sábado, 28 de febrero de 2026

Abrazos, no balazos, para el Mencho, insurgente privado

Publicada en El Espectador, Marzo 5 de 2026 




Aunque Claudia Shenbaun y su mentor AMLO jamás lo reconocerán, una secuela de la captura de Nicolás Maduro fue el ejército mexicano dando de baja a Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, máximo líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), poderosa organización criminal dedicada, como cualquier guerrilla, al tráfico de drogas, la extorsión, el secuestro y a reemplazar el poder estatal en ciertas regiones. El incidente provocó respuesta inmediata y coordinada, con protocolos que parecían ensayados: 252 bloqueos en 20 estados, vehículos, comercios, bancos y gasolineras incendiados. En comparación, los paros armados promovidos por diversas facciones insurgentes en Colombia parecen escaramuzas. Las autoridades mexicanas insisten que fue una operación de SEDENA, Secretaría de la Defensa Nacional. "No hay participación (estadounidense)… Lo que hay es mucho intercambio de información” aseguró la presidenta. Pero varios analistas anotan que la presión trumpista fue definitiva en la caída del Mencho, y en el cambio de estrategia hacia confrontar los carteles, un “no more hugs, bullets”. Para despejar dudas, Trump afirmó en su discurso del estado de la Unión que “hemos eliminado a uno de los más siniestros líderes de los carteles”. 


Nacido en 1966 en la región de Tierra Caliente, El Mencho provenía de una familia dedicada al cultivo de aguacate y marihuana. Abandonó temprano la escuela para trabajar el terruño. En los 80 emigró ilegalmente a California dónde se vinculó a las drogas. Detenido varias veces, condenado en 1994, tras su liberación fue deportado a México. Trabajó como agente de policía municipal en Jalisco para ganar experiencia en control territorial, rutas de droga y redes de corrupción. Al dedicarse luego al narcotráfico con el Cartel del Milenio rápidamente ascendió. Tras la captura de varios líderes, en 2009 fundó el CNJG como brazo armado que creció exponencialmente bajo su liderazgo. Su arsenal dejó de limitarse a pistolas o rifles automáticos para incluir “minas Claymore, granadas con cohetes, morteros artesanales y camiones blindados con ametralladoras pesadas”. También adoptaría drones “con sustancias químicas tóxicas y bombas”. Resumiendo, en lugar de una pandilla, armó un ejército paralelo. 


A su poder  también contribuyó un matrimonio de conveniencia con una mujer tres años mayor proveniente de una familia vinculada por décadas al narcotráfico, específicamente al manejo financiero y al lavado de dinero. Apodada La Jefa, se considera posible sucesora. Es un cambio radical desde la joven casi adoptada por un capo, seducida con lujos y luego centrada en la maternidad y el cuidado de la prole. Ahora, “la violencia puede conquistar territorios, pero las finanzas los gobiernan”. En varios carteles la plata ya la manejan mujeres. No es casual que un titular sobre el arresto del gran capo hiciera referencia al “esposo de Rosalinda González Valencia”.


Otro rasgo diferencial del Mencho fue su bajo perfil mediático. Es ilustrativo compararlo con el Chapo Guzmán que siempre soñó protagonizar una película sobre su vida de narco. Contrató a un documentalista colombiano que viajó a Sinaloa para entrevistarlo. La producción se llamaría El Señor de la Montaña. El productor se entusiasmó y pidió 35% de las ganancias. El capo “explotó y tachó al cineasta de avaro… lo tomó como traición, sospechó que era un informante… y ordenó su ejecución inmediata”. El sicario fue arrestado antes de cumplir su misión. Años después, fugitivo perseguido, quiso revivir su proyecto. Kate del Castillo, protagonista de la Reina del Sur, había publicado una carta abierta afirmando que creía “más en El Chapo Guzmán que en los gobiernos”; lo invitaba a que “trafique con amor”. Conmovido, el capo la contactó. El actor Sean Penn, crítico de la guerra contra las drogas, quiso participar en el proyecto. Hicieron una entrevista en la selva mexicana que fue publicada en Rolling Stone.


En mayo de 2015, con la “Operación Jalisco”, las fuerzas federales casi capturan al Mencho. La respuesta fue contundente: derribo de un helicóptero militar con lanzacohetes, 40 narco-bloqueos en pocas horas, secuestro e incendio de autobuses, camiones y automóviles, ataque a 11 bancos y 5 gasolineras. Un grupo ilegal organizado que derriba un helicóptero militar con una violenta reacción masiva coordinada parece más insurrección que simple narcotráfico. Con estimativos de 180 mil miembros activos dispuestos a defender a bala su organización, operaciones en unos 40 países, líderes que buscan alianzas familiares estratégicas o inmortalizar su biografía, con seguidores que, cuando matan al líder, hacen peregrinaje hasta su tumba, negarle a los carteles mexicanos de la droga su naturaleza de actores políticos es tan impreciso como ingenuo. Es un yerro mayor asimilarlos a pequeños delincuentes callejeros. También lo sería considerarlos servidores públicos, aunque aceiten la burocracia. Por lo menos hay que reconocerles su estatus de insurgentes privados, tipo CJNG, bastante mejor organizado que partidos proselitistas incapaces de negociar y dialogar como pregonan.