domingo, 16 de agosto de 2026

Zapatero, la justicia y la crisis del socialismo democrático

 Publicado en El Espectador, agosto 20 de 2026




Un plato fuerte después del verano en España será el eventual juicio a José Luis Rodríguez Zapatero (ZP) tras la imputación por los delitos de tráfico de influencias, organización criminal, blanqueo de capitales, evasión fiscal y contrabando. Es posible pero poco probable que este proceso salpique al presidente Pedro Sánchez. En todo caso, habrá repercusiones en Colombia.


Ya hubo escaramuzas, como las dificultades de Pablo Iglesias con RTVC. En 2024 Hollman Morris anunció la inclusión de un espacio dirigido por este ex político dedicado al “periodismo serio, pero sin ocultar afinidades ideológicas”. Medios españoles anticiparon que el fin del petrismo amenazaba el arreglo que permitió a Iglesias tratar de fascista a ADLE durante la campaña electoral. El impacto de los problemas judiciales de ZP será sobre la imagen de la izquierda democrática en España y Latinoamérica. Su romántico “ser socialista es normalmente tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho” quedó en franca contradicción con el codicioso defensor de Maduro e intermediario de coimas que utilizó su posición, sus contactos y hasta a sus hijas para enriquecerse. 


Menos célebres pero dicientes han sido sus opiniones sobre la justicia penal. Hace apenas unos años, ZP se declaró partidario de la “mínima intervención del derecho penal en los conflictos políticos”. En 2003, ante el riesgo de que en el País Vasco se convocara un referéndum independentista, el gobierno del PP estableció una pena entre 3 y 5 años para el delito de “convocatoria ilegal… por referéndum”. Al llegar ZP al poder esa conducta dejó de ser delito. Se justificó que tales actuaciones “no tienen entidad para merecer el reproche penal, y menos aún si la pena es la prisión”. 


El humanismo ilustrado naufraga cuando se trata de calificar las condenas a los adversarios políticos por delitos de corrupción, con condenas de varios, muchos, años de cárcel. Otra declaración de intenciones que siempre resulta frágil es la de no entorpecer las investigaciones judiciales. Al ser notificado sobre su imputación ZP manifestó en redes sociales su plena “disposición a colaborar con la justicia”. Insistió en su inocencia: “mi actividad pública y privada se ha desarrollado siempre con respeto a la legalidad… quiero reafirmar con toda contundencia que jamás he realizado ninguna gestión ante ninguna administración ni el sector público en relación con el rescate de Plus Ultra” el cargo más grave.  


Por proximidad ideológica, un vínculo nominal entre Colombia y ZP es la Internacional Socialista de la cual fue vicepresidente. Ernesto Samper Pizano es activo promotor a través de su partido Poder Popular. Pero el verdadero contacto político con ZP fue la mediación venezolana del 2016 cuando Samper, entonces secretario de UNASUR, promovió el diálogo entre el régimen de Maduro y la oposición. Según un medio español, fue una invitación envenenada: “Samper ofreció (a ZP) participar en la Comisión de la Verdad… con la que Maduro pretendía contrarrestar el efecto de la Ley de Amnistía”. Se trataba de imponer la verdad chavista, “16 integrantes revolucionarios y cuatro puestos para opositores, rechazados incluso antes de empezar”, remata el mismo periódico. Encima, en esa ocasión “Samper ha hecho suyas las acusaciones de Maduro contra EEUU… (pues) fuerzas internacionales estarían tratando de inmiscuirse en asuntos internos del país cuando las soluciones tienen que venir de los venezolanos”. Posición paradójica cuando el mismo Samper buscaba involucrar al líder español en la política interna venezolana. Un año antes, según el Americas Quaterly, Samper viajó a Caracas y tuvo una reunión privada con Maduro quien acusó “a la administración Obama de orquestar un golpe sangriento contra el gobierno venezolano”.


Fue por esa época que ZP se volvió activo mediador en Venezuela. En 2017 la BBC mencionaba que “lleva varios años promoviendo el entendimiento entre ambas partes”. Lo que la justicia española descubrió recientemente es que esas labores le generaron no sólo jugosos honorarios sino descomunales comisiones sobre los negociados del sanchismo con empresarios chavistas. 


Lo que realmente sorprende es que este carismático líder, faro moral del socialismo español y latinoamericano, el mismo que prometió colaborar con la justicia, se haya transformado en un aprendiz de tinterillo empeñado en buscar atajos procedimentales para inutilizar la evidencia en su contra y evite sistemáticamente a los medios para aclarar su situación. 


Ahora que el enfrentamiento con la derecha se centrará en la narrativa, es válido preguntarse qué hará la aporreada izquierda colombiana, tan segura de que conservaría el poder, cuando su mentor internacional acabe encarcelado, lo mismo que su más generoso financiador quien, además, recibió la desinteresada ayuda del colombiano más involucrado en la Internacional Socialista. Pero el verdadero rompecabezas es tratar de entender cómo estos factores llevaron a la ausencia de Samper en la posesión presidencial.