestro” anota Pedro Fernández chef colombiano reconocido internacionalmente. Refresca oír tal afirmación en un país propenso a culpar a los demás, o al destino.
Alejandro Salazar, gurú del emprendimiento, ha hablado varias veces en Frye y Atemporal. Es un pragmático crudo, hereje, irreverente y provocador. Sobran los comentarios a una pequeña muestra de sus observaciones, que deben incomodar a intelectuales y políticos, de izquierda o derecha. Sus reflexiones escuetas desafían el estatismo empobrecedor promovido por quienes, imaginando catedrales, desprecian el pujante y febril bazar tecnológico global con verdaderos "cambios tectónicos". Su libro Colombia Ganadora plantea que no se debe perder tiempo lamentándose sino invertirlo buscando ganar. Toca aceptar lo que se es, no lo que se sueña o lo que nunca fue. Una “estrategia emergente”, su concepto clave, no se diseña ni se planea. Como en el bazar, surge de resolver dilemas reales, hard choices, y corregir errores concretos. Colombia ya dejó de ser pobre pero castas estancadas en el pasado no lo reconocen; vivimos una nueva era, replica Salazar. Tras la globalización viene un repliegue hacia la regionalización y para ese nuevo escenario geopolítico Colombia está naturalmente atada a Norteamérica, más que al Grupo Andino o Mercosur. Seguirá exportando, pero no sólo productos del campo y manufacturas, sino capital humano y servicios, por ejemplo logística y conectividad. Sin que ningún planeador visionario lo previera, el aeropuerto Eldorado y el puerto de Cartagena son actualmente enormes hubs de personas y mercancías. Aún más bazar, llegan torrentes de remesas y Medellín o la zona cafetera son polos de turismo sin grandes cadenas hoteleras, con pequeños inversionistas. Oír a Frye alivia la resaca del Cambio que no pasó de buenas intenciones y causó bastantes estragos. Si ganaran el estatismo caduco y el retrovisor pendenciero de Cepeda y Quilcué sería difícil la recuperación. Aún así, el impulso emprendedor privado continuará: su esencia es nómada, la apuesta es a largo plazo y el socialismo adverso al capitalismo decae. Chile post Boric es la prueba reina.
En síntesis, la mecánica para avanzar es simple: conocer minuciosamente el entorno, ignorar dogmas y planes, ser flexible y adaptarse para corregir errores con modestia, optimismo y entusiasmo. Sirve para emprendimientos privados pero también para instituciones estatales complejas, como la justicia. Autócratas populistas y megalómanos formateados para subestimar a los gringos constatan sin reconocerlo que todavía mandan militarmente, son líderes tecnológicos indiscutibles y tienen un sistema penal, siempre despreciado desde afuera, que evolucionó hasta ser dolorosamente eficaz e informado contra ellos. Alternativas corruptas, aún más insensibles pero fracasadas, hacen naufragar paraísos centralmente planificados, uno tras otro, glup glup glup.