viernes, 13 de febrero de 2026

Precio del arte, microeconomía, burócratas y patriotismo

 Publicado en El Espectador, febrero 19 de 2026


En abril de 2021, una familia madrileña decidió vender el cuadro de una escena bíblica en la que Poncio Pilato entrega a Jesús. La propiedad venía desde el sXIX. La dueña, que se mudaba a un apartamento donde no cabía la pintura, decidió dársela a un anticuario para subastarla. Creyendo que era una obra menor, fijó el precio de salida en 1.500 euros. La imagen del catálogo llamó la atención de marchantes y dealers de arte. Surgió la sospecha que se trataba de un Caravaggio auténtico, el Ecce Homo, que se consideraba perdido. Los estimativos de precio alcanzaron los 300 millones de euros. El Ministerio de Cultura español declaró la obra de interés y prohibió su salida del país. Un proceso de limpieza y restauración confirmó la duda pero la restricción burocrática redujo el precio drásticamente. Finalmente, la obra fue subastada y la adquirió un coleccionista inglés anónimo que aceptó exhibirla en el Museo del Prado. Se estima que el precio final fue de 30 millones de euros, la décima parte de lo que hubiera alcanzado sin la intervención estatal. El documental The Sleeper, El Caravaggio Perdido resume el caso. 


Esta historia confirma lo que en cualquier curso de microeconomía se repite una y otra vez. El precio de un bien depende, no del costo de producirlo, sino de lo que las personas interesadas estén dispuestas a pagar. Y si es algo muy demandado y único, como ciertas obras de arte, de lo que se les antoje a quienes que, en franca lid, tengan recursos suficientes para adquirirlo. Lo que se discute menos es el enorme poder que detenta un grupo reducido de burócratas que de un plumazo determinan, con arbitrarios y caducos criterios nacionalistas, quién tiene derecho a comprar una obra de arte. Es una burda y autoritaria expropiación camuflada con leyes discriminatorias y fértiles para la corrupción. ¿Por qué no, por ejemplo, darle prioridad al país en el que se produjo la obra? 


Es ilustrativa una anécdota sobre la Gioconda que en 1911 fue robada del Museo del Louvre por un vidriero italiano que quiso devolverla a su “patria legítima” donde creía que debía estar. Pensaba erróneamente que había sido robada por Napoleón y quería ser reconocido y recompensado económicamente. Al tratar de venderla a un anticuario en Florencia, fue capturado y condenado a una pena leve, tal vez por simpatía nacionalista. Este incidente policial sugiere una razón más convincente para la intervención estatal sobre dónde debe estar una obra de arte: en el país donde residía quien la creó.


Tras el deceso del escritor neerlandés Cees Nooteboom, El Espectador publicó un capítulo de El enigma de la luz dónde relata su experiencia en el Frick Museum de Nueva York contemplando La lección de música interrumpida de Vermeer. Hace varias reflexiones. “El sentimiento nacionalista ha quedado desacreditado… se ha tornado ridículo. Conviene reprimirlo, al menos no mencionarlo”. Pronto revela que el asunto no es tan simple. “Las voces neerlandesas que rodean el cuadro hacen que éste se sienta un poco más en casa… Si Vermeer no la hubiera pintado tan bien, jamás se me habría ocurrido esa idea tan absurda que la muchacha del cuadro es al fin capaz de entender lo que se dice en la sala”. Identifica voces neerlandesas que, allí en NY, hacen que el cuadro “se sienta un poco más en casa”. Sin embargo, no se detiene en el patriotismo y se centra en la “intimidad tan especial que emana de los interiores de Vermeer”. Le intriga que la escena sea imposible y requiera “una cámara oculta en esos interiores”. Frente a un autorretrato de Rembrandt, piensa en el desafío de pintarse a sí mismo. 


Le dedica unas líneas al origen del Frick Museum y al magnate del acero que vivió en la mansión que ahora exhibe la colección de arte adquirida a lo largo de su vida e inmortalizó su apellido. En ningún momento Nooteboom se queja porque los cuadros de compatriotas no estén en su país de origen. Al contrario, disfruta poder, en el mismo día, apreciar obras de varios lugares: “me topo con algunos viejos conocidos”. 


No hay que ser soviético o castrista para aceptar que un Estado revise ciertas obras emblemáticas de artistas nacionales antes que salgan del país. Pero es difícil negar que el zarpazo burocrático español al Ecce Homo fue una expropiación arbitraria que perjudicó de manera absurda a la familia propietaria, que hubiese pagado diez veces más en impuestos. Con inversionistas en arte español también fue un hara kiri. El mensaje además es funesto para un mercado global que, con variados arreglos y marchantes, existe hace siglos, antes del capitalismo. Eso sí, la burocracia autárquica quedó satisfecha.

 

REFERENCIAS


The Sleeper, El Caravaggio Perdido. Trailer Oficial. Youtube


Noteboom, Cees (2009). El enigma de la luz. Debolsillo. Capítulo publicado en El Espectador, febrero 12 de 2026


Rubio, Mauricio (2018). “Mona Lisa, el inmigrante y su prometida”. El Espectador, abril 19 de 2018. Blog personal


Winkleman, Edward & Patton Hindle (2018). “A Brief History of Art Dealing”. artsy.net, Dec 27