martes, 30 de julio de 2013

Feminismo y leche materna

Publicado en El Espectador, Agosto 1 de 2013 



La lactancia contribuye al crecimiento del cerebro del bebé y a generar conexiones sinápticas más tempranas. 


Al comparar con imágenes por resonancia magnética infantes alimentados sólo con leche materna -al menos durante tres meses- con otros que recibieron tetero o una mezcla de los dos tipos de alimentación se encontró que, hacia el segundo año, los primeros muestran mejor desarrollo en áreas claves del cerebro. La diferencia es más pronunciada en las zonas asociadas con el lenguaje, las funciones emocionales y la cognición. 


El insuperable amamantamiento es una piedra en el zapato para ciertas feministas. La obsesión por cambiar la sociedad hace ver las realidades biológicas como un saboteo. Resulta incómoda una tradición que no sólo se observa en todas las sociedades sino que antecede al patriarcado. Más de cinco mil  especies de  mamíferos, cuya definición es que “las hembras alimentan a sus crías con la leche de sus mamas”, no contribuyen a la doctrina de la madre fabricada culturalmente. 


A finales del siglo XIX, feministas francesas señalaban que amamantar era una “obligación derivada de la naturaleza de las cosas” y un “deber maternal”. Se oponían ferozmente tanto a la nodriza como al biberón, que denominaban “asesino de bebés”. Su obsesión era lograr que las mujeres trabajadoras tuvieron tiempo y condiciones adecuadas para dar pecho.  


Tras la segunda guerra mundial el panorama cambió. Subsistieron algunas feministas a favor de la leche materna, pero la mayoría adhirió al discurso de quien, sin haber tenido hijos, declaró que todo lo relacionado con la maternidad era sumisión. “Amamantar es una servidumbre agotadora. Es a costa de su propio vigor que la madre alimenta al recién nacido” sentenció Simone de Beauvoir. Dar pecho se convirtió en símbolo de la explotación de las madres por sus bebés y el combate se centró en el derecho a la contracepción y al aborto. 


No todas las feministas influyentes han escrito despropósitos sobre la lactancia. La mayoría simplemente la han ignorado. La mastectomía, el uso publicitario de los senos o los implantes de silicona han recibido más atención que el alimento de las mamas. Se ha desdeñado la lactancia “pues plantea problemas conceptuales y hace evidentes muchas de las contradicciones que la teoría feminista intenta superar”, anota una feminista con hijos. 


El abismo entre la realidad de la crianza y la utopía ha sido tal que desde el 2005 un grupo de mujeres del sector salud organiza en los EEUU un encuentro anual entre madres que dan pecho y feministas académicas, para que se conozcan. Hoy empieza la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Pero la confusión persiste. Blogueras que promueven la leche materna anotan que pocos temas son  tan sensibles y polémicos: les basta mencionar que se trata de una práctica saludable y benéfica para recibir agrias críticas por hacer sentir culpables a las mujeres que optan por el tetero. 


La lactancia empieza a ser una preocupación del feminismo doctrinario. Un síntoma inequívoco es la  mala leche de achacar al patriarcado la estigmatización de la costumbre.


REFERENCIAS

Deonia, Sean , Douglas C. Dean IIIa, Irene Piryatinskya, Jonathan O'Muircheartaigha, Nicole Waskiewicza, Katie Lehmana, Michelle Hana, Holly Dirksa (2013).  “Breastfeeding and early white matter development: A cross-sectional study”. NeuroImage. Volume 82, 15 November 2013, Pages 77–86. Versión digital

Didierjean-Jouveau, Claude-Suzanne (2003). “L’allaitement est-il compatible avec le féminisme ?”. Spirale 3, 27

Hrdy, Sarah (2009). Mothers and Others. The Evolutionary Origins of Mutual Understanding. Harvard University Press

Van Esterik (1994). “Breastfeeding and Feminisn”. International Journal of Ginecology & Obstetrics 47 Suppl S41-S54


Madre recolectora !Kung dando pecho a su hijo

miércoles, 24 de julio de 2013

Familia, creacionistas y darwinistas

Publicado en El Espectador, Julio 24 de 2013

“Los estudios han mostrado que la situación ideal para un menor es ser criado por una pareja de un hombre y una mujer casados”, sentenció el presidente Bush hace diez años.


Para los creacionistas, la justificación de la familia nuclear está en el Génesis (2,24): “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Su defensa, sin embargo, no es siempre un arranque de religiosidad. En el 2005 la Corte Suprema norteamericana confirmaba la opinión de un panel de jueces de apelación para quienes “la sabiduría acumulada por varios milenios de experiencia humana” ha demostrado que “la estructura óptima familiar para criar hijos es la de una mujer y un hombre casados entre sí”.


Desde las antípodas del creacionismo, Charles Darwin opinaba que para la supervivencia la mejor opción había sido la familia con padre cazador y madre recolectora encargada de los hijos. “Los hombres más capaces tuvieron éxito como protectores y proveedores de ellos mismos, de sus esposas y de sus hijos”.  Su lógica era que los buenos cazadores -los machos con cerebro más grande- debidamente apoyados por una madre, fueron los que mejor lograron transmitir  sus genes. 


La noción de la familia monogámica como el arreglo más natural no es un simple dogma de parroquia. La llamada “hipótesis del cazador”, ha sido una de las ideas más durables e influyentes de la antropología evolutiva. En el meollo de la teoría está un “contrato sexual”: el cazador trae a la familia la proteína necesaria para la larga crianza de los infantes a cambio la fidelidad de una mujer. El arreglo le garantiza al proveedor invertir sólo en su propia prole.


En un libro del 2002, dos profesores de la escuela de negocios de Harvard afirman que “el apareamiento monogámico y las familias nucleares fueron dominantes a lo largo de la historia humana en las sociedades cazadoras-recolectoras”. Argumentan que “la explicación más directa para la tendencia hacia la monogamia es que las hembras humanoides más inteligentes se juntaron con machos cuasi chimpanzés y los transformaron en esposos amantes y padres con verdaderos valores familiares”. En el 2003, la revista Newsweek masticaba y divulgaba el estado del arte. “Desde tiempos remotos … las mujeres han sido programadas para buscar un parejo proveedor de la familia”.


Sólo en la última década la hipótesis del cazador empezó a debilitarse. Tanto la paleontología como la etnografía de sociedades contemporáneas preagrícolas señalan que el padre primitivo proveedor es una figura mítica. No sólo porque cualquier cazador tendría dificultades para satisfacer individualmente las necesidades alimentarias de su familia sino porque podría ser un zángano, un oportunista, o desviar recursos hacia otras mujeres. A lo largo de la historia, y en buena parte del mundo, las necesidades de los hijos han superado lo que un padre corriente ha sido capaz de suministrar, o ha estado dispuesto a aportar. 


REFERENCIAS

Hrdy, Sarah (2009). Mothers and Others. The Evolutionary Origins of Mutual Understanding. Harvard University Press

Lawrence, P.R & N. Nohria (2002). Driven: how human nature shapes our choices. Boston:  Harvard Business School Press

La supuesta familia nuclear de los australopitecus

viernes, 19 de julio de 2013

Mujeres rapadas

Publicado en El Espectador, Julio 18 de 2013

miércoles, 10 de julio de 2013

De tal palo tal astilla

Publicado en El Espectador, Julio 11 de 2013

REFERENCIAS

Farahany, Nita & James Coleman (2006). "Genetics and responsibility: to know the criminal from the crime". Law and Contemporary Problems, Vol 69: 115

Raine, Adrian (2013). The anatomy of Violence. The Biological Roots of Crime. Penguin Books

Jeffrey Landrigan



miércoles, 3 de julio de 2013

Una profesora de miedo

Publicado en El Espectador, Julio 4 de 2013


REFERENCIAS

Bair, Deirdre (1990) . Simone de Beauvoir: A Biography. Summit Books

Lamblin, Bianca (1993). Mémoires d'une jeune fille dérangée. Balland

Seymour-Jones, Carole (2008). A Dangerous Liaison: Simone de Beauvoir and Jean Paul Sartre. The Random House