sábado, 9 de mayo de 2026

Élites cambiantes, oligarquías camufladas, vocación destructiva

 Publicado en El Espectador, mayo 14 de 2026 


“¿Quién manda en Colombia? Élite, poder y nación” es el inmodesto título del libro que Jenny Pearce y Juan David Velasco presentaron en la FILBO. Las reacciones fueron ingenuas, ilusorias. En una época bastante opaca sobre los vericuetos del poder, un medio anuncia que “destapa quién ha mandado en Colombia”. Más insólita, una columna sugiere no comprarlo: “una rigurosa investigación académica confirma lo que los colombianos hemos sabido toda vida”. 


MJ Duzán entrevistó a Pearce & Velasco. Surgieron lugares comunes, como que Colombia es una paradoja, con elecciones, estabilidad macro, burocracia funcional, separación de poderes… pero inequidad y violencia recurrentes; no hay una sino muchas violencias que toca prevenir, no combatir; se debe dialogar sin odio entre adversarios políticos. 


Pregunta clave del libro sería ¿por qué fracasan las reformas? Por las élites, por supuesto: hacen pactos o alianzas poco transparentes. Son muchas las “constelaciones” de élites que cambian, compiten y discrepan pero una, la más poderosa, sería la “élite oligárquica” que controla la política, la judicial, la tecnocrática, la mediática y varias otras. El inusual giro para denominar a quienes mandan es casi un pleonasmo, con un matiz. La palabra “élite” enfatiza la condición de distinguida, digna de ser imitada: la RAE la define como “minoría selecta”. Una “oligarquía” es otra cosa: la “forma de gobierno en la cual el poder político lo ejerce un grupo minoritario”. Las disidencias de Iván Mordisco serían una “oligarquía regional”, jamás una élite. Con este giro, este tratado sobre el poder en Colombia evita referirse a quienes actúan como amos y señores de algunos territorios, con ejército propio, tributos, control social y suministro de bienes públicos. 


Coincidió con esta entrevista un artículo sobre Manuel Cepeda, padre del actual candidato a la presidencia que puntea en las encuestas. Asesinado por paramilitares con el apoyo de funcionarios del Estado, su hijo asevera que creía “firmemente en la democracia y en la acción política no violenta”. Esto a pesar de haber promovido siempre “la combinación de las formas de lucha”. Director de la Juventud Comunista (JUCO), alentó el trabajo clandestino violento con Jaime Bateman como cuadro sobresaliente. Cuando el fundador del M-19 “se distinguió como el más brutal de los atacantes del Instituto Colombo-Americano, en Bogotá, en la asonada contra esa institución en 1961, Manuel Cepeda organizó en honor suyo un acto formal de reconocimiento y felicitación”. Lo animaba “un impulso místico… un éxtasis como quien va a unos esponsales.. vivió en un pedestal épico”, han señalado sus camaradas. Fue delegado del PCC a la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) creada por Fidel Castro para coordinar la lucha revolucionaria. Su entusiasmo con la guerrilla lo llevó a afirmar que “las armas eran la expresión más avanzada de la lucha por el cambio social”. En Checoslovaquia, trabajó en la Revista Internacional editada allí por los soviéticos; defendía “de manera intransigente la ortodoxia leninista”. Los pueblos debían plegarse al designio que ”el comunismo era la única vía para mejorar la vida humana”. Tras la invasión a dicho país, para Cepeda y sus copartidarios, “la invasión soviética de una nación que ellos mismos llamaban libre, era una decisión loable para salvaguardar la paz mundial (pero) la tentativa del Estado colombiano de ejercer control en Marquetalia y demás zonas hegemonizadas por el PCC con sus destacamentos armados, era un acto repudiable… pura y simple barbarie”. El doble rasero de silenciar excesos propios para condenar siempre al Estado abarcó luego el secuestro.


Iván Cepeda tenía 31 años cuando asesinaron a su padre. En ninguna parte se menciona que no fue criado por él y todo indica que salvo cortos períodos en el exterior, vivieron juntos. Jenny Pearce destaca la importancia de la transmisión de los valores, y la violencia, entre generaciones. Así, alguna semejanza debe existir entre don Manuel y el candidato. Sin especular, basta constatar en un video de 2021 su vocación, más que contestataria, destructiva. “Con todo a la calle… pero sin gastar todas las energías… preservándonos para una lucha larga. Que a los universitarios se unan campesinos, consultas populares, gente sin servicios públicos, pensionados, contra la reforma tributaria… Que se arme en este país un paro cívico nacional”. ¿Qué puede esperar una sociedad agobiada por la violencia y la desigualdad de quien evita discutir propuestas políticas o programas específicos, no tiene reparo en manipular los hechos y, encima, “muerde la mano que le da de comer”? En ese momento, quien pretende ser candidato del pueblo llevaba más de una década con sueldo público millonario. Además, tiene vínculos con rancias élites del país. Su tío materno fue gobernador, senador y Ministro de agricultura mientras que a su padre lo introdujo al marxismo un tío abuelo de Paloma Valencia. 


REFERENCIAS


Durán, Blanca Inés (2026) “¿Quién manda en Colombia?”. El Espectador, abril 30


Duzan, María Jimena (2026). “¿Quién manda en Colombia?”. A Fondo, abril 22


EC (2025) “Podría empeorar la crisis humanitaria en Guaviare: disidentes de Iván Mordisco amenazaron con toque de queda”. elcolombiano.com, junio 5


González, Manuel (2014) “Conozca otra versión sobre el exilio de los Cepeda”. Las2Orillas, ago 25


Londoño, Julio César (2026). “No todos los Valencia son malos”. El Espectador, mayo 9 


Montero Rodríguez, Héctor J (2023). “Disidencias de ‘Iván Mordisco’ estarían inaugurando obras públicas en Nariño”. elpais.com.co, nov6


Vanegas, Isidro (2026). “Manuel Cepeda o el Sufrimiento como Arma”. aunhistoria.com, presente pasado


Vanguardia (2026). “El libro que destapa quién ha mandado en Colombia estará en la Filbo 2026”. vanguardia.com, abril 21