lunes, 26 de marzo de 2018

Misoginia camuflada

Publicado en El Espectador, Marzo 29 de 2018






Catalina de Erauso, conocida como la Monja Alférez, hoy no sería considerada mujer sino hombre transgénero. 


Nacida a finales del siglo XVI en San Sebastián, la internaron en un convento a los cuatro años. Se rebeló y escapó a los once llevándose unos ahorros de las monjas para viajar por España vestida de hombre. A los trece se embarcó hacia América. En Panamá se bajó del barco con dinero del capitán y desapareció. Se vinculó al ejército español en las guerras de conquista. Su destreza con las armas le permitió ser alférez. En el Perú tuvo su primer duelo contra dos hombres dejándolos heridos. 


Ocultaba sus senos “con emplastos y vendajes”, pero la ausencia de barba y su voz le merecieron el apodo de “capón” que no le impidió dejar a varias mujeres enamoradas. Le gustaban el juego y las peleas. En una taberna mató a un militar, cayó prisionera, se escapó y se fue a luchar contra "corregidores, soldados, alguaciles y forajidos”. Al final fue detenida pero un obispo se compadeció y la acogió; logró convencerla de que contara su historia, que inicialmente no creyó. Unas matronas certificaron que se trataba de una mujer y que, además, se mantenía virgen. Al volver a España, Catalina se entrevistó con Felipe IV quien le concedió unas rentas por servicios prestados a la corona. Viajó a Roma y obtuvo del papa Urbano VIII la autorización para seguir vistiéndose como hombre. Volvió a México y fue arriera antes de entrar en una época de intenso fervor religioso hasta su muerte. 


Ha sido usual que mujeres con indumentaria y comportamientos varoniles se acerquen al poder. Históricamente, han logrado mimetizarse en la vida pública, castrense o clerical. A Catalina de Erauso la familia trató de domarle con encierro y religión su espíritu rebelde, para educarla “en las labores propias de su sexo, como Dios manda”. Hoy tal vez buscarían adaptarle el cuerpo. El progresismo ha dado un paso horrible y reaccionario. En lugar de la mentalidad liberal que hace unas décadas hubiera tranquilizado a una menor despistada con su naturaleza diciéndole  “te aceptamos como eres”, ahora es usual señalarle que “naciste con el cuerpo equivocado”. 


Lisa Marchiano, psicoterapeuta, señala que muchas familias buscan ayuda para lidiar con un supuesto transgenerismo, con frecuencia repentino, después de que la joven se ha (des)informado en redes sociales. Destaca “la fantasía de que la transición las convertirá en una nueva persona, libre de dificultades. La mayoría de menores que se presentan en las clínicas de género son mujeres que se sienten incómodas con los roles de género. La insatisfacción con el propio cuerpo es una experiencia compartida por el 90% de las adolescentes, preocupadas por encajar socialmente". Impulsadas por el discurso transgénero en boga, las familias piden intervención psicológica, hormonal o quirúrgica para evitar tentaciones suicidas. Hay un verdadero boom de solicitudes, proliferan las “transgender clinics” que atienden menores de edad. 


El enfrentamiento de algunas feministas con el activismo transgénero ha renacido y parece defintivo. Las despectivamente denominadas TERF (TransExclusionary Radical Feminists) sostienen que la teoría de género es incoherente con la médula del feminismo. Ellas mismas sufren amenazas y agresiones de la militancia, simplemente por reafirmar que su naturaleza femenina, factor que consideran determinante del patriarcado, está asociada a la biología y a la maternidad. 


Las menores incómodas o inseguras con sus cuerpos no siempre lo están por un discurso misógino explícito, puede tratarse de un torpe autogol victimista. A estas alturas, con tantas historias de mujeres ejemplares para mostrar en cualquier campo, ¿qué se espera de una niña o adolescente bombardeada con relatos feministas de horror sobre su destino? Entre nuestra élite mediática es reiterativo un discurso, fatalista y tóxico, cuyos objetivos y auditorio son un misterio. “Las universidades de Colombia son un infierno para las mujeres… es muy probable que en algún momento vayas a sufrir discriminación o violencia… Desde el momento en que dicen que vas a ser niña, otros empiezan a decidir por ti. Te van a decir con qué jugar, cómo vestirte, qué colores te pueden gustar. Te van a poner en una desventaja enorme en el colegio, en la familia, en el trabajo y en la mayoría de las relaciones sociales”. 


Imposible pensar que así van a bajar la violencia de género y la discriminación salarial. Ante el ineludible escenario de la mujer víctima sometida por el hombre victimario que decide, es apenas lógico que algunas de ellas busquen salvarse desde niñas, renunciando a su género y transformándose en alguien del bando opresor. Tal vez eso pensó Catalina de Erauso, pero ella le dejó claro al mismísimo papa que quería seguir siendo mujer vistiéndose como se le antojara.



REFERENCIAS

Erauso, Catalina  (2001). Historia de la Monja Alférez. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Serie Perulibros

Las Igualadas (2017). "Las universidades de Colombia son un infierno para las mujeres". Youtube, Sep 27


Las Igualadas (2018). "¿Cómo así que las niñas no nacen mujeres?". Youtube, Marzo 13


Marchiano, Lisa (2018). “Transgenderism and the Social Construction of Diagnosis”. Quillette, March 1

Murphy, Meghan (2017). “Lisa Marchiano on the trouble with transing kids”. FeministCurrent, June 22

Navia Antezana, Mónica (2016). “Retratos de la monja alférez doña Catalina de Erauso”. Revista Ciencia y Cultura vol.20 no.37


Ruiz Marull, David (2017). “La ‘monja alférez’ transexual que contó con la aprobación del Rey y el Papa”. La Vanguardia, Junio 26

domingo, 11 de marzo de 2018

Masculino y deleznable

Publicado en El Espectador, Marzo 15 de 2018



Son pocas las feministas que aceptan la biología o la etología, disciplinas indispensables para entender la naturaleza humana.  


Cuando la psicología evolutiva divulgó la teoría sobre diferencias naturales en las sexualidades, un argumento básico fue la comparación entre el óvulo y el espermatozoide. “Lo que define el sexo biológico es el tamaño de las células sexuales. Los grandes gametos femeninos son relativamente estables y vienen cargados de nutrientes. Los pequeños gametos masculinos están dotados de movilidad y nadan rápido”. Los primeros, muchísimo más valiosos, explicaban la cautela femenina; los segundos, insignificantes, se asociaban con un irresponsable y suicida gusto por la competencia.


Con el reciente afán femenino por emular a los machos, los óvulos “luchan por ser los elegidos. La diferencia con el esperma no es tan grande como suele creerse… En el caso de las mujeres también hay numerosos gametos que libran una dura batalla interna para ganarse el derecho a engendrar”. Lo anterior a pesar de que la producción de espermatozoides puede alcanzar millones por hora y su tamaño es cientos de veces inferior al del óvulo. En aras de la igualdad, da lo mismo zancudos que jirafas. 


La enorme inversión femenina no termina con los óvulos: siguen embarazo, lactancia y crianza. En algunas especies -grillo mormón, caballo de mar o rana venenosa panameña- el esfuerzo de las hembras es menor y los machos son más selectivos. El sexo define diferencias anatómicas y fisiológicas pero también predisposiciones distintas ante la reproducción. 


A principios del siglo XX, la bióloga Nettie Stevens trabajó en el zoológico donde Theodor Boveri había recogido huevos de erizo para identificar cromosomas. Boveri mostró que las células con cromosomas alterados no se desarrollaban normalmente y que los determinantes biológicos del sexo se encontraban al interior de estos. Stevens escogió un organismo simple, el gusano de harina, y encontró que, de un total de 20 cromosomas, uno solo determinaba el sexo. En las hembras había diez pares iguales mientras que en los machos dos no coincidían: uno era más pequeño que el otro, pero definía el sexo. Stevens propuso una teoría simple: el esperma puede ser de dos formas, masculino o femenino. Si el primero fertiliza el óvulo, el embrión será macho, si no, será hembra. 


Edmund Wilson, colaborador de Stevens, llamó al cromosoma macho Y y al otro X. Así, las celulas femeninas son XX y las masculinas XY. Un corolario de estos hallazgos fue que si el cromosoma Y contenía toda la información para producir un macho, entonces debería portar “genes de masculinidad”. Inicialmente, se esperaba encontrar que decenas de ellos estaban implicados puesto que el sexo conlleva innumerables características anatómicas, fisiológicas y psicológicas. Se pensaba que era imposible que un sólo gen pudiera contener tanta información. 


La genética mostró luego que el cromosoma Y es particularmente inhóspito para los genes. A diferencia de todos los demás, el Y es un pobre solterón, sin pareja, que no puede copiarse ni duplicarse y deja indefensos todos los genes a su cargo. Una mutación en cualquier otro cromosoma puede repararse o copiarse; en el Y no existe esa opción: “está marcado con los daños y las cicatrices de la historia. Es el lugar más vulnerable del genoma humano”. 


Como consecuencia del permanente bombardeo genético, hace millones de años el cromosoma Y empezó a desperdiciar información. Los genes valiosos para la superviviencia fueron recombinados en otros lugares del genoma donde podrían estar mejor protegidos. Ante la pérdida de información, el mismo cromosoma Y fue achicándose hasta llegar a ser el más pequeño, “la víctima de la obsolescencia planeada, destinada a una convalescencia solo masculina donde puede desaparecer”.


La figura utilizada hace décadas para destacar las precauciones instintivas de las mujeres  antes de permitir que sus valiosos óvulos sean fecundados por minúsculos y desechables nadadores compitiendo debe complementarse con la del pobre, atípico y solitario cromosoma Y, esa minúscula cosita deleznable que acaba definiendo quien será hombre. “El símbolo de la masculinidad es de todo menos fuerte y duradero”. 


Tranquilzaría pensar que esa deplorable combinación de millones de espermatozoides muriendo en el intento con lastimosos cromosomas Y, chichipatas en vía de extinción, no afecta la psiquis masculina. Camille Paglia, historiadora del arte y darwinista, sugiere lo contrario: “la sexualidad masculina es inherentemente maniaco depresiva. Los hombres viven en estado constante de ansiedad, padeciendo el hormigueo de sus hormonas. Deambulan por el mundo buscando satisfacción, con antojo y desprecio, nunca satisfechos. No hay nada en esa angustiosa dinámica que las mujeres puedan envidiar”. La Paglia y Margarita Rosa de Francisco, también lúcida feminista, entendieron bien ese “terror primario”, ese atávico y visceral pánico varonil ante la sexualidad femenina, cuyo poder “raya con lo mágico”. 








Abundancia, Rita (2018). “El himen como prueba de virginidad y otros mitos que desmontan estas dos noruegas”. El PaísEne 30

Buss, David (1994). The Evolution of Desire. Basic Books

De Francisco, Margarita Rosa (2018). “El miedo a la mujer”. El Tiempo,  Ene 4


Mukherjee, Siddhartha (2016). The Gene. An Intimate History. Scribner

Paglia, Camille (1991). Sexual Personae. Art and decadence from Nefertiti to Emily Dickinson. Vintage


Ruiz, David (2018). "El cromosoma Y está desapareciendo": La Vanguardia, Feb 2






domingo, 4 de marzo de 2018

Mujeres trans, niñas y justicia indígenas

Publicado en El Espectador, Marzo 8 de 2018









En Santuario, Risaralda, un grupo de trans emberas están siendo perseguidas por la Guardia de su comunidad. Las llaman primos, pues dejaron de ser hermanos.


Lo que las espera no es trivial: “convertirlos de nuevo en hombres” mediante “la permanencia en el cepo y varias horas de trabajo comunitario”. Aunque ya unas veinte se han fugado, refugiándose en un pueblo cafetero donde la gente las aprecia, la justicia embera las busca para que la comunidad las convierta o destierre formalmente. La razón aducida para el aumento en el número de casos es peculiar: “el tema de la alimentación ha sido el factor para que eso venga ocurriendo… tenemos que volver a las comidas tradicionales”.


Alba, mujer embera, cuenta que su hijo nació así. “La hija mayor mía dijo que él va a quedar gay porque tiene cuerpo como de mujer”. Desde los 10 años le gustó vestirse con prendas femeninas; cuando creció, “no le dimos (más) alimentación, lo echamos de la casa”. Tuvo suerte y se salvó de los castigos. Lo usual para un indígena gay es que la comunidad lo amarre y le den fuete hasta que le “sangra el cuerpo”, para curarlo de lo que perciben como un castigo de dios. Algunos han llegado a suicidarse. 


La situación se complica porque varias de ellas, además de trabajar en las fincas cafeteras, ejercen la prostitución y lo hacen a su manera, sin preservativo. “Las comunidades indígenas Embera chamí no tienen el uso del condón como una de sus costumbres sexuales… se evita para no poner barreras al nacimiento de nuevos integrantes de las familias indígenas”. Lo paradójico, alucinante, es que los mismos indígenas que las persiguen son clientes suyos. “Los emborrachan, tienen relaciones sexuales con ellos y luego les toman fotos, los degradan, los ridiculizan”.


Por fortuna las trans indígenas ya tienen quién las defienda. Para la asesora de derechos humanos de la Gobernación el tema “tiene un contenido social que sería bueno visibilizar. Se trata del respeto a los derechos del otro”. Lena Mucha, antropóloga y fotógrafa alemana, vino a hacer un reportaje sobre ellas. “La diversidad sexual no es algo inherente a una cultura sino a la humanidad en sí, es un tema que cada día se visibiliza más a nivel global como son los casos de niños ‘trans’ en Estados Unidos, Rusia, Alemania” anota estableciendo un vínculo apresurado con el transgenerismo de menores. En este caso, las denominaciones LGBT son confusas: uno de los artículos en la prensa habla de “ellas” (T) pero otro se refiere a hombres indígenas homosexuales (G). 


Es previsible que en algún momento las “primas trans” pongan una tutela para proteger sus derechos contra el hostigamiento de la justicia indígena. También es probable que la Corte Constitucional (CC), con sobrada razón, considere inaceptable esa persecución arcaica para revertir orientación e identidad sexuales. La fanaticada exigirá que los embera aprendan teoría de género desde la infancia y acomoden sus creencias. A las rebeldes trans no se les pedirá alinearse con la sabiduría ancestral, ni serán consideradas “gestoras de su propia cultura” como ha hecho la CC con niñas indígenas ante casos aberrantes de violencia sexual contra ellas. 


Hace unos años hubo un debate entre la CC y el Consejo Superior de la Judicatura, responsable de resolver los conflictos por competencia entre jurisdicciones. Esta instancia consideraba que “el abuso sexual a menores no tiene nada que ver con las costumbres de las comunidades indígenas” y mencionaba una estrategia recurrente de los indígenas acusados de delitos graves: evitar penas severas en la justicia ordinaria invocando el derecho a un juicio en sus comunidades con sanciones leves, cuando no amañadas por vínculos familiares entre el acusado y los encargados de juzgarlo. Varios casos fueron devueltos por la CC a la justicia indígena “para salvaguardar de mejor manera los derechos de la menor, teniendo en cuenta los parámetros de diversidad que resultan acordes con sus usos y costumbres”.


Lena Mucha no se interesará por las niñas de la comunidad embera en la que hasta hace poco se practicaba la ablación y, según declaró una representante ante la CC, “se consideran aptas para el matrimonio” a partir de los 8 o 9 años. Casi nadie lucha contra esa infame costumbre. No hay juristas, militantes ni feministas influyentes que protesten, a pesar de que afecta a muchas menores vulnerables de manera irreversible. En últimas, las “primas trans” podrán escaparse, como ya lo han hecho, de sus familias y su comunidad. Las niñas obligadas a casarse con hombres escogidos por sus familias quedarán atrapadas, precozmente embarazadas, sin educación, sometidas y condenadas para siempre a la pobreza y al machismo atávico, simplemente por haber nacido indígenas. 



REFERENCIAS

Casañas, Joseph (2018). “Indígenas trans, las rebeldes de Santuario”. El EspectadorFeb 22

Corte Constitucional, sentencias sobre conflictos de competencia entre la justicia indígena y la jurisdicción ordinaria. T-617-10, T-002-12, T-921-13, T-196-15.

ET (2015) “La justicia que no llega para niñas indígenas violadas”. El TiempoAgosto 8

ET (2018) “Fotógrafa alemana vino a Risaralda en busca de los indígenas 'trans'”. El TiempoFeb 23


Rubio, Mauricio (2015). “Denuncias puntuales sobre abusos a niñas indígenas”. El Espectador, Ago 19

Umaña, Fernando (2017). “El pueblo donde reciben a los indígenas trans desterrados”. El Tiempo, Oct 24