Publicado en El Espectador, julio 2 de 2026
Un dato simple desnuda la falsa solidaridad de algunos líderes socialistas. Gustavo Petro, por ejemplo, tardó 22 horas, “casi un día en expresar su solidaridad a los venezolanos”. Fuera del crudo “Colombia siempre ayudará a Venezuela y al revés”, el mensaje iba dirigido a Donald Trump, a quien solicitó ”levantar las sanciones y bloqueo”. Esto a pesar de que su homólogo estadounidense manifestara la misma noche de la tragedia que en su individualista país estaban “listos, dispuestos y capacitados” para ayudar. Otro supuesto egoísta, Abelardo de la Espriella, también a las pocas horas, expresó su “solidaridad con el hermano pueblo venezolano”. Mientras tanto, varios días después de la tragedia, Iván Cepeda, adalid del pueblo desdichado en Colombia y el mundo donde “la solidaridad no tiene fronteras”, ha preferido callar cualquier manifestación de empatía.
Hay antecedentes a esta tara del Socialismo Siglo XXI: anteponer consideraciones políticas e ideológicas al flujo de ayuda humanitaria en caso de catástrofes naturales. A finales de 1999, en la tragedia de Vargas, cerca de Caracas, lluvias torrenciales extremas provocaron derrumbes masivos que destruyeron comunidades enteras en la misma zona afectada por los recientes terremotos. Las estimaciones variaron entre 10 y 30 mil víctimas. Con una negativa previa a que EEUU entrara al espacio aéreo venezolano para vuelos antidrogas, a pesar de su estrecha alianza con la Cuba castrista, el gobierno de Hugo Chávez aceptó el envío de helicópteros, aviones y unos 120 militares con suministros y equipo. Poco después, sin embargo, el gobierno rechazó dos buques con 450 ingenieros militares, marines y maquinaria pesada para labores de rescate y reconstrucción de carreteras. El autócrata manifestó no necesitar más personal ni equipo: era “una cuestión de soberanía”. Quedaron sospechas de interferencia castrista sobre esa decisión.
Poco antes de la tragedia, se había celebrado el referéndum aprobatorio de la Constitución impulsado por Chávez. Hay quienes atribuyen parcialmente a ese evento la lentitud para ejecutar un plan de evacuación. “Toda la policía estaba en los centros de votación… La respuesta fue lenta”. Además, en la reconstrucción tras el desastre, se hizo manifiesta la corrupción, primero como falta de transparencia en la ayuda internacional y los fondos provenientes del extranjero. En noviembre de ese año, el nuevo Canciller había presentado la posición oficial sobre el problema. Reconocía la existencia de una “corrupción sistémica” pero declaraba que “la ética jugará un papel central en la vida de nuestra sociedad”. Aclaraba que aunque esa lacra existe en regímenes autoritarios o en democracia, “es más perversa en democracia, ya que requiere la complicidad de muchos”.
Por desidia o malos manejos. “No solamente la población construye donde no debe, también el mismo Estado. La Misión Vivienda construyó edificios en zonas expuestas a ser afectadas por los aludes torrenciales… La mancha urbana de Vargas se fue reconstruyendo en estos veinte años en los mismos espacios afectados en el ’99”
Cabe destacar que, desafiando el postulado tradicional de la izquierda, en esta tragedia no se cumplió el dogma que “los más golpeados son los sectores populares o de bajos ingresos”.
Desde 1999 se crearon la “Autoridad Única de Venezuela” (AUV) y CORPOVARGAS, con presidente y junta directiva nombrados por el Ejecutivo nacional y por lo tanto parte del chavismo. Uno de sus primeros presidentes, el General Alejandro Volta Tufano ha sido considerado “poco transparente, irresponsable”, alejado de los fines de la corporación, con obras incompletas o mal ejecutadas y posible enriquecimiento personal. En 2005 un Ministro de Chávez, coordinador de la AUV, acusó públicamente a la Corporación de “obras mal hechas” y de “falsear datos sobre la cantidad de agua caída”
Hace unos días Colombia desplegó “su máxima capacidad de búsqueda y rescate para apoyar la emergencia en Venezuela”. La misión humanitaria con más de sesenta rescatistas especializados del Ejército, Armada, Policía, Defensa Civil, Bomberos y Cruz Roja estará coordinada por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) con un director encargado. A principios de 2024, en dicha entidad estalló uno de los mayores escándalos de corrupción del Gobierno del Cambio. Se malversó la compra de 40 camiones cisterna por un valor cercano a los 14 millones de dólares de hoy. Según confesaron Olmedo López (ex director) y Sneyder Pinilla (ex subdirector) se usaron varios miles de millones de pesos “para la financiación ilegal de campañas políticas, a cambio de decisiones en el legislativo” o para “atender falsas emergencias en distintos municipios” y sobornar congresistas de la Comisión de Crédito Público. Tanto López como Pinilla y Víctor Meza, otro sub subdirector, tienen investigaciones previas por irregularidades cometidas antes de trabajar en UNGRD. No llegaron allí para aprender sino para aplicar lo que ya sabían. Tal vez peor que en CORPOVARGAS.