martes, 29 de septiembre de 2026

Paz, perdón ante las víctimas y JEP

 Publicado en El Espectador, octubre 1 de 2026




Una década después de creada la JEP, por fin suscita un debate franco e informado. El alto presupuesto con pocas sentencias recibió tardíamente la atención requerida. El simple intento de escarbar las cuentas llevó a la advertencia que Colombia dejaba de ser un Estado de Derecho. Los descaches penales se destaparon: han resultado inaceptables para una alta proporción de víctimas. “La pregunta jurídica permanece intacta. ¿Existe proporcionalidad entre la gravedad del crimen y la consecuencia que recibe quien lo cometió?”.


Una parte poco analizada es si la JEP realmente imparte justicia restaurativa que facilite verdad, perdón y reparación a las víctimas. De manera desprevenida, Pastor Alape, ex comandante del Secretariado, relata una anécdota ocurrida antes de su viaje a La Habana que ilustra las limitaciones del arreglo. Encargado de pedirle perdón a las víctimas de una de las peores masacres del conflicto, el 7 de diciembre de 2015 leyó un texto corto dirigido por las FARC-EP al pueblo de Bojayá.  


Empezó caracterizando la localidad como “semilla de la reconciliación que germinará en la paz de Colombia”. Tras agradecer a los países garantes, la ONU, otras ONGs y la Iglesia Católica anotó que “nos colocamos al frente de todas y todos ustedes, para solicitarles acepten nuestra disposición a rendir tributo y honrar la memoria de las víctimas que ha producido este largo conflicto, al que hemos sido arrastrados por el torbellino de la violencia con actos que no están en el ámbito de nuestra acción… Con ustedes nos sentimos hermanados en los esfuerzos para dejar atrás el conflicto armado”. La evasión de responsabilidades fue nítida, a pesar de los ajustes que tuvo que hacerle Alape al discurso enviado desde La Habana, demasiado exculpatorio.  “Esto yo no lo voy a leer … (imposible) justificar eso… Me reuní con los mandos y les dije: miren lo que nos mandan… Y todos ellos, ¡uy! camarada, donde nosotros digamos eso… la gente se va a emberracar… (tocaba) reconocer que la habíamos embarrado”. Se puso entonces a trabajar la intervención. “¿Cómo ven esta? Me dijeron sí, está bien, pero ojalá la haga más cortita, camarada… Eso es muy largo. Por la mañana (ya estaba) corta pero muy sentida y veo todas esas mujeres… Mi mamá era negra y cuando uno va hablando vienen las figuras y claro, pues mi mamá no enterró muchos de sus hijos asesinados por el paramilitarismo entonces… uno va viviendo eso… ¿y a mi mamá quién le pidió perdón? (Aquí) es también pedirle perdón a mi mamá. Por esta lógica de la violencia … la emoción me dominó”. Básicamente, le preocuparon mucho sus recuerdos familiares y bastante poco las víctimas. 


Poco después del evento, Alfredo Molano Jimeno lo resumió basándose en testimonios de personas presentes. Tras anotar que “a los pobladores de Bojayá les llegó el perdón 13 años después de enterrar sus muertos” destacó el “sentido discurso” de Alape y cómo “dos veces se le quebró la voz”. Añadió que “la honestidad fue la regla de oro y la promesa del nunca más el objetivo”. Después pronosticó que “uno de los testimonios que quedará en la memoria es aquel que reconstruyó la voz de una guerrillera, que después de la masacre, llorando y de rodillas, decía: “Dios, qué hemos hecho””. Lamentablemente las reacciones e impresiones de las víctimas tampoco despertaron su curiosidad.  Se interesó más por el análisis político del ataque y sus secuelas judiciales contra el Estado. 


Meses después Alape retornó a Bojayá con Iván Márquez. Le regalaron al pueblo el Cristo Negro de un artista cubano como símbolo del compromiso de la guerrilla con la reparación de las víctimas. Márquez habló de “sinceridad, arrepentimiento verdadero y reconciliación”. Leyner Palacios, familiar de 38 muertos por la explosión del 2002, líder de víctimas, anotó que “el cristo no llegó por una petición; no consultaron con ninguna de las comunidades si querían ese cristo”. Las personas afectadas consideraban imposible reemplazar con eso al Cristo Mutilado original destrozado. Lo recibieron provisionalmente y lo llevaron a una pequeña parroquia a 40 minutos en lancha.


Howard Zehr plantea que “la justicia restaurativa requiere, como mínimo, que atendamos los daños y necesidades de las víctimas, que instemos a los ofensores a cumplir con su obligación de reparar esos daños, e incluyamos a víctimas, ofensores y comunidades en este proceso”. Desde sus orígenes la JEP, soberbia y acartonada, trató con mano de seda a los victimarios a costa de las víctimas. En el primer ensayo del peculiar esquema, nadie indagó cómo reaccionaron o se sintieron. En el segundo pretendieron saber lo que necesitaban sin consultarlas. Cuando Iván Márquez se declaró disidente ya le importaba bien poco Bojayá. 


REFERENCIAS


Alsema, Adriaan (2017) “The massacres that have defined Colombia’s armed conflict”. Colombia Reports, Oct 11


EP (2016). “Farc piden perdón por la masacre de Bojayá”, El País, sep 29


Hernández Baca, Andrea (2018). “El cristo negro de Bojayá, a la espera de su reubicación”. El Tiempo, mayo 3


Molano Jimeno, Alfredo (2015). ““Perdón Bojayá”: Farc”, 

El Espectador, diciembre 6


Posada, Maria Clara (2026). “El costo de los vikingos”. El Colombiano, septiembre 29


Rubio, Mauricio (2019). “Solemne novatada de la JEP”. El Espectador, mayo 9, Blog personal


Santos, Juan Manuel (2025). “Comunes: de guerrilla a partido político”. La Historia no Contada del Proceso de Paz, Podcast, T2-EP07


Zehr, Howard (2007) El Pequeño Libro de la Justicia Restaurativa, Good Books, fapromed