martes, 28 de junio de 2022

Por qué Petro no será como Chávez

 Publicado en El Espectador, Junio 30 de 2022


Lo que el chavismo hizo con Venezuela no podría replicarse, así un gobernante con esa ideología se lo propusiera. El mundo cambió. 


Sin contar la favorable situación petrolera, hubo otros factores, como las supersticiones y la debilidad por la magia, que fueron aprovechados por el régimen castrista para “sembrar de santeros las oficinas públicas, los ministerios y los estamentos militares” del vecino país. 



A finales de 2012 cuando Chávez recibía un tratamiento contra el cáncer que acabaría con su vida, la televisión oficial transmitía “los rezos de los chamanes indígenas del Amazonas”. Una ceremonia santera fue mostrada en directo desde La Habana. 


El ex vicepresidente de operaciones de Aeropostal anota que con Chávez “aumentaron las relaciones con Cuba y la aerolínea tuvo que inaugurar dos vuelos a La Habana. Los militares me pedían pasajes como favor personal: iban a iniciarse en la santería”. La empresa contaba con unos 400 trabajadores en el aeropuerto de Caracas. “En menos de un año la mitad comenzó a vestir ropa completamente blanca y a mostrar los collares santeros”. También abrió oficina en Cuba con seis trabajadores, tres devotos de la santería. 


Durante años, el rumor de que en Miraflores se practicaban ceremonias peculiares fue persistente. Los ritos tenían un componente político. “Militares y personal de seguridad asistían a las citas con santeros internacionales, acudían a sus bailes pero también hacían consultas secretas”. Desde un hotel en la ciudad de Maracay los sacerdotes “lanzaban mensajes políticos, interpretaban la nueva realidad nacional y hacían vaticinios”. 


A Chávez los santeros le habían asegurado que cuando Simón Bolívar estuvo en Haití el prócer Alexandre Pétion, su aliado en la defensa de los esclavos, lo había iniciado en el vudú. En pocos años la santería cubana se extendió de la élite gubernamental a sectores populares familiarizados con lectura de cartas, invocación de muertos y espiritismo. La santería se volvió “religión oficial del chavismo” explica Germán Ramírez, un santero que organizó durante décadas la fiesta anual en honor a Santa Bárbara-Changó y que ganó privilegios en las Fuerzas Armadas. Cada año, la celebración se hacía en el Círculo Militar de Caracas. Asistían ministros, altos mandos y empresarios que disfrutaban banquetes y artistas como Oscar d’León, Fania All Stars o Celia Cruz. 



Quienes presenciaron los rituales de iniciación de Hugo Chávez señalan que era hijo de Changó, “espíritu guerrero, dueño de los truenos, al que se le atribuye la fuerza y la virilidad”. Su fama superó el ámbito castrense. Policías y abogados santeros buscan que Changó sea su padrino. Quienes realizan operativos peligrosos lo invocan, “le piden que los haga invisibles frente a los malandros y muchos de ellos dan fe de que las peticiones son efectivas”. Si se encomiendan, salen ilesos.


Por ser efectiva, la deidad, extendió su popularidad al bajo mundo. Un negocio de figuras de santos, vírgenes, velas, cirios e imágenes de Chávez creció continuamente desde principios de este siglo, en especial entre empleados públicos, “donde la santería penetró en casi todos los escalafones”. Buscan ascender en su trabajo, además de “atraer dinero y contra la envidia”. Eso sí, mantienen la esencia del discurso socialista. 


En algunos barrios, Changó fue reemplazado por el “malandro Ismael” con su “gorra girada de medio lado, una pistola visible en la cintura y un cigarro de marihuana en la boca” que lo distinguen del resto de santos. De él se sabe que fue un delincuente abatido hace 30 años cuya tumba se convirtió en lugar de peregrinación a donde acuden malandros a pedirle ayuda antes de algún robo o asesinato por encargo. Está rodeado de 13 malhechores y de una mujer a la que se atribuye la protección a las víctimas de violencia doméstica. 


Noel Márquez, músico, cultor -que adora o da culto- y presidente de la Fundación Grupo Madera, ha liderado el activismo a favor de Chávez, con quien compartió abiertamente la santería. Tocaron juntos y en la última edición de Aló Presidente el comandante se presentó como maraquero del grupo. Los tambores son considerados sinónimo de santería y espiritismo pues “con sus repiques se llama a los muertos”. Márquez, insurgente desde los años de guerrilla urbana anota que “el 90% de la música del Caribe va de la mano de la religión y la creencia dominante es la santería”. 


Los acuerdos con el régimen castrista tuvieron amplias repercusiones. Incluso Nicolás Maduro, quien se presentaba como agnóstico y ateo, admitió luego ser “un hombre profundamente cristiano” inducido por “su guía político y espiritual, Hugo Chávez”


Sin ofrecer detalles, Cuba acepta que ha ofrecido entrenamiento y asistencia militar en Venezuela. Por el contrario, destaca el "ejército de batas blancas", unos veintidosmil médicos y enfermeras que apoyan el sistema sanitario en barrios marginales pobres bajo el programa social ‘Misiones’.





REFERENCIAS


Placer, David (2017). Los Brujos de Chávez. La magia como prolongación de la política. La Hoja del Norte



martes, 21 de junio de 2022

García Márquez y el dictador

 Publicado en El Espectador, Junio 23 de 2022

Una de las experiencias más insólitas e incongruentes de GGM fue convivir tranquilo  durante varios años con la dictadura franquista.  


En el otoño de 1967, en un vehículo alquilado, entraron a Barcelona el novelista estrenando estrellato, su esposa Mercedes Barcha y sus dos hijos. Poco después, a esa ciudad llegarían muchos escritores latinoamericanos. 


“Era un recuerdo mítico. Fuimos por Carmen, lo admito, como tantos otros”. Carmen Bacells, agente literaria, era “administradora única para toda clase de asuntos financieros”. Así, la razón para soportar la dictadura franquista fue bien pedestre: plata. “En México es buen negocio trabajar y mal negocio escribir. La idea es acumular en países de moneda fuerte y gastar en países de moneda débil. Qué barbaridad: a este paso no haremos mucho como escritores, pero llegaremos lejos como financistas” le escribió GGM a Vargas Llosa. Además, era “la última ciudad de Europa donde mi mujer podrá tener una Bonifacia … ustedes tienen que cargar solos con la cruz de un hijo en Londres”.



El escritor peruano recuerda que, a pesar de Franco, “autores de toda América Latina llegaban con el sueño de triunfar. Aquí estaban las editoriales que permitían llegar a públicos más amplios que los pequeños sellos en nuestros países de origen”. Carlos Fuentes confirma “el meollo del asunto… Todos lo sabíamos: había que pasar por Barcelona”.


Carmen Bacells no era sólo agente. Conocía muchos atajos. En 1975 auditaba en Buenos Aires las ventas de libros y constató un desfalco. El editor le dijo. “Vamos a arreglarlo a la catalana, ¿cuánto quieres?”. Ella logró sacarle una buena suma y desde entonces “Gabo tiene muy claro que yo me ocupo de todas sus cuestiones económicas”. También sabía cómo evitar controles. Algunos editores “firmaban sus contratos con él a través de una sociedad anónima, Macondo Copyright, con sede en Suiza”, en aquel entonces paraíso fiscal.


Barcelona era una ciudad extremadamente clasista. “Había dos grupos claros de gente, ganadores y perdedores. Los primeros, herederos morales del franquismo, se reunían en lugares públicos, ufanos; entre los segundos, la gente estaba a disgusto, conspiraba en la clandestinidad, en casas. Las iglesias eran los únicos lugares públicos que acogían reuniones de perdedores”.


Según la dueña de una exclusiva tienda había tres condiciones para quedar excluido de los ganadores más peculiares, la gauche divine. Uno, ser proletario de verdad; dos, ser “frívolo de vuelta” y tres “carecer de elegancia”. Para Joan Manuel Serrat, eran “los holgazanes más trabajadores de España” y no podías pertenecer a su círculo “si no te gusta la mujer de tu mejor amigo”. 


Para GGM, vecino de un exclusivo barrio con hijos en costosos colegios privados, “aquella fue una etapa muy fructífera y enriquecedora para mí. Al principio me asombraba de que en plena dictadura franquista pudiera haber una libertad cultural bastante amplia pero pronto comprendimos que aquel espacio de libertad se lo habían ganado, día a día, los escritores, los artistas, los periodistas, todo el pueblo catalán”. Vargas Llosa hablaba de los últimos coletazos del franquismo, una dictadura blanda. Un periodista reconocía lo poco que hacían: “no luchábamos, éramos antifranquistas  pasivos y podíamos manifestarlo sin problemas, aunque no publicarlo”.


Era pura ficción. Había incomodidades palpables del régimen dictatorial sobre la vida cotidiana. Los libros eran revisados por censores. Varias esposas de escritores compartían ginecólogo, un liberal que burlaba prohibiciones importando por correo contraceptivos desde Londres. A menudo enfrentó problemas porque la policía interceptaba los envíos. Francia era lugar de peregrinaje obligado cada cierto tiempo. “Vimos El último tango en París en Perpignan, ciudad a la que a menudo íbamos también con los niños”, anota GGM. “Cada tres meses visitábamos París, para ponernos al día” puntualiza Mercedes.


GGM permanecía allí con cierta condescendencia. “Había una especie de destape clandestino que a los que veníamos de fuera, y conocíamos mundo, nos parecía una cosa muy atrasada”.  Cuando su amigo Plinio Apuleyo Mendoza lo visitó en Barcelona le sorprendió reencontrarse con un “Gabo famoso, rodeado de gente que lo adoraba y con la que él se aburría, estaba enormemente aburrido y hastiado de toda aquella celebridad”.


Ya lo carcomía la pasión por la política. La fama era horrible “porque te quita tiempo para tu vida privada y para escribir” pero por otro lado podía utilizarla “para darle un uso político”, en un sentido peculiar e intenso. Por su elegante piso “desfilaron guerrilleros de todos los movimientos y países latinoamericanos conocidos”.


Paradójicamente, a GGM el miedo le entró con la incertidumbre asociada al final del franquismo. Gonzalo García Barcha recuerda que en septiembre de 1975 sus padres “decidieron que era mejor no regresar a Barcelona porque no sabían cómo sería la situación tras la muerte de Franco, que estaba agonizando. Tuvieron miedo a la inestabilidad”. 


Qué ironía. La gauche divine a veces le teme a la democracia. Se siente más tranquila con un viejito dictador, aunque a veces se aburra.   



Avén, Xavi (2019). Aquellos años del Boom. Debate




lunes, 13 de junio de 2022

Izquierda moderada y violencia política

 Publicado en El Espectador, Junio 16 de 2022

El sainete de la campaña para la segunda vuelta presidencial, que no alcanza a ser discusión política, recuerda lo que ocurrió antes del plebiscito del 2016 para refrendar el Acuerdo de Paz.


Concretamente, una intelectualidad visceralmente izquierdista, incluso la menos pendenciera, subestima e irrespeta a quienes no votan como ella. Por el Sí entonces, por Petro ahora. 


Al ingeniero Rodolfo Hernández no han logrado estigmatizarlo como títere de Álvaro Uribe. Con poca vergüenza, para desprestigiarlo manufacturan falacias y hacen maromas mentales que alcanzan la mala leche. Edulcoran sus prejuicios con amabilidad y supuesto rigor. 


Movida graciosa fue el volantín del chavista confeso, William Ospina, a las huestes del ex alcalde empresario Hernández en un gesto audaz que al menos refleja apego al sabio principio del ensayo y error. A Piedad Bonnet la sorprendió que “un escritor que desde hace años reflexiona con pasión sobre el destino del país, sea ahora asesor y posible ministro de Rodolfo Hernández”. Después lamenta que su admirado amigo respalde a un político que está “en la orilla opuesta de lo que los rusos llamaron la intelligentsia”. Ese es, precisamente, el sitio donde toca estar ante la posibilidad, así sea remota, de un politburó encabezado por un narcisista mesiánico que no tolera la menor crítica. Ospina, mejor historiador que la Bonnet, sabe cómo acabaron bajo el estalinismo intelectuales independientes y comprometidos con el pueblo ruso. 


Antes de divagar sobre Edward Said, Antonio Gramsci, Julien Benda, J.P. Sartre, Václav Havel, que deben quitar más votos de los que ponen, la Bonnet  suelta un dardo con ponzoña:  “William se equivoca al asociarse con un personaje tan primario y violento”. Esta provocadora e insensata afirmación es reveladora. Por una parte porque utiliza a la ligera el término violento contra quien básicamente ha sido criticado por malhablado y grosero. La llamada “violencia verbal” no siempre tiene que ver con groserías e improperios, usuales en algunas regiones del país, como Santander, donde nació, estudió e hizo su carrera Hernández. 



Por otro lado, es claro que el inesperado finalista necesita pulirse en buenos modales, protocolo y mesura al hablar si pretende ocupar el primer cargo público colombiano. Así, difícil imaginar para él un instructor o coach más idóneo que William Ospina. La cultísima Piedad Bonnet debería estar de plácemes porque su entrañable amigo podría domesticar y civilizar a un eventual presidente. Pero no, opta por lamentar que el escritor se acerque al demonio. ¿Debería aislarlo, estigmatizarlo? Así es la élite educada que pregona inclusión, tolerancia y apertura a las regiones pero en elecciones actúa cual caverna y recomienda no meterse con provincianos mal hablados. Si ganara el ingeniero, rechazarían a la primera dama con cualquier disculpa. 


De manera similar, como si se tratara de una rasgo inmodificable de Hernández, Mauricio García Villegas diserta “contra la grosería”. Al comparar a los políticos tradicionales que “hablan con frases de cajón y afirmaciones anodinas” con quienes lo hacen “sin filtro, insultando y vociferando a diestra y siniestra”, o sea los ramplones, lanza una afirmación de antología: “los costos sociales de la grosería son más altos que los costos sociales de la hipocresía”. 


No aclara la metodología para cuantificar las secuelas de ser negociante o hacer política “a lo cachaco” o “como en Macondo”. Para sustentar su prejuicio ideológico en los comicios -si vota a la derecha debe ser bobo o perverso total- García advierte que “en un país con serios problemas de convivencia, en el que con demasiada frecuencia la gente se mata porque se odia, institucionalizar la vulgaridad puede ser muy peligroso”. Remata con una puya envenenada e irresponsable. Si “se pasa con demasiada facilidad de la ofensa verbal a la muerte, no deberíamos elegir a un botafuego como Hernández”. 


Bajo este peculiar esquema argumentativo, el Proceso 8.000 que desbarajustó al país por un cuatrienio, no fue tan grave, era simple hipocresía: ¿cuál elefante? El impacto nefasto del narcotráfico habría sido peor en Medellín que en Cali pues Escobar era un guerrero patán mientras que los Rodríguez Orejuela, decentes y diplomáticos, firmaban pactos en Recoletos.



Mostrándose ecuánime, García señala las objeciones que le tiene al otro candidato: dogmatismo, arrogancia, falta de honestidad intelectual e incapacidad para trabajar en equipo. Silencia los llamados de Petro al sabotaje, al bloqueo forzado de vías y actividad económica que fueron incendiarios pero afortunadamente sin improperios. Así, anuncia que votará por él. Esa decisión no atentaría contra la paz. El pasado de guerrilla, secuestro, Palacio de Justicia, indulto, amnistía, hipocresía y mentiras está impoluto, sin rastros de grosera violencia, esa que se vuelve trascendental en elecciones. 


¿No sería más honesto y parsimonioso anunciar el voto a favor de Petro por ser de izquierda en lugar de insistir que la gente que no lo quiere en la presidencia, precisamente por eso, es tonta? Alguien debe empezar a dar ejemplo para respetar adversarios políticos. 





Piedad Bonnet, Los intelectuales y el poder

Mauricio García, Contra la grosería 

lunes, 6 de junio de 2022

Quiero cansarme contigo

 Publicado en El Espectador, Junio 9 de 2022


A pesar de todo, el desprestigiado arreglo de pareja monogámica y heterosexual sigue siendo mayoritario. 


Un paradoja contemporánea es que los activismos que promueven causas colectivas y rechazan el egoísmo como motivación coinciden con un auge jamás visto del individualismo y el culto al bienestar personal, con plena libertad de elegir como pregonaba Milton Friedman, apóstol del neoliberalismo.


En este contexto, un resultado interesante de la encuesta sobre la percepción del amor y las relaciones afectivas en España publicada en El País es que con plena autonomía e independencia para decidir, la mayoría de las personas “se decanta por vivir un amor exclusivo, monógamo y bajo el mismo techo, es decir, lo mismo que eligieron nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos” bajo la rígida influencia familiar que coartaba las decisiones individuales. 



Carmen Ruis Repullo, experta en asuntos de género, anota que el feminismo radical “ha trabajado para deconstruir una idea del amor romántico, una trampa para las mujeres”. A pesar de esto, tanto ellas como ellos evalúan sus prioridades y restricciones en forma casi idéntica. En particular, hombres y mujeres prefieren una pareja “heterosexual, monógama, conviviente y estable”. 


Así, la doctrina según la cual toda relación sentimental presupone un vínculo de dominación heredado del patriarcado no corresponde con lo que muestran los datos españoles más recientes. Solamente una de cada cinco personas, las más jovenes, cree ser más feliz sin pareja. La monogamia, poco apreciada por la doctrina, es el arreglo más atractivo para la inmensa mayoría de las personas (95%). Además, los hombres lideran, de lejos, la preferencia por esquemas alternativos como las parejas abiertas o el poliamor. 


Los arreglos monogámicos son sorprendentemente estables: en promedio han durado más de veinte años. La terapia para lidiar con problemas es casi siempre iniciativa femenina salvo cuando el conflicto ha surgido por una infidelidad. “La encuesta corrobora que ellas son más monógamas y estrictas sobre lo que consideran una infidelidad y ellos más laxos y bastante más infieles”. Que esto ocurra en todas las culturas, aún más que en la judeo cristiana, muestra la huella de la biología. 


A pesar de los esfuerzos por inflarlas numéricamente, las orientaciones no heterosexuales representan una proporción baja de la población. Tan sólo 3.7% de las personas se declaran homosexuales, 9.2 bisexuales y un nimio 0.8% transexuales. El peso de las nuevas generaciones es determinante: tres de cada diez jóvenes se declaran no heterosexuales.


Convivir juntos es la elección del grueso de parejas españolas. Solo 10% de ellas optan por no cohabitar y en esa negativa el liderazgo es femenino. Además, la diferencia aumenta con la edad. Las mujeres “preferirían mucho más no compartir techo con su pareja que los hombres (13% contra 7%)”. Y las que rondan los sesenta años, “rechazan tres veces más la convivencia que los hombres de su generación”.


En la decisión de convivir median múltiples factores siendo determinante el económico. “Es más fácil elegir el amor monógamo y duradero cuando se sabe que se tiene una opción de salida o cuando el espacio para la convivencia es más cómodo”. 


No sólo los datos españoles desafían el escenario diverso pregonado por el activismo. Varias series de TV, a cuyos guionistas les interesa más aumentar audiencia con realismo que ganar adeptos con dogmas, muestran que la sociedad desarrollada, individualista y libre como nunca, solo ha abierto “una pequeña rendija a otras formas de amor”. Para la muestra un botón español: Cuéntame, que ya parece para toda la vida. 


En la serie sueca Bonus Familjen, un adolescente astuto y pendenciero escucha al director de su colegio hablando por teléfono con su esposa: está molesto porque alguien se quedará más tiempo del previsto en la casa. Creyendo que se trata de la situación común para su familia recompuesta -problemas asociados a la custodia compartida- el joven le pregunta si hablan del hijastro.

  • No, se trata del novio de mi esposa, aclara el rector
  • ¿Su esposa tiene un novio que vive con ustedes?
  • Si, tú eres joven y aún no entiendes algunos arreglos que aceptamos los adultos porque son normales
  • Usted tiene solo dos opciones: echar de la casa a su mujer o darle un puñetazo al novio. ¡Yo haría ambas cosas!

Fuera de este golpe contundente a la peregrina idea de que las triejas son arreglos razonables e inocuos, la serie concebida en Escandinavia, líder global del progresismo, muestra el cuidado y esmero de los personajes por sacar adelante su pareja actual. La rutina, los hijos, el oficio y el trabajo pesan. El agobio, el cansancio, surgen a menudo. Pero el hilo conductor recuerda a Lola, protagonista de una comedia de Javier Gomá, cuando le pregunta a Tristán, su marido: ¿quieres cansarte conmigo?. Es imposible evitar cansarnos, pero sí podemos decidir con quién y cómo lo hacemos.



















martes, 24 de mayo de 2022

De los paras del M-19 a Petro el Grande

Publicado en El Espectador, mayo 26 de 2022 


Una insólita alianza que mantuvo el M-19 por varios años fue con Ariel Otero y Henry Pérez, líderes de las Autodefensas Unidas del Magdalena Medio. 


Los vínculos de esta audaz guerrilla tanto con Pablo Escobar como con los paramilitares de Puerto Boyacá sobrevivieron al enfrentamiento entre ellos. Muerto Rodríguez Gacha, tanto Otero como Pérez, enemigos viscerales de la subversión, se distanciaron de Escobar por sus devaneos con la izquierda para volverse informantes de la DEA. Enterado de esta traición, Escobar mandó matar a Pérez dándole impulso a los Pepes, la alianza que lo liquidaría.



El origen de la asociación M19—paras había sido Diego Viáfara, militante del Eme que desde los ochenta llegó al Magdalena Medio para auxiliar a las FARC y luego volverse paramilitar. Después desertaría para convertirse en informante de las autoridades. La versión de María Jimena Duzán a principios de los noventa es que Viáfara ingresó a las autodefensas forzado. Según Fabio Castillo, el mismo personaje habría definido su misión: “infiltrar las organizaciones paramilitares para descubrir todo su aparato y, ante todo, la fuente de financiación”. 


La información que manejaba este doble agente muestra su importancia entre las mafias. Por él se supieron los tentáculos del narcotráfico en el ejército, la contratación de mercenarios extranjeros, las rutas de salida de droga y llegada de armas, incluso, según la Duzán, “Viáfara conocía con anticipación las masacres y los atentados” de los paras. 


No queda claro si Viáfara mantuvo sus contactos con los del Eme que siguieron acercándose a Pérez y Otero. Sorprende la absoluta falta de curiosidad de un par de agudos periodistas sobre los vínculos del nuevo paramilitar con sus antiguos compañeros.  


Está por otro lado una frustrada reunión con narcotraficantes de Medellín, bloqueada por Fidel Castaño, y un “encuentro de los Estados Mayores de las autodefensas del Magdalena Medio y del M-19” en territorio del Mexicano, tal vez el principal narco de entonces, quien reunió a cuatro Emes con quince capos. “Recuerdo a Nelson Lesmes, el Zarco, también a un ex alcalde de Puerto Boyacá de apellido Rubio… También Henry Pérez y Ariel Otero. Y como anfitrión nada menos que Gonzalo Rodríguez Gacha”.


El loable propósito de semejante cónclave era destacar la importancia de la paz. “El reto era construir otra visión, una mirada diferente, un nuevo escenario para nosotros y para las generaciones por venir”. El mismo relato revela detalles sustanciosos, esos sí verosímiles, sobre aquella asamblea de guerreros. “Pensaban que éramos muy eficientes en ciertas operaciones armadas, que manejábamos técnicas y tácticas muy novedosas. Demostraban gran respeto por nuestra historia militar. Nos preguntaron con insistencia por una operación que hicimos por allá en 1984 o 1985, en el Quindío … Estaban muy interesados en operaciones de infiltración con pequeños comandos”.


A partir de allí, de manera reservada, se inició una larga relación entre los líderes de las autodefensas y la cúpula del M-19, cuyos enviados reportaban directamente al comandante Pizarro, quien ordenó “atender las relaciones con las autodefensas. Cree que hay que persistir y profundizar esa relación. Me recomienda discreción y prudencia… El secreto de la misión se mantiene”.


¿Por qué algo tan loable y políticamente pertinente tuvo que mantenerse bajo estricto sigilo? Sobre la cercanía, un testimonio de Alvaro Jiménez es diáfano. “Me vuelvo asiduo visitante de Puerto Boyacá. La confianza, de parte y parte, es cada vez mayor. Decido seguir yendo sólo, y ya no me alojo en el hotel sino en la casa de Henry… En Puerto Boyacá tenían un radio que pusieron a mi servicio. Me dejaban solo mientras buscaba mi frecuencia… Estos gestos iban creando un ambiente de confianza mutua… especialmente con Lucho (Ariel Otero)”.


Estos contactos continuaron hasta el asesinato de Henry Pérez. Los subversivos buscaban, según ellos, conocer a fondo las autodefensas para involucrarlas en el propósito de la paz. “Una solución civilizada al problema del narcotráfico había que encontrarla entre todos… La misión de Alvaro Jiménez consistía en adentrarse en el mundo de las autodefensas, en su retaguardia; se trataba de conocer y comprender ese fenómeno, ya no para destruirlo sino para transformarlo”. 


Con selectos mensajeros, Carlos Pizarro pretendía redimir a los paras y reformar el narcotráfico. Son comunes entre sus pupilos características asociadas al narcisismo del que él fue plusmarquista mundial: manipular la verdad, no rendir cuentas, mesianismo y prerrogativas especiales, como incumplir la ley o aliarse con paras.


Que el candidato favorito para las próximas presidenciales es egocéntrico lo recalcan quienes han trabajado con él o lo conocen de cerca. “Lo que más me preocupa de Petro es su trastorno narcisista de personalidad y la mitomanía compulsiva”. Aunque repetido hasta el cansancio, el castrochavismo es el menos probable de los daños que puede causar un gobernante que sólo se respeta a sí mismo, con recurrentes y faraónicos delirios. Todo en detrimento de las instituciones democráticas que aprovechó para florecer.





REFERENCIAS


Castillo, Fabio (1991). La Coca Nostra. Bogotá: Editorial Documentos Periodísticos


COPP (2002) Corporación Observatorio para la Paz. Las verdaderas intenciones de los paramilitares. Bogotá: Intermedio  


Duzán, María Jimena (1993). Crónicas que matan. Bogotá: Tercer Mundo


Lukowitsky , Mark  (2009). “Pathological Narcissism and Narcissistic Personality Disorder” Annual Review of Clinical Psychology


Strong, Simon (1996). Whitewash. Pablo Escobar and the Cocaine Wars. London: Pan Books


Villamizar, Darío (1995). Compilador. Jaime Bateman: Profeta de la Paz. Bogotá: COMPAZ

domingo, 15 de mayo de 2022

¡Alfaro Vive Carajo!: el imperialismo del M-19

Publicado en El Espectador, Mayo 19 de 2022 


Los hábiles propagandistas del Eme nunca permitieron calibrar su papel crucial en la internacionalización y el deterioro del conflicto armado colombiano. 


La primera generación de alfaristas provenía de partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales. Surgidos antes del triunfo sandinista, para sus militantes marxistas “el socialismo era un objetivo histórico irrenunciable”. Sin embargo, criticaron sus raíces de izquierda. Desconfiaban de los partidos, incapaces de promover grandes transformaciones sociales. 


La segunda generación, atraída por Cuba y Europa, surgió del entorno estudiantil, básicamente la facultad de sociología de la Universidad Central. Juan Cuvi estudió en Francia y antes de volver a Ecuador pasó por Nicaragua. Santiago Kingman estuvo en Bélgica. Los impresionaron las prácticas sandinistas así como la actitud audaz y renovadora del M-19. Para ellos “la democracia era un objetivo legítimo de lucha armada, las acciones bélicas debían tener significado político inmediato y altamente visible, la formación militante debía basarse en la cultura nacional y el discurso desprenderse de categorías ideológicas”. Parte de esta cohorte salió de intelectuales que en 1980 habían publicado el documento “Mientras Haya que Hacer Nada Hemos Hecho", que inspiró un pacto inquebrantable de estirpe tupamara: actuar, actuar, actuar cotidianamente. Unos partieron al Salvador buscando destrezas de combate. 


Personaje clave de este grupo fue Arturo Jarrin quien mantenía vínculos con cuanta organización armada clandestina operara en la región. Kingman describe las destrezas de este personaje con “todo el carisma de un cristero. Mesiánico, sin decir mucho, la cara triste, sacrificada, el cuerpo mismo dispuesto a cualquier tortura. Un cristero no duda: tiene fe, en los ojos se le ve”. 




La efectividad de Jarrin fue impresionante. Contactó “militantes de organizaciones socialistas, comunistas, troskistas y cristianas. También mantuvo encuentros con la organización comandada por Kléber Gía, que había secuestrado al industrial Antonio Briz; con los grupos de apoyo logístico al M-19 que operaban en Ecuador; con fracciones del Movimiento de Izquierda Revoluciona (MIR). Con La O, que asaltó el Consejo Provincial del Guayas en 1976; y con los Chiribogas que crearon un foco guerrillero en los setenta”. 


A principios de 1983, en Esmeraldas, se reunieron 60 activistas para fundar el Frente Revolucionario del Pueblo Eloy Alfaro (FRPEA). Era un conjunto disperso de movimientos clandestinos entre los cuales el de Jarrin se destacaba por canalizar recursos del secuestro. Aunque los demás permanecieron “ubicados en zonas distintas, manteniéndose autónomos entre sí, sin coordinación efectiva, recelando unos de otros e intentando sobrevivir”, el membrete bastó para darles impulso. Jarrin, muy amigo de Jaime Bateman, fundador y líder del M-19, empezó a darle visibilidad al grupo con acciones espectaculares que culminaron con el robo de espadas de Eloy Alfaro en un museo de Guayaquil. El ataque concluyó con el grafiti usual y quedaron bautizados ¡Alfaro Vive, Carajo! (AVC) por los medios. 


Poco después Jarrin y dos compañeros ofrecieron una rueda de prensa clandestina anunciando el nacimiento de AVC. Los documentos iniciales de FRPEA fenecieron. Se fue alejando la izquierda partidista para moldear ideológicamente a los nuevos combatientes con costumbrismo ecuatoriano y “enviándolos a Libia donde serían impactados por Gadaffi”. Allí se reunieron con un frente del M-19 y uno del MRTA peruano. Formarían la unidad Jaime Bateman Cayón para liberar el continente. 


Al morir Jarrin en 1986 no solo desapareció el líder carismático sino que AVC “adquirió tantas ideologías como comandantes”… Entre los distintos grupos que reivindicaban sus prácticas como acciones alfaristas, uno logró apropiarse de la vocería pública… Eran los auténticos continuadores del "comando histórico", los entendidos en el significado de la “democracia en armas, los combatientes sin rezagos izquierdistas ni veleidades marxistas”. 


Kingman, su novia, Patricia Peñaherrera, Cuvi y Juan Carlos Acosta, de la élite quiteña, militaron formalmente en el M-19 desde principios de los 80.  La estrecha amistad de Bateman y Jarrín facilitó que los alfaristas recibieran instrucción militar en Colombia así como asesoría para “acciones político-militares, estrategias de implantación y accionar de la guerrilla, además de cargamento bélico”. El M-19 apoyó varios operativos de AVC como el secuestro a mediados de 1985 del banquero Nahím Isaías que terminaría con todos los guerrilleros y el rehén muertos. Este incidente ocurrió en Guayaquil mientras se preparaba la Toma del Palacio de Justicia en Bogotá. 


La alianza del M-19 con los ecuatorianos incluía al FSLN nicaragüense, al MRTA peruano,  tecnología tupamara y contactos con Manuel Piñeiro, Barbarroja, zar de la inteligencia cubana. El objetivo era formar una red latinoamericana de guerrillas, el Batallón América. En Colombia, mientras tanto, los pupilos mimados del castrismo convencieron a todo el mundo que con el ataque insurgente más sangriento y definitivo del conflicto colombiano buscaban simplemente hacerle un “juicio armado” al presidente Betancur para sellar la paz. 



REFERENCIAS


Dávalos, Isabel (2007). "¡Alfaro Vive Carajo! Del sueño al caos". Documental: Parte 1Parte 2, Parte 3


EE (2015). “AVC robó las espadas de Eloy Alfaro”. El Emprendedor, Febrero 12


EP (1985) “Asesinado por sus captores el banquero secuestrado en Guayaquil”. El País, Septiembre 3


EU (2010). "M-19 capacitó a alfaristas y participó en sus asaltos", El Universo, Junio 20 


Navarro, Antonio y Juan Carlos Iragorri (2004). Mi guerra es la paz. Bogotá: Planeta


Rodríguez Flores,  Ana Karen (2019) “Propaganda política e insurgencia: El movimiento insurgente Alfaro Vive Carajo en el período de 1983 – 1991”. Trabajo de Grado, Universidad Central del Ecuador, Facultad de Comunicación Social


Terán , Juan Fernando (2006). “¡Alfaro vive carajo! y la lucha por el olvido”. Ecuador, Debate No 67

domingo, 8 de mayo de 2022

Oligarca, cristiano, narcisista y violento

Publicado en El Espectador, Mayo 12 de 2020

Carlos Pizarro Leongómez era hijo de un almirante de la Armada Colombiana y, por el lado materno, nieto de un coronel edecán de presidente. Un hermano y una hermana también fueron guerrilleros. 


Durante la dictadura de Rojas Pinilla, el padre estuvo en Washington como Agregado Naval y  subdirector de la Junta Interamericana de Defensa. Allí, Pizarro estudió en el Saint Patrick School. Al regresar la familia a Cali en 1959 lo matricularon en el colegio Berchmans, de padres jesuitas. Frecuentaba el Club San Fernando y la finca de su familia. 


Por una fugaz vocación Pizarro entró al seminario de La Ceja, para hacer 3° y 4° bachillerato. “Voy a ser sacerdote porque así puedo trabajar para los pobres”. Un familiar, cura conservador, fue crucial en esa decisión. Durante las vacaciones, Charly Boy, volvía a Cali y a la finca. La madre hacía voluntariado con niñas abandonadas y madres solteras. El futuro comandante anota: “Yo no nací en el seno del pueblo. Pero tengo una formación cristiana muy profunda, dentro de los ideales muy verticales de mi familia”. Después los flexibilizaría. 



Un condiscípulo de adolescencia recuerda: “El arribo de Carlos al seminario fue un suceso… se regó la noticia de que llegaba un muchacho de Cali que hablaba inglés y era muy rico, dos cosas que generaban gran expectativa porque la mayoría veníamos de zonas rurales y casi todos éramos bastante arrancados. La decepción inicial es cuando dice que vivió en Estados Unidos de chiquito, pero que del inglés es bien poco lo que se acuerda. No se pudo negar que era rico porque en el seminario estaba prohibido tener plata y ni tienda había para gastarla; pero tampoco se confirmó, porque no le mandaban mayor cosa de la casa. La decepción mayor fue cuando se puso en la portería con soberbio buzo negro, guantes y rodilleras y le marcaron 9 goles. A los pocos días Carlos parecía ser un cristiano como todos”. 


Un compañero de colegio anota: “Fui amigo de Carlos en La Salle y hacíamos lo de todo el mundo: deporte, estudiar, hablar, soñar con novias bien queridas… Recuerdo dos cosas muy precisas: una pasión desbordante en el deporte y un sentido grande de la amistad… Me llamó mucho la atención verlo a lo último, tan igual y tan distinto a como lo había conocido. Era bien parecido, mirando la foto del grado sí es verdad que el apodo de Clark Kent le cayó como anillo al dedo” . 


Desde esa época abundaban en Cali las barras juveniles o pandillas. Pizarro perteneció a una de las más inofensivas. Según un amigo “siendo oligarca, es orgulloso, petulante y vanidoso. Egocentrista, narcisista, ególatra y buen mozo. Es el Dios de las mujeres, el favorito del dinero, el sol de los burgueses, el adorno del árbol navideño, el conquistador del mundo. Es erudito en muchas ciencias que se compran con dinero, el Don Juan de la República pues no hay mujer que se resista a ese conquistador que brota como un manantial de amor de sus cabellos. Su mirada es penetrante, por eso a mirar solo se atreve a través de un lente oscuro para no fundir las cosas que contempla” . También aporta de su archivo un poema dedicado a PIZARRO CARLOMAGNO

 

He aquí al hijo de Pipino el almirante, 

al rey de los francos oligarcas, 

al bachiller de los billetes y al soberano burgués de los hermosos. 

Es él... Don Carlos... el príncipe azul de las mujeres“


Pizarro se trasladó a Bogotá y entró al Little American School, propiedad de una tía materna; después pasó por Nuestra Señora del Pilar y finalizó secundaria en el Instituto de La Salle, de los Hermanos Cristianos, gracias a un tío abuelo que había sido profesor. Obtuvo su bachillerato en 1968 para ser admitido en la Facultad de Derecho de la Universidad Javeriana, en donde el padre Giraldo elegía a dedo y formaba la dirigencia del país. Por pura casualidad 68era encontró en la Pontificia el caldo de cultivo para su rebeldía con el movimiento estudiantil bogotano, manifestaciones, pedreas y cierre de universidades o facultades problemáticas.


En toda Latinoamérica hubo elitistas seductores con estricta formación católica y capacidad de liderazgo mediocre. Algunos añoraron el populismo de héroes idealizados y abrazaron con júbilo la revuelta estudiantil francesa adobada con nacionalismo, son cubano, sandinismo y la consigna incendiaria de Camilo Torres: el deber de todo buen cristiano es hacer la revolución. Muy silenciados en Colombia fueron los ecuatorianos de ¡Alfaro Vive Carajo!, pupilos militares del M-19. Al envejecer, los alfaristas mejor educados superaron la trascendencia revolucionaria para condenar la violencia burlándose de su locura y soberbia juveniles. Pizarro, el Comandante Papito, murió vilmente asesinado sintiéndose prócer, apóstol de la paz, con una hinchada realmente insólita para el daño que causó. 





REFERENCIAS


Bautista, Myriam (2015). “Margoth Leongómez de Pizarro, una madre coraje”. El Tiempo, Enero 21


Bolaños Martínez, Arturo (2014) . “Carlos Pizarro Leongómez : de guerrillero a candidato presidencial”. Tesis - Universitat Pompeu Fabra. Institut Universitari d'Història Jaume Vicens i Vives


Semana (1985) “Los Pizarro somos así. Después de una generación de militares, una generación de guerrilleros”. Revista Semana, Julio 7 


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