Publicado en El Espectador, junio 25 de 2026
En los años noventa, William Baumol, reconocido microeconomista, escribió un trabajo sobre emprendedores. Con ejemplos históricos, argumentaba que su peso relativo era estable pero su impacto variaba según fueran productivos (innovación y creación de riqueza), improductivos (búsqueda de rentas) o destructivos (actividades dañinas). Faltan años de trabajo riguroso en varias disciplinas para evaluar las facetas productiva e improductiva del Gobierno del Cambio. Pero sí se puede anotar que son escasos los presidentes que hayan despertado en una fracción importante de la población y los medios un repudio, hartazgo y agotamiento como el que produjo Gustavo Petro. No fue simple rechazo a sus ideas de izquierda, lo insoportable fueron sus formas, modales, soberbia y estilo pendenciero.
En la primera vuelta sorprendió el desplome de la fórmula Valencia-Oviedo. Después de ganar la Gran Consulta de la derecha, en las elecciones de mayo quedaron por fuera con menos del 7% de los votos. ¿Qué pasó? Gandour Electoral, analizó la evolución de las intenciones de voto desde mayo hasta junio y se centró en el porcentaje de votantes que desaprueban el gobierno Petro, 10% mayor que el de quienes lo aprueban. Entre los primeros, “el 92% votará por De la Espriella en segunda vuelta y entre quienes lo aprueban, el 94% lo hará por Cepeda”. La fórmula que aglutinó a la mayoría ganadora, el factor de unión, venía de atrás: ¡Fuera Petro! En una campaña electoral “lo valioso es el liderazgo, no el carisma. El electorado es disperso en intereses y proyectos, con lealtades de partido volátiles; la tarea del líder es ordenar esa dispersión”. Para coordinar, se requiere un punto de encuentro nítido; la herramienta idónea es un discurso “que sume una causa común y un mensaje simple que lo exprese con claridad”. La consigna que caló sin que Valencia-Oviedo la adoptaran conjuntamente: ¡Fuera Petro!
A la élite de izquierda pensante e informada le hubiera bastado respetar la imperfecta democracia, aceptar las inevitables diferencias de opiniones políticas y formular sus diagnósticos y prioridades. Pero con actitud surrealista abandonaron una prédica medular, no discriminar, para retomar el sectarismo, cultivado con esmero por el Gobierno del Cambio. “¿El que piense diferente debería temer?”. Por supuesto, afirmó sin sonrojarse una líder que ha invitado a “persistir en la tolerancia… y más dentro de las diferencias políticas que surgen entre colectividades”. Una columnista nostálgica anota que “es evidente que la violencia sigue adherida al cuerpo del país como una costra… El juicio a Uribe endureció nuevamente las trincheras. Ese votante… sigue allí. La misma rabia, el mismo asco, el mismo miedo… Las fuerzas del viejo orden siempre poderosas han respondido a cualquier intento de transformación social con sabotaje o violencia”. Esta preocupación se fortaleció cuando Cepeda perdió el primer lugar en las encuestas y se requería desprestigiar la oposición. Meses antes, hubo campo para algo de autocrítica: “la desconfianza (en la prensa) es el resultado de años de omisiones, silencios complacientes y coberturas que hace tiempo dejaron de representar la complejidad del país real”.
Estos “análisis” silenciaron el principal impulso del ¡Fuera Petro!; trasladaron la responsabilidad al auditorio y dejaron inmune al actor protagonista. “Una parte importante del país no entendía el lenguaje del cambio, porque no era su lenguaje”. Un exégeta del régimen proclamó tranquilamente que “en estos cuatro años… gobernó la izquierda sin atentar contra (los) derechos, libertades y formas de vida, (pero) la mentalidad de millones está siendo invadida por sinrazones emocionales para activar el odio”. Difícil imaginar mayor irrespeto con votantes agobiados por un gobierno considerado delirante incluso por quienes se arrepintieron de su voto petrista de 2022 para luego mirar hacia otro lado. Con evidente cinismo, difuminaron la violencia, callaron la persistencia en ciertas regiones de organizaciones armadas que predican “todas las formas de lucha” y, aún más determinante del ¡Fuera Petro!, ignoraron flagrantemente la aparición de “todas las formas de mentira y fraude”. Durante la campaña, violar normas electorales desde presidencia se volvió una costumbre que no incomodó a la élite progre.
Volviendo a Baumol, su idea central es que son las “reglas del juego”, no la motivación de los emprendedores, las que definen su “orientación” productiva, improductiva o destructiva. Aunque Petro intentó acomodar las instituciones a su mundo, sus principios y sus prioridades, acabó restringido por la Constitución, la Ley y presiones foráneas. Así, se agravó su desespero y aumentó el caudal de desafueros y propuestas sin sentido. La mitad de la población votante se hartó del costoso chamboneo. Cepeda, que rozó el surrealismo con Juanpis, tardó en despetrizarse para evadir escenarios destructivos. Ojalá lo haga para liderar una oposición civilizada que adopte el ¡Fuera Petro!
REFERENCIAS
Baumol, William (1990) “Entrepreneurship: Productive, Unproductive, and Destructive”, Journal of Political Economy, Vol. 98, No. 5, Part 1 (pp. 893-921)
Correa, Juan David (2026). “El enemigo interno somos todos”. Cambio, junio 19
ET (2024). “Así fue la jornada de marchas convocada por la oposición al Gobierno en las diferentes ciudades del país”. El Tiempo, marzo 22
Rodríguez, José Davil (2025) “Claudia López reaccionó a los abucheos en la marcha contra el atentado a Miguel Uribe: “Comprensible””. Infobae, junio 16
Ruiz, Marta (2025). “El periodismo no es un lujo, es un bien común”. Cambio, enero 5
Ruiz, Marta (2026). “La paz que perdimos”. Cambio, junio 14
