domingo, 19 de febrero de 2023

Halcón, paloma y avestruz

 Publicado en El Espectador, Febrero 23 de 2023


Para la paz, la metamorfosis de Juan Manuel Santos de rudo halcón a conciliadora paloma fue menos costosa que sus actitudes de avestruz al final del proceso. 


La primera mutación, mucho antes del premio Nobel, coincidió con la Ley de Víctimas y restitución de tierras. Tras una reunión con parlamentarios que la impulsaban Santos criticó el mito que él mismo había contribuido a consolidar: “era necesario reconocer la existencia del conflicto armado en nuestro país”. La respuesta de su mentor fue inmediata: “terroristas no reúnen elementos para estatus de beligerancia, ¿por qué les abren la puerta? … Son una amenaza criminal. No hay razón legal para vincular reparación de víctimas con reconocimiento de terroristas” trinó Álvaro Uribe.


Después de anunciar públicamente la mesa de diálogo con las  FARC se confirmó que la guerra continuaba. Cuando mataron a Alfonso Cano, líder de la organización con la que ya se negociaba, Santos anotó que “la intransigencia política de las FARC había sido derrotada”. Agregó que “se me aguaron los ojos al pensar que el objetivo perseguido lo habíamos alcanzado y que eso nos acercaba al fin de la guerra”. Con belicoso entusiasmo retomó fugazmente las banderas de la Seguridad Democrática al comparar ese triunfo con el de los EEUU en Pakistán contra Osama Bin Laden, “máximo líder del grupo terrorista Al Qaeda”. En una alocución por TV sentenció que la cúpula de las Farc “se va derrumbando como un castillo de naipes”. 


Para explicar su doble juego de hostilidades con diálogo, Santos destacó la “doctrina Rabin” en honor del líder Israelí que comandó las tropas de su país durante la Guerra de los Seis Días en 1967 y ganaría luego el Premio Nobel de la Paz. Como él, este héroe militar había sido “halcón y paloma”. Cuando negociaba con Yasser Arafat, Rabin habría dicho: “seguiremos combatiendo el terrorismo como si no hubiera un proceso de paz, y nos sentamos a negociar la paz como si no hubiera terrorismo”. Para evitar un término tan estigmatizado, Santos adaptó el lema: “combatir como si no se estuviera hablando y hablar como si no se estuviera combatiendo”. 


Los diálogos entre Rabin y Arafat condujeron a la firma de los Acuerdos de Oslo. Ambos negociadores estrecharon sus manos en septiembre de 1993. Casi tres décadas después, Israel y Palestina "se encuentran más lejos que nunca de la paz”.  A la observación genérica ante cualquier acuerdo que “del dicho al hecho hay mucho trecho” habría que agregarle diversas circunstancias que llevaron el documento firmado por los dos contrincantes a convertirse en letra muerta. 


En Colombia, el gran lunar del Acuerdo de 2016 con las FARC fue su derrota en un plebiscito, que tuvo causas adicionales al rechazo del uribismo. La primera y más protuberante fue haber abandonado totalmente la figura vigilante del halcón para reemplazarla por una ingenua paloma convencida de que todos los comandantes adoptarían el nuevo papel de políticos civiles. La desmovilización y dejación de armas era más que razonable esperarla para la tropa, pero las señales que varios comandantes involucrados en narcotráfico y otros mercados ilegales engrosarían las disidencias eran inequívocas. El presidente Santos reconoció el abismo entre los combatientes rasos y la cúpula dirigente de la curtida guerrilla. A los primeros se dirigió al dar de baja a Alfonso Cano. “Quedan muchos todavía que insisten en el camino equivocado de las armas y el terror, y deben saber que también les vamos a llegar… El tiempo de las FARC se sigue agotando. No ofrezcan sus vidas por un proyecto fracasado, por defender a unos jefes intransigentes. ¡Desmovilícense!”. Sin embargo, en La Habana se siguió negociando exclusivamente con comandantes soberbios sin siquiera auscultar lo que pensaba y quería la tropa. 


Cuando se buscó garantizar que los rebeldes no reincidirían, el diagnóstico se contaminó con idealismo. La paloma se convirtió en avestruz. Se ignoraron realidades palpables como los líderes guerrilleros económicamente favorecidos con la exportación de droga y otras actividades ilegales durante el conflicto.



Resulta difícil entender por qué pasaron a segundo plano las labores de inteligencia militar. Desde antes de firmar el Acuerdo se sabía que algunos comandantes farianos poderosos no abandonarían las armas. Además, era evidente que buscarían refugio en Venezuela. Casos muy claros eran Iván Márquez y John 40. Fue lamentable no prever un obstáculo para la paz de ese calibre. Desde los preliminares del proceso, cuando las FARC enviaron dos plenipotenciarios para el encuentro exploratorio en La Habana, se sabía que Timochenko, que entonces comandaba el Bloque del Magdalena Medio, pasaba largas temporadas en el vecino país. ¿Cómo se pudo ignorar el poder de un estado mafioso en el que las Fuerzas Armadas actuaban en concordancia con las FARC y el ELN?  


La paz total no podrá fungir de avestruz e ignorar a Nicolás Maduro y sus matones armados, legales e ilegales. Además, no podrá ignorar los estrechos vínculos del ELN con el régimen heredados de Fidel Castro. 



REFERENCIAS


Barros, Guillermo (2012). “Santos, ante un viraje sin red”. Ámbito, Sep 6


Salazar, Hernando (2010). “Colombia: Santos, 100 días de luna de miel”. BBC Mundo, Noviembre 14


Santos, Juan Manuel (2019). La Batalla por la Paz. Planeta


Sparrow, Thomas (2012). “Santos y las FARC abren de nuevo la puerta del diálogo”. BBC Mundo, Agosto 27



domingo, 12 de febrero de 2023

Halcones y palomas

 Publicado en El Espectador, Febrero 16 de 2023

Un dilema crucial al lidiar con grupos armados ilegales es dosificar la mezcla entre zanahoria y garrote. 


Tras la operación Sodoma en la que fue abatido el comandante más temido y odiado del conflicto, un influyente político anotó que “Jojoy era el símbolo del terror en Colombia; Jojoy era el símbolo de la servicia, de la inhumanidad de una organización que por casi medio siglo ha jugado con la vida y la libertad de los colombianos. El mundo recuerda con horror las escalofriantes imágenes en las que este cabecilla terrorista humillaba a sus indefensos secuestrados recibidos en atroces campos de concentración”. Concluía que así terminaban esos delincuentes, "como Tirofijo, acosado por las bombas, como Raúl Reyes, como Iván Ríos, traicionado por sus hombres, como tantos más que mueren en su ley, que es la ley del crimen y la violencia”.


Cualquiera pensaría que semejante diatriba antiterrorista provino de algún subalterno, seguidor incondicional o admirador de Álvaro Uribe Vélez. Así lo sugería su afirmación “este es un triunfo de la seguridad democrática”.


En ese punto el enardecido político generó confusión pues hacía parte del nuevo gobierno, posterior a los dos cuatrienios del uribismo. “Nos estamos fortaleciendo para seguir el mismo camino hacia la prosperidad democrática. Tengan la certeza de que no bajaremos la guardia contra el narcoterrorismo”. Agregaba que era el momento de seguir atacando “hasta que todos los violentos entiendan que el único camino es la desmovilización y la dejación de armas y del terrorismo”. 


Difícil no pensar que esas palabras tan firmes e implacables las pronunciaba un duro halcón, un implacable y combativo guerrero, tal vez un decidido militar. Sin embargo, ese mismo energúmeno ganaría después el premio Nobel de la Paz gracias al viraje de 180º en su actitud y su opinión sobre la que, recién elegido presidente, consideraba una banda de terroristas y narcotraficantes seguidores del rebelde más viejo del mundo. 



En medio de su entusiasmo por la baja de principal enemigo público colombiano, el nuevo primer mandatario y antiguo ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, ofreció un detenido reporte de la estrategia militar utilizada para derrotarlo. Hizo énfasis en el “poder de la inteligencia”, un esfuerzo que se había iniciado en 2006, cuando “habíamos puesto en marcha una profunda transformación en la forma de operar las Fuerzas Armadas que se basó en dos aspectos fundamentales: por un lado, el fortalecimiento y modernización de la inteligencia, como el arma fundamental para llegar a los objetivos de alto valor estratégico y, por otro lado, el énfasis en el trabajo conjunto y coordinado”. 


La descripción de los preparativos para dar de baja al Mono Jojoy las adornó con comentarios reveladores de su talante guerrerista. “Las FARC son un ratón que con terrorismo pretende rugir como un león, y vamos a seguir ese ratón hasta que deje de respirar. Esa es la consigna. Los comandantes tienen todo el respaldo del presidente de la república”. 


Tras la caída de este roedor con ínfulas de felino, la prioridad estratégica era Alfonso Cano. Se logró dar con él pues “al hostigamiento de los militares se unió un largo trabajo de filigrana de la inteligencia policial y militar que infiltró por varios años a varios hombres y mujeres en la zona, que se hicieron pasar por comerciantes, vendedores de minutos de celulares e incluso administradores de prostíbulos”.   


Cuando dos años después del ataque verbal el implacable gobernante lanzó su propuesta de diálogo con las FARC, hubo reacciones muy distintas que dependieron de la posición política. Los más prudentes señalaron con sorpresa que se había dado un audaz viraje sin ningún mecanismo protector. “Juan Manuel Santos, lanzó la apuesta más audaz de su carrera política y completó un calculado viraje desde sus posiciones duras como ministro de Defensa de Álvaro Uribe”. Tratando de entender su radical cambio de actitud hacia las FARC, se hacía alusión a su afición al póker. 


Bastaba un mínimo conocimiento del conflicto para saber que la voluntad de diálogo de las FARC era la única vía para que evitaran su eventual aniquilamiento. "Los golpes que han recibido las FARC en los últimos cuatro años han sido contundentes, golpes que nunca habían recibido en su historia… Esto ha llevado al liderazgo de esta guerrilla a aceptar que no hay otra posibilidad que la negociación” comentó Mauricio Romero quien de inmediato fue criticado por su visión reaccionaria de la situación. Un iluminado anotó que la voluntad de diálogo de la guerrilla no era en lo más mínimo un punto de inflexión sino algo que las mismas FARC venían buscando hacía muchos años.


El margen de maniobra que un gobierno que funge de paloma tiene disponible para la paz total con una amplia gama de organizaciones criminales, varias transnacionales, es definitivamente inferior al que tuvo un curtido halcón con una guerrilla campesina de comandantes acomodados, envejecidos y deseosos de jubilarse


REFERENCIAS


Barros, Guillermo (2012). “Santos, ante un viraje sin red”. Ámbito, Sep 6


Salazar, Hernando (2010). “Colombia: Santos, 100 días de luna de miel”. BBC Mundo, Noviembre 14


Santos, Juan Manuel (2019). La Batalla por la Paz. Planeta


Sparrow, Thomas (2012). “Santos y las FARC abren de nuevo la puerta del diálogo”. BBC Mundo, Agosto 27





martes, 7 de febrero de 2023

Naufragio de la ideología trans

 Publicado en El Espectador, Febrero 9 de 2023


Si las ideas de un grupo son contrarias al conocimiento científico y a la evidencia, si además le hacen daño a otros colectivos más amplios y a la coherencia de las leyes, es inevitable que entren en crisis y fenezcan. 


Al criticar un escrito que celebraba la posibilidad de que los hombres trans pudiesen abortar, afirmé con ligereza que no parecía verosímil que tal situación la generara una violación. Una amiga reviró: estas personas sí podían “ser violadas y además ultrajadas y asesinadas”. Me invadieron las dudas y busqué con Google casos de hombres trans (mujeres que se identifican como hombres sin renunciar a su aparato genital) sexualmente agredidos. 


Encontré una sola noticia de hace unos días: la “primera violación a un hombre trans”. Un periódico español reportó que el exnovio de la víctima “la habría secuestrado con su coche cuando caminaba por una población murciana… En el interior del automóvil habría tenido lugar la violación, con penetración”.


Plenamente identificado, el agresor fue detenido. Además de esa agresión, ya tenía problemas por una denuncia anterior en otra provincia, también de su exnovia, que había obtenido una orden de alejamiento. Para ese incidente del año pasado hubo confusión pues el asunto fue rechazado por un juzgado especializado: dado que la víctima manifestaba ser varón y mostraba la respectiva documentación no se trataba de un episodio de violencia machista. “Sería un contrasentido poner la protección de violencia de género a un hombre que insiste en que es hombre”. El juzgado pidió colaboración de Medicina Legal para saber si la víctima sufría disforia de género. A pesar de que el profesional forense determinó que no era una mujer, “se consultó a la Sala y la causa se quedó en (el juzgado de) Violencia de Género”. En síntesis, tanto el hombre trans como las instituciones que protegen a las víctimas de violencia machista consideraron conveniente que este individuo, que se identifica como varón, fuera atendido en un juzgado dedicado a los ataques contra las mujeres. Menuda confusión, y disforia, legal e institucional. 


Aún más insólito, e indignante, es el caso de una mujer española agredida por su pareja que burló la severa ley de violencia machista modificando su nombre e identidad de género en el registro civil. En el verano de 2022 Carmen denunció los golpes e insultos que sufría de Agustín, su pareja por más de una década. No podía creer que no tendría el amparo contemplado por la llamada “Ley de Violencia Machista” pues unos meses antes, sin saberlo, vivía con Julia, como se llamaba ahora su ex compañero. No obtuvo una orden de alejamiento puesto que, para la justicia, el conflicto que sufre es asimilable al de dos hermanos que se llevan mal. Quedó condenada a seguir atada a Agustín, y a vivir en la misma casa, pues su pensión no contributiva le impide irse. 


Ambos cincuentones, Carmen y Agustín empezaron un noviazgo en 2011. Tras nueve años juntos, él empezó a cambiar. “Quería ponerse ropa interior femenina en momentos íntimos. Pensé que podía ser fetichismo pero después me decía que se sentía mujer y me pidió permiso para hormonarse. Nunca ha querido cambiar de sexo”. La sorprendida compañera decidió terminar la relación. Le dijo a Agustín que lo acompañaría en ese proceso como amiga, “nunca como pareja porque soy heterosexual”. Vinieron el acoso y las vejaciones que la llevaron a ponerle candado a su habitación. “Cada vez que me duchaba, se metía en la bañera y me toqueteaba, al igual que por la noche, cuando creía que yo estaba dormida, se metía en la cama para tocarme”. 


El punto de no retorno fue una tarde en que ella cuidó a sus nietos. Al volver a casa, el candado estaba forzado y todas sus pertenencias en el suelo. Al pedir explicaciones, la respuesta fue “a callar coño” seguida de empujones, golpes y arañazos. 




Consciente de la protección especial para mujeres maltratadas por su pareja fue a hacerse los exámenes al hospital. No salía de su asombro cuando la policía le aclaró que no podrían hacer mucho puesto que su compañero había cambiado de género cinco meses antes. Ahora era Julia. 


Antes de la golpiza, Carmen le había conseguido a Agustín una cita con una psiquiatra de la sanidad pública que lo molestó bastante al conceptuar que “tenía tendencias al travestismo y no rasgos transexuales”. 


Las abogadas que representan a Carmen, ambas feministas, califican de exabrupto el borrador de la llamada Ley Trans española que le facilitará aún más la vida a personajes como Agustín, ahora Julia. “Es retrógrada, dictatorial y lo más sexista que hemos visto en la vida… Pervierte el fin de la norma y desprotege a las mujeres. Es una barbaridad”.


Esperpentos legales de ese calibre, y las ideologías que los estimulan, están condenados a desaparecer. 


Primera violación a un hombre trans

Cambió de género para eludir la ley


martes, 31 de enero de 2023

Surrealismo LGBT

 Publicado en El Espectador, Febrero 2 de 2023

El activismo trans se tornó tan insólito y delirante que ya podría considerarse una variante del surrealismo. Lamentablemente, le falta la genialidad, la estética, y el sentido del humor de ese movimiento artístico. 


“Aborto libre para todes” es el título de un escrito en el que con pasmosa seriedad, de manera contundente y transcendental, una reconocida feminista celebra la expedición de la Resolución 051 de 2023 del Ministerio de Salud Colombiano, en la que “uno de sus puntos más importantes está en el lenguaje, porque habla de abortos para mujeres, niñas, hombres trans y personas no-binarias”. Reconoce que tener en cuenta todas esas identidades ha causado un gran debate dentro del feminismo pues “al no reconocer que los hombres trans y las personas no-binarias que necesitan abortos, se añadía una capa más de discriminación y una barrera extra de acceso a un aborto libre, seguro y oportuno”.


Para calibrar la magnitud del descache, conviene tratar de imaginar el escenario de un hombre trans que solicite un aborto. Se trataría de una persona nacida mujer que, al identificarse como hombre, probablemente se inyectó testosterona, se dejó crecer la barba, utilizó prendas masculinas para vestirse etc… etc… pero dejó su aparato reproductor intacto por si luego quería tener hijos. Por lo general estos hombres trans -que en realidad conservan el sexo femenino con el que nacieron y por eso pueden dar a luz- se emparejan con mujeres. Así, para quedar embarazadas deben encontrar un donante de esperma. Y si necesitan abortar es porque algo falla en sus planes. No parece verosímil plantear que buscan interrumpir su embarazo motivo violación. 


En cualquier caso, este no es un escenario al que valga la pena dedicarle demasiada reflexión. Sería árido desvelarse por una mujer contundentemente excepcional, un épsilon % de la población, porque la ley no hace explícito el género que eligió, concordante con su apariencia pero no con su sexo ni su anatomía ni su posibilidad de ser madre. 


El movimiento artístico surrealista buscaba enviar un mensaje subversivo y perturbador pero divertido, alegre, armonioso, estético y libertario. Su relación con el público fue siempre peculiar. No se preocupaban por agradar y algunos iban al extremo de querer hacer difícil el acceso a su obra. Con bastante soberbia, André Breton sentenciaba que “la aprobación del público debe evitarse a toda costa. Es imperioso evitar que el público entre si se quieren evitar confusiones”. Y aunque las obras, una vez publicadas, ya se escapaban de su autor, varios de los ellos “multiplicaron los obstáculos, psicológicos y materiales, para hacer difícil el acceso”. Tirajes limitados,  ediciones ilustradas y costosas caracterizaron con frecuencia las obras de este excéntrico grupo. Antonin Artaud hizo explícito su deseo de que la gente acudiera a ver sus piezas de teatro con la impresión de arriesgar su vida. “El lector del surrealismo debe estar preparado a una transformación radical de su ser: se lanza a una aventura al abordar un texto ilegible, incomprensible”. 


A pesar de lo anterior este movimiento parisino logró extenderse al resto de Europa y al mundo. La parte gráfica del movimiento dejó un legado que ha llegado a artistas contemporáneos de distintos países. René Magritte es tal vez el más conocido de los pintores. Los posters y postales basados en sus obras son un fenómeno masivo. 


Hace un año asistí a una excelente exposición de la obra de este pintor belga en Barcelona. Me sorprendió la cantidad de asistentes -todas las edades y muchas nacionalidades- que admiraban detenidamente su obra. En particular, me llamaron la atención varias grupos que parecían miembros de una misma familia embarcados en animadas discusiones sobre lo que se asemejaba a una realidad más real que la de una fotografía. Es apreciable y necesario el arte que desafía el statu quo, cautiva por su belleza, invita a la reflexión y simultáneamente, genera animadas discusiones sobre la posibilidad de distintos puntos de vista e interpretaciones. El Jardín de las Delicias del Bosco o el Guernica de Picasso son ejemplos de esas obras desconcertantes pero populares que sólo incomodan a la caverna más reaccionaria. 


En el otro extremo, el surrealismo LGBT ha logrado exactamente lo contrario con su teoría de género: imponer de manera cada vez más autoritaria, coercitiva y hasta violenta una visión del mundo y de los seres humanos que solo acepta una reducida élite intelectual o académica que progresivamente se queda sola respaldando la charlatanería. 


Sospecho que somos muchos quienes preferimos, de lejos, el cuadro de Magritte titulado “Esto no es una pipa” con una representación detallada de ese objeto que el reportaje sobre Rubén Castro, joven madrileño de 27 años, educador infantil, que quedó embarazado y dio a luz a su hije Luar ilustrado con una foto de perfil que ni siquiera se molestaron en titular “esto no es una mujer”. 








lunes, 23 de enero de 2023

Profes y estudiantes

 Publicado en El Espectador, Enero 26 de 2023


Como cualquier esfuerzo para prevenir una conducta dañina, combatir el abuso sexual en el medio estudiantil requiere un diagnóstico muy preciso que, a su vez, sólo se logra con información detallada y focalizada. 


Al hacerse públicos los testimonios de cinco víctimas que “aseguran haber sido sometidas a distintas formas de acoso por parte de Víctor de Currea-Lugo”, profesor universitario, surgió la reacción usual de señalar que su comportamiento muestra “patrones idénticos” tanto con actuaciones pasadas suyas como con otros agresores. Es pernicioso, contraproducente e injusto reaccionar ante casos concretos haciendo alusión a categorías vagas y generales como la cultura patriarcal, la sociedad misógina o la justicia machista que no dan la menor pista sobre cómo superar el daño causado o impedir que se repitan casos similares. 


El acoso sexual en el entorno académico presenta diferencias sustanciales por países, regiones, ciudades, universidades e incluso entre facultades de una misma institución. En los años noventa, cuando dicté mi primer curso en una facultad de derecho, me sorprendió enormemente la metamorfosis que sufrían los estudiantes en época de exámenes finales, por lo general orales. Las camisetas y los jeans usuales a lo largo del semestre daban paso a la corbata, la chaqueta, la minifalda y el escote. En la facultad de economía, donde la mayor parte de evaluaciones eran escritas, la “pinta” no cambiaba al finalizar el curso.


Dos décadas después, con alumnos de un semillero de investigación en otra universidad bogotana, quisimos contrastar, entre otras, la hipótesis del impacto del ritual de cambio de vestimenta sobre el acoso. Hicimos una encuesta a estudiantes de distintas carreras en varias universidades. La respondieron 497 mujeres y 337 hombres. Un resultado fue que en las facultades “donde son tan usuales las pruebas no escritas como la minifalda y escote para presentarlas, es más frecuente que se hagan comentarios machistas en clase, que los profesores busquen relaciones con alumnas, que la encuestada haya recibido avances de algún doctor y que conozca personalmente parejas de docentes con estudiantes”. Este ejercicio mostró que, en una ciudad como Bogotá, hay universidades y facultades mucho más patriarcales y machistas que otras. 


Al semestre siguiente, al pretender ampliar la muestra de la encuesta, quedé atónito cuando una decana de derecho, reconocida constitucionalista y feminista, me prohibió terminantemente hacerla entre sus estudiantes acusándome de ser un machista que justificaba la violación por la manera como se vestían las mujeres. La rígida doctrina que supuestamente defiende los derechos de las mujeres considera incorrecto averiguar empíricamente cuáles son los factores, institucionales o culturales, que atentan contra la libertad sexual de las estudiantes. Para eso basta la ideología. 


Esta encuesta mostró diferencias entre facultades que se extendían a las actividades extra curriculares. Las alumnas de ambientes universitarios machistas “rumbean más, en grupos donde se bebe mucho trago… y se emborrachan con mayor frecuencia”. Además, en esos entornos, es más común la impresión de que hay estudiantes que “utilizan sus encantos para obtener buenas notas”. 


Un número no despreciable de estudiantes reportaron haber sido violadas por algún compañero, pero la muestra aún era pequeña para analizar las diferencias entre universidades y no aparecieron violaciones por profesores universitarios. Entre todas las víctimas, tan sólo una de 24 (4%) había denunciado el ataque ante las autoridades. Este resultado sugiere que la reticencia a denunciar no es tan simple como el temor a las represalias de alguien con mayor poder en la universidad. 


El principal mensaje de este ejercicio es que la ley o la cultura nacionales no bastan para explicar el fenómeno del acoso sexual en el ambiente universitario. Tradiciones, costumbres o normas informales que pueden ser específicas a nivel de establecimiento muestran un impacto significativo sobre la probabilidad de ser víctima de un incidente. La reglamentación de las conductas y comportamientos al interior de cada institución académica deben hacerse teniendo en cuenta qué es lo que ocurre entre sus estudiantes y el cuerpo profesoral en vez de recurrir esquemas poco conducentes, como el macho patriarcal que enseña y ejerce influencia intelectual sobre sus pupilas. Es indispensable discriminar los casos en los que hubo coerción o amenaza de aquellos en los que el abuso se basó en la persuasión o manipulación. Aunque suene a herejía es apenas sensato identificar los abusos mediados por el consumo voluntario de alcohol o droga. 


La reticencia a denunciar a los victimarios de ataques sexuales, incluso cuando se trata de una violación, es un factor crucial para disminuir la incidencia de tales conductas y, como muchos otros parámetros, podría considerarse específico a cada institución. Por lo tanto, los protocolos para asistir a las víctimas y orientarlas también deben ser “a la medida”. Esta diversidad no implica que los esfuerzos por combatir la violencia sexual en el entorno universitario deban abordarse de manera aislada. Al contrario, la variedad de diagnósticos y soluciones contribuiría a una mejor comprensión del fenómeno y al diseño de esquemas más eficaces para prevenirlo. 



Cinco testimonios de acoso Cambio


La defensa del profe y presunto acosador C Currea de Lugo


Peleas de machos - M.J. Duzán


EDG (2015) “Encuesta de Discriminación por Género”. Bogotá, Universidad Externado de Colombia


LA ENCUESTA A ESTUDIANTES 

La encuesta EDG se realizó entre Mayo y Junio de 2015 con los estudiantes del curso de Análisis Económico del Derecho (AED), en la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Aquí se pueden ver los formularios –uno para mujeres y otro para hombres- que se colgaron en internet para que los diligenciaran, de manera privada y anónima, estudiantes del Externado y de otras universidades bogotanas. La encuesta la respondieron finalmente 497 mujeres y 337 hombres.

Para la elaboración del formulario de la encuesta, los estudiantes del curso de AED realizaron previamente una serie de entrevistas con las que se identificaron y definieron los incidentes que finalmente se incluyeron en el formulario.

El “link” a la encuesta se envió luego a las universidades en las que tengo algún contacto. Participaron en Bogotá, fuera del Externado, Los Andes, la Javeriana, el Rosario, la Tadeo y la Nacional.

El análisis de los resultados será publicado como Documento de Trabajo de la Facultad de Economía del Externado y utilizado como material de ese curso y como base para ejercicios similares posteriores.


Agradezco la participación en este proyecto de los siguientes estudiantes de Economía del Externado: Andrea García, Angelica Niño, Blayer Giraldo, Camila Camaño, Camila Parra, Carolina Ulloa, Daniel Ospina, Juan Pablo Monroy, Julio César Daly, Laura Delgado, Leonardo Quintana, Luisa Sarmiento, Manuel Caro, Manuela Acosta, Michael Rivera, Natalia Reina, Nicolás Mesa, Orlando Romero, Paula Martínez, Santiago Plata y Sebastián Moscoso.


También agradezco la colaboración en difundir el link a Ana María Ibañez, Juan Camilo Cárdenas, Javier Forero, Jaime Tenjo y Patricia Montañez.


martes, 17 de enero de 2023

La floristería de Nicolás Maduro

 Publicado en El Espectador, enero 19 de 2023


Uno de los factores que mejor ilustran la tiranía venezolana es el omnímodo nepotismo con el que entre bambalinas ejerce el poder su esposa, Cilia Flores. 


“Sibilina e influyente, siempre ha estado ahí, en la sombra pero bien situada, rodeada de una amplia red de colaboradores”. Con un grupo de familiares conocido como “la floristería” controla “hasta el último resquicio de la política venezolana”. Es la mujer más poderosa del país.




Con 68 años, de origen humilde, esta abogada subió todos los escalones del poder. Empezó como defensora del teniente coronel Hugo Chávez tras su arresto por el fallido golpe de Estado de 1992. Luego de ofrecerle en la cárcel sus servicios logró su libertad y se ganó un apoyo irrestricto de por vida. 


Flores conoció a Maduro, diez años menor, como guardaespaldas de su protector cuando ella lo asesoraba legalmente. Desde entonces se volvieron inseparables pero sólo en 2013 formalizaron su relación. Nueve años antes de su matrimonio se había convertido en la primera mujer que presidía la Asamblea Legislativa. Desde entonces su influencia sobre el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) le facilitó el nepotismo. En 2007 manipuló un concurso para llenar cerca de 90 cargos en el parlamento. Hubo “gente que no participó y quedó, y otra que en la evaluación quedó de segunda y por arte de magia pasó al primer lugar. Gente inhabilitada por el contralor también quedó, y de los seleccionados al menos 40 son familiares y amigos de Cilia Flores”. Dos de los siete jurados fueron la prima y la nuera: una avaló la contratación de al menos 6 de sus familiares y la otra la de su esposo, su madre y otros cuatro parientes.


Ante las acusaciones, muy tranquila, la presidenta del Parlamento denunció una campaña mediática en su contra para declararse orgullosa de tener una familia que trabajara en esa asamblea con "mayoría de diputados y diputadas revolucionarios y revolucionarias”.


Cuando Transparencia Venezolana denunció el favoritismo y los medios recogieron las críticas, la cuestionada líder se limitó a tildarlos de “mercenarios de la pluma” y a expulsarlos del hemiciclo al que rara vez asiste. Durante varios períodos ha liderado las inasistencias a la cámara legislativa. 


El mayor escándalo que la ha salpicado es el de dos sobrinos acusados de introducir casi una tonelada de cocaína a los EEUU. Arrestados a finales de 2015 en Haití, Efraín Campos Flores y Francisco Flores de Freitas fueron declarados culpables por la justicia norteamericana. Su poderosa tía asimiló la operación a un “secuestro”. Lo anterior a pesar de que en una grabación previa uno de ellos aceptó que “hemos estado haciendo dinero durante muchos años”. En reuniones previas, también grabadas, aceptó que ganaría cinco millones de dólares con la operación. Durante un interrogatorio ante un oficial de la DEA se quejó porque el clan familiar no funcionaba tan bien como afirmaban los medios. Precisó que él “trató de hacer dinero pidiéndole a Erick Malpica Flores, director de Finanzas de PDVSA, que aprobara pagos a algunas empresas seleccionadas” a las que la petrolera estatal debía dinero. De esta manera, podría cobrar una comisión. El primo se negó a su petición.


Aunque no siempre ayuda a sus familiares como ellos desearían, Malpica Flores es el sobrino favorito de Cilia y personaje clave de la floristería. Discreto, preparado y formado en la tecnocracia, ha armado importantes negocios. Desde 2013, cuando Maduro llegó al poder, el extesorero nacional y su familia directa han registrado 16 empresas en Panamá. 


Con 40 años, administrador especializado en mercadeo, Malpica comenzó su carrera pública en 2005 como director General de Gestión Administrativa y Servicios en la Asamblea Nacional, que su tío político presidía. Cuando Maduro fue nombrado Canciller por Chávez en 2006 se llevó al familiar para un cargo similar. A finales de 2012 llegó a la vicepresidencia como Director General encargado.


Con Maduro presidente alcanzó cargos cruciales en el manejo de las finanzas nacionales, primero como subtesorero, luego director general del Bandes y por último Tesorero de la Nación. Así, manejó el presupuesto nacional, muchos fondos financieros y los créditos adicionales considerados “inauditables por la ausencia de informes y balances públicos”. A pesar de su empeño por mantener un bajo perfil, el escándalo de sus narcorpimos lo puso en el foco de atención de los medios. 


En 2015, como miembro de la junta directiva de PDVSA, en pocos días  registró junto con sus padres una decena de empresas panameñas familiares con bajo capital inicial y objetos sociales muy vagos. Esta proliferación de sociedades pudo tener como razón operativa la apertura de múltiples cuentas bancarias para aprovechar los vacíos en el control de cambios.  


El alcance, la versatilidad y el poder corruptor de la floristería que Maduro tiene a su entera disposición hacen que las indelicadezas de cualquier primera dama, de cualquier país, aparezcan como un inocente pasatiempo.

martes, 10 de enero de 2023

¿Quién le teme a Simone Veil?

 Publicado en El Espectador, Enero 12 de 2023


La feminista del siglo XX, el siglo del feminismo, fue Simone Veil. A su lado, palidece cualquier defensora de los derechos de la mujer, académica, política o activista. Misteriosamente, su vida y sus aportes se han ido olvidando. 


Incluso en Francia la “mujer política cuya legitimidad está menos puesta en duda” fue abiertamente silenciada en los temas más complejos y controvertidos de la agenda feminista. 


En 1993 cuando fue nombrada Ministra de Asuntos Sociales y Salud, el SIDA causaba estragos. De manera inmediata tomó medidas que explicó con detalle en su primera conferencia de prensa dedicada íntegramente al VIH. Invitó a no ceder al "miedo colectivo", subrayando que la respuesta al SIDA "será humanista o no será". 


Para ella, los cambios debían darse "en la familia, la escuela, el hospital, la empresa, la sociedad en su conjunto". En sus dos años al frente de ese ministerio hizo de la lucha contra el SIDA "una prioridad absoluta”. Se duplicaron los créditos para la atención domiciliaria, aumentaron las plazas disponibles en apartamentos terapéuticos, se financió la atención psicológica, se ofreció apoyo jurídico y social a los afectados y se mejoró la formación de profesionales de la salud.


La decidida ministra destacó las dramáticas consecuencias de la epidemia entre usuarios de drogas. En 1993, cerca del 30% de las jeringas para inyectarse estaban infectadas con el VIH. Negándose a "clasificar entre la buena y la mala vida", Simone Veil anunció en 1994 varias medidas para frenar la contaminación entre personas tan vulnerables: puso fin al monopolio de las farmacias en jeringuillas estériles y autorizó la distribución por asociaciones. También potenció la sustitución de metadona, aumentando la disponibilidad de “centros de acogida para drogodependientes”. Entre 1993 y 1995 los programas de intercambio de jeringas se multiplicaron por 10.


La historia de cómo, en el pico de la epidemia del SIDA, siendo ministra, Simone Veil se convirtió en voluntaria que, a escondidas de las cámaras, visitaba enfermos terminales en el hospital de Broussais, no tiene parangón en los anales de la política o el feminismo. 


Su eficacia y contundencia fueron posibles gracias a su buen conocimiento del terreno. Cuando trabajó en la dirección de la administración de prisiones entre 1957 y 1964, dedicaba gran parte de su tiempo a giras de inspección en los establecimientos. “Recorrí el territorio para descubrir una realidad desesperada que nunca podría haber imaginado. La situación carcelaria no se explicaba por una coyuntura particular. Era el resultado de malentendidos y negligencias firmemente arraigadas en las costumbres administrativas hasta el punto de que, al visitar las prisiones, a veces tenía la sensación de sumergirme en la Edad Media. Las condiciones de detención eran indescriptibles y escandalosas. Fue aterrador”. 


En sus memorias Simone Veil destaca la importancia que tuvo para ella su deportación a los campos de concentración nazis para desarrollar “una sensibilidad extrema a todo lo que, en las relaciones humanas, genera humillación y desprecio de las otras personas”. Así, inspeccionando las prisiones y “detestando la promiscuidad física tanto como la alienación moral” no tuvo, según ella, alternativa distinta a convertirse en una especie de “militante de las prisiones”. Se preocupó en particular por la suerte de las detenidas. Aunque su número era infinitamente inferior al de los hombres y que, además, eran mucho más disciplinadas que ellos, “sufrían condiciones de detención particularmente rigurosas”. Para ella, todo parecía ocurrir como si la sociedad, a través del personal de vigilancia, se esforzara “no sólo por castigarlas, sino también por humillarlas”. En un centro penitenciario recientemente construido, “descubrió con estupor prácticas particularmente perversas”. Las detenidas vivían en celdas individuales decentes pero la directora “insistía en envenenar su existencia para saldar su deuda con la sociedad. Obsesionada por la homosexualidad,  “se aferraba a los detalles más anodinos para multiplicar las amenazas y la intimidación”. Bastaba, por ejemplo, que una detenida le pasara un poco de azúcar a una compañera para recibir una sanción ejemplar. 


Parece increíble que, con este historial, ninguna persona vinculada al periodismo, la historia o el feminismo se molestara en preguntarle a Simone Veil las razones por las que el 13 de enero de 2013 saliera, acompañada de su esposo, a la manifestación contra el matrimonio igualitario con una pancarta de los organizadores de la marcha. 



Varios medios reportaron que ella simplemente salió a “saludar manifestantes”; una periodista la disculpó anotando con displicencia que sí fue feminista, pero también “una mujer de su época”, léase homófoba. Sólo el Huffpost osó plantear que era probable que se opusiese a la adopción gay un tema sobre el que había reflexionado. Una perspicaz investigadora de Le Monde concluyó que de ese incómodo misterio no podría deducirse que Simone Veil estuviera en contra de una ley tan progresista e incluyente puesto que “ella nunca ha tomado una posición pública sobre este tema, a través de textos o discursos”. 


REFERENCIAS


Veil, Simone (2007). Une vie. Stock


De Ministra de Salud a voluntaria  (Libération)


En los años 90, cuando el SIDA estaba causando estragos, Simone Veil tuvo que hablar directamente con un paciente. Nada sale según lo planeado.


El 1 de diciembre de 1994, Simone Veil, entonces Ministra de Asuntos Sociales, Salud y Ciudad, iba a aparecer en televisión con motivo del Día Mundial del SIDA. Todo está organizado para el rodaje. Hospital de Broussais. Servicio de Inmunología. Tiene que salir de la habitación de un enfermo, dar su discurso. Y este discurso lanzará el noticiero en vivo a las 8 pm en TF1.


1994, la gente se moría de VIH. No ! No estaban muriendo por el VIH, sino por los efectos del virus en la capacidad del cuerpo para defenderse, para manejarse a sí mismo. Con él, la gente atrapaba todo, cualquier cosa. Luego bajaron de peso, bajaron de peso. Luego el golpe. Hôpital Broussais por lo tanto, en el distrito 14, departamento de inmunología del profesor Kazatchkine, un personal comprometido en la carrera contra el tiempo y contra la muerte que se avecina, apoyado por la presencia de voluntarios de la asociación Aides. 


El equipo de televisión llega, se instala. Luego la Sra. Veil. Pero, esta juega difícil. Ella pone condiciones. No quiere que su presencia sea solo simbólica. Se niega a seguir el juego y a dejar la sala vacía acondicionada para las necesidades del rodaje y para su tranquilidad. Exige hablar con un paciente antes del rodaje. Quiere estar -al menos durante veinte minutos, el tiempo de una conversación- frente a la verdad. Un enfermo de verdad en una habitación de verdad. Como jefe de voluntarios, me piden que identifique a un paciente del hospital dispuesto a jugar el juego para hablar con la ministra. Para ayudarla a ponerse en forma, y que luego salga de la habitación del hospital frente a las cámaras y sea entrevistada, en vivo, por los periodistas. Tienes que encontrarlo rápido. ¿Quién está hospitalizado esa noche? Miro la lista de personas. Muchos al final de la vida. No es posible imponerles eso sin que puedan dar su consentimiento real. Otros, menos enfermos, sin duda podrán jugar el juego, pero ¿quién aceptará?


Entonces se destaca un nombre, David. Treinta Postrado en cama con varias infecciones graves. 50 kilos en lugar de los 70 kilos que tenía antes de la enfermedad. Pero la cabeza está bien. Alguien con carácter. Del este de Francia. David tiene humor, conversación, un punto de vista. Él sabrá cómo jugar el juego.


19:40 Todo listo para el rodaje en directo. Ella entra en la habitación. Los presento el uno al otro. Salgo de la habitación para esperar afuera, dejar que tengan su conversación. Luego tengo que esperar los quince minutos de conversación. Luego toque la puerta alrededor de las 7:55 p. m. para indicarle a la Sra. Veil que debe salir de la habitación frente a las cámaras.

Yo espero. Los periodistas esperan. Los técnicos están esperando. 19:55 Llamo a la puerta. Nada. 19:58, los periodistas empiezan a emocionarse. Escribo de nuevo. Yo abro la puerta. Madame Veil está allí. De pie justo al otro lado de la puerta. Ella me mira rápidamente, luego gira la cabeza hacia otro lado. Ella llora. Se limpia los ojos. Entonces me mira de nuevo. Con voz temblorosa pero clara, con una firmeza que no admite discusión, me dice, refiriéndose a los equipos ya los periodistas: “Haz que esta gente se vaya. Saquen a esta gente de aquí". Cierra la puerta. Me doy la vuelta. Les anuncio a los equipos de filmación que se lo perderán por esta noche. Ella no saldrá del dormitorio frente a las cámaras. ¡Ella no hablará con los reporteros! ¡Escándalo! Empacaron sus cosas, molestos. El noticiero de las 8 pm se las arregló sin el rodaje previsto.


En el hospital, la Sra. Veil permaneció en la habitación en cuestión durante otra media hora. Al salir, me pide disculpas. Ella me dijo: “Fue muy difícil. Me recordó los campamentos. Los campos de concentración. Estábamos hablando de cosas tan serias. Es tan flaco, tan flaco. Fue demasiado difícil. Luego se fue. Luego lo increíble. Madame Veil no desapareció simplemente. Ella volvió al hospital. La Asociación Aides estaba presente en el hospital de Broussais los miércoles por la noche. Como una voluntaria básica, regresó el miércoles por la noche. Para encontrarse con los enfermos. Hacer lo que también estábamos haciendo, dar nuestro tiempo, escuchar, consolar, discutir, traer vida. No todos los miércoles, pero regularmente. Una hora, dos horas. A veces, si era tarde en la noche, su conductor la llevaba a su casa y luego me dejaba en mi casa. Hablábamos de la realidad. De la experiencia real de las personas en los hospitales, en los cuidados, del hospital, de quienes trabajan allí. Pero todo eso fue fuera de cámara, no frente a las cámaras.

David murió a las pocas semanas. Fue un momento tan difícil. Antes de la llegada de tratamientos efectivos. Todo el mundo estaba muriendo. Cada semana, la primera pregunta al llegar: quién murió este día. 


Pero teníamos una Ministra de Salud. Teníamos una Ministra de Salud. Buen viaje, David. Buen viaje, Simone. Estoy orgulloso de haberlos conocido.